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finales de la década de los 80 y comienzos de los años
90, el crecimiento exponencial de la Internet creó una serie
de expectativas acerca de la democratización del acceso a
la información, de manera que los países con menores
posibilidades económicas tendrían una puerta abierta
hacia la información y, por lo tanto, al desarrollo de conocimiento;
se hablaba, por ese entonces, de la “sociedad de la información”.
Sin embargo, esto no ocurrió puesto que se desarrollaron
grandes empresas que se dedicaron a comprar la información
a las editoriales tradicionales para organizarlas en bases de datos
especializadas cuyo fin era el lucro comercial. Si bien estas bases
de datos proporcionaron una nueva posibilidad de buscar, filtrar
y organizar la información de tal forma que cualquiera de
nosotros pudiera realizar la labor que antes realizaba el bibliotecólogo,
no todas las personas han desarrollado estas habilidades y, por
otra parte, sus altos costos hacen que no todos puedan acceder a
ellas. Se creó de así una “brecha informática”
bimodal que dio inicio a un círculo vicioso: nuestras sociedades
no pueden acceder a sus altos costos y las personas no pueden desarrollar
habilidades en la búsqueda, filtración y utilización
adecuada de la información, porque los altos costos les impiden
acceder a las herramientas necesarias.
En
el área de ciencias para la salud surgió otro fenómeno
interesante: puesto que la Internet es la editorial más grande
de la humanidad pues cualquier persona puede colocar en ella cualquier
tipo de información sin ninguna restricción, la información
en salud proliferó de tal manera que se hizo muy difícil
diferenciar los niveles de calidad. Este hecho dio mayor valor a
las bases comerciales puesto que la información contenida
en ellas es objeto de un proceso estricto de selección y
de revisión por pares. Ya no basta entonces saber buscar
la información, sino que además se deben desarrollar
habilidades para realizar la selección, el filtrado y la
interpretación. Ya no bastaba entonces la “sociedad
de la información”; era necesaria una “sociedad
del conocimiento” que además exigía competencias
para la interpretación crítica de la literatura.
| Sociedad
de la información. |
| Expectativas. |
Realidad. |
| Bajos
costos |
Altos
costos |
|
Libre acceso |
Monopolio
de la información |
| Democracia
|
Brecha
informática |
| Información
clasificada con parámetros de calidad |
Exceso
de información.
Información no clasificada con parámetros de calidad |
| Calidad.
|
El
autor como editor.
Libre publicación de la información, sin filtro. |
| Sociedad
del conocimiento |
| Monopolio
|
Iniciativas
de acceso libre |
| Altos
costos y brecha informática |
Iniciativas
de acceso a bajos costos (HINARI) |
| Exceso
de información |
Consultar
las fuentes apropiadas (PubMed-Medline), bases regionales.
Búsqueda apropiada de la información. |
| Calidad.
|
Revisión
por pares.
Herramientas de la Medicina Basada en la Evidencia. |
| Evaluación
de la información |
Capacitación
en Medicina Basada en la Evidencia |
Hacia
finales de la década de los noventa unas pocas editoriales
médicas empezaron a ser concientes de la “brecha informática”
y tomaron la iniciativa de proporcionar su información en
forma gratuita a los países de menores ingresos y esta práctica
se ha extendido en forma lenta y gradual. Publicaciones tan importantes
como el New England Journal of Medicine, o editoriales
como el British Medical Journal Publisher Group, identifican
nuestra dirección IP y permiten el uso gratuito de todos
sus artículos y revistas por el mero hecho de acceder desde
un computador situado en un país en vías de desarrollo.
En 1990, la O.M.S., lanzó la iniciativa HINARI que soluciona
en gran medida la “brecha informática” y permite
el acceso gratuito o a muy bajo costo a la información en
ciencias para la salud.
Ha
sido nuestra costumbre acudir a los buscadores universales para
la Web (Google, Yahoo, AltaVista, Webcrawler, OpenFind, AlltheWeb,
etc.). El carácter abierto de la red genera que la gran cantidad
de información que se obtiene como resultado de la búsqueda
la haga inmanejable, y si observamos un poco más a fondo,
nos encontraremos con que un porcentaje importante de la información
va dirigida al público en general. Por tanto, en los buscadores
generales la búsqueda de información en salud debe
estar dirigida a buscar páginas específicas cuyo contenido
conocemos o nos ha sido recomendado, y no hacia la consulta por
palabras clave.
La búsqueda más sencilla con la palabra appendicitis
nos genera más de tres millones de resultados, y si revisamos
las dos primeras páginas, observamos que sólo uno
de los sitios visitados incluye información de carácter
científico dirigida a estudiantes de pregrado. Si analizamos
la situación con mayor detenimiento, entenderemos que obtener
cero o medio millón de resultados con fines prácticos
es lo mismo puesto que no disponemos de tiempo para analizar, filtrar,
valorar y asimilar semejante cantidad de información.
En este caso, el sitio de la American Family Physician
aloja una excelente revisión sobre el tema. Pero no encontramos
ningún artículo de investigación sobre el tema
en los primeros 100 resultados consultados. Para este fin, Google
implementó recientemente un buscador especializado denominado
Scholar Google (www.scholargoogle.com)
por medio del cual podemos encontrar sólo referencias relacionadas
con artículos de tipo académico en todas las áreas
del conocimiento. Esta herramienta está en proceso de perfeccionamiento,
pero promete ser de gran utilidad. En la opción de búsquedas
avanzadas podemos limitar los términos de la búsqueda.
Una
primera conclusión nos dice que los buscadores generales
no son una buena estrategia para la búsqueda de literatura
científica en salud; sin embargo, no los debemos desechar
de plano puesto que a través de ellos podemos acceder a los
portales (páginas de universidades, asociaciones científicas,
hospitales) de las diferentes áreas del conocimiento en salud,
y sin ellos la navegación por la Web sería imposible.
Entonces,
los profesionales de las áreas de la salud debemos recurrir
a otro tipo de motores de búsqueda que estén enfocados
hacia la literatura científica. Para ello, en forma obligada
debemos recurrir a la base de datos MEDLINE de PubMed. En este manual
aprenderemos a utilizarla en profundidad, conoceremos sus múltiples
facetas y desarrollaremos competencias para diferentes estrategias
de búsqueda. No obstante, en ella no se encuentra toda la
literatura médica. De hecho, se ha demostrado que existe
un sesgo entre los editores de la base de datos hacia la inclusión
de estudios provenientes de los países desarrollados y aquellos
que se publican en los idiomas tradicionales de la ciencia. Surge
entonces el concepto de “ciencia gris” o de “ciencia
oculta”, definido como todas aquellas producciones científicas
realizadas en países del tercer mundo y publicadas en idiomas
diferentes. Para salvar esta problemática han surgido las
bases de datos regionales (sudeste asiático, África,
países del este de la cuenca mediterránea, Latinoamérica
y el Caribe); revisaremos en profundidad la base del BIREME que
incluye los proyectos LILACS y SciELO. También se encontrará
una colección de enlaces a revistas gratuitas en todas las
áreas.
Este
libro está diseñado para que las personas con menor
experiencia en el manejo de bases de datos, puedan ir paso a paso;
los más avezados podrán obviar algunas de las instrucciones.
Lecturas
recomendadas.
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