| Iris
Castillo de Castaño, M.D.
Nefróloga Pediatra
Universidad del Valle
Hospital Universitario del Valle
Hospital Infantil Club Noel
Cali
Objetivos
Definición y clasificación de la infección
urinaria.
La
infección del tracto urinario (I.T.U.) se define
como el aislamiento de gérmenes en la orina en presencia
de síntomas sistémicos o urinarios; el aislamiento
de bacterias en la orina sin síntomas asociados se denomina
bacteriuria asintomática.
Se denomina cistitis a la I.T.U. localizada en el tracto
urinario inferior y pielonefritis aguda (P.N.A) a la invasión
del parénquima renal por bacterias.
En la P.N.A., el paciente cursa con fiebre y puede o no estar presente
una malformación anatómica del tracto urinario. Las
I.T.U. no complicadas se localizan en el tracto urinario bajo y
generalmente los síntomas urinarios no se acompañan
de aumento de temperatura o esta es menor de 39 grados centígrados.
Las implicaciones mas importantes asociadas al diagnóstico
de ITU son: 1) es la primera causa de consulta en los servicios
de nefrología pediátrica con una morbilidad importante
asociada, 2) puede indicar la presencia de una anormalidad anatómica
o funcional del tracto urinario como son el reflujo vesicoureteral
(RVU), la uropatía obstructiva y la inestabilidad vesical
3) la hipertensión arterial, la proteinuria o el daño
renal permanente son consecuencias a largo plazo de infecciones
diagnosticadas y manejadas tardía e inadecuadamente.
Epidemiología.
La
ITU ocurre en el 5% de las niñas y entre 1-2 % de los niños
. En los tres primeros meses de vida existe un predominio de la
ITU en el sexo masculino con respecto al femenino con una relacion
de 4:1, relación que se invierte en el transcurso del primer
año de vida llegando a ser después de esta edad mucho
mas frecuente en niñas. La colonización del prepucio
del recién nacido por bacterias puede explicar en parte la
mayor frecuencia de ITU en el sexo masculino.
Etiología.
La
Escherichia Coli es la bacteria que causa entre el 80 al 90 % de
las ITU, el resto son producidas por Klebsiella, Proteus y enterobacterias.
Los gérmenes gran positivos como el estafilococo aureos rara
vez son causa de ITU. En pacientes hospitalizados, inmunosuprimidos
y con catéteres urinarios, la Candida Albicans juega un papel
importante como gérmen causal de ITU .
Patogenia.
La
virulencia del germen, la susceptibilidad del huésped y el
tiempo de inicio del tratamiento, son factores importantes en la
patogénesis de la ITU y aparición de daño renal
posterior. Cuadro 1
Cuadro
1. Patogenia de la ITU . Factores del huésped y de la bacteria
participan en la instauración de la infección en el
tracto urinario. La prontitud y efectividad del diagnóstico
y del tratamiento llevarán a la curación total o al
establecimiento de una cicatriz renal permanente.
En el recién nacido tanto la vía hematógena
como la ascendente juegan un papel importante en la invasión
bacteriana del parénquima renal; después de esta edad
la vía ascendente es la principal ruta en el desarrollo de
ITU. La mayoría de las bacterias uropatógenas que
llegan por vía ascendente el tracto urinario provienen de
la flora fecal; hay colonización del tejido periuretral y
de la uretra e invasión y multiplicación del gérmen
en la vejiga. Los factores que inhiben el crecimiento bacteriano
incluyen la úrea, producción de Ig A secretora, pH
ácido, osmolaridades bajas y un buen flujo urinario; por
el contrario, la presencia de fimbrias P en ciertas cepas del E.
Coli, los receptores uroepiteliales, un mal vaciamiento vesical,
presencia de RVU y la obstrucción, favorecen el crecimiento
bacteriano y su ascenso a través del uréter hasta
el parénquima renal. En respuesta a la invasión bacteriana
en el tejido renal se desencadena toda una respuesta inflamatoria
con liberación de citoquinas y otras subtancias proinflamatorias
que favorecen la muerte de la bacteria pero a su vez predisponen
a daño renal; de allí la importancia de un diagnóstico
prematuro e inicio del tratamiento antibacteriano tempranamente
para disminuir o anular la respuesta inflamatoria y evitar el desarrollo
de cicatrices renales permanentes.
Diagnóstico, enfoque, manejo y seguimiento.
Cuando
estamos frente a un paciente pediátrico con ITU es importante
tener un esquema mental del enfoque de dicho paciente (cuadro 2),
para evitar sobrediagnósticos que impliquen tratamientos,
hospitalizaciones y realización de estudios radiológicos
invasivos o subdiagnósticos con aparición de deterioro
renal en un futuro.
1ª
Fase: Diagnostico clínico y de laboratorio |
-
¿ Como sospecha clinicamente la presencia de ITU ?
- Enfoque inicial del paciente para confirmar o descartar ITU
- Diferenciar entre cistitis o PNA |
2ª
Fase: Manejo proceso agudo |
-
¿ Manejo intra o extrahospitalario ?
- ¿ Esquema antibiótico ?
- Urocultivo de control
- Profilaxis inicial |
3ª
Fase: Identificar factores predisponentes |
-
Dentro de las vías urinarias (anatómicos, funcionales)
- Fuera de las vías urinarias |
4ª
Fase: Seguimiento |
-
Definir la profilaxis continua
- Definir el manejo de la disfunción vesical presente
- Manejo médico o quirúrgico de la malformación
anatómica
- Complicaciones a largo plazo |
|
Cuadro
2. Fases para orientar el diagnóstico, manejo y seguimiento
de la infección urinaria
1ª
Fase: Diagnóstico clínico y de laboratorio.
En
el recién nacido síntomas inespecíficos
como irritabilidad, convulsiones, letargia, pobre alimentación,
no ganancia de peso, vómito, sepsis, ictericia prolongada
y fiebre, deben alertar al médico sobre la presencia de ITU.
En lactantes la presencia de fiebre y en preescolares y
escolares los síntomas urinarios como orina fétida,
polaquiuria, disuria e incontinencia urinaria deben hacer sospechar
la enfermedad. La presencia de síntomas urinarios irritativos
en ausencia de bacterias en orina, sugiere otras patologías
como inestabilidad vesical, hipercalciuria, vaginitis, uretritis,
oxiuriasis o uso local de productos irritativos.
Es mandatoria la toma de la presión arterial, practicar un
examen genitourinario y neurológico completo, examinar la
espalda en busca de disrafismos medulares ya sea aparentes u ocultos;
en el abdomen se debe buscar la presencia de masas de origen renal,
globo vesical o impactación fecal y observar las características
del chorro urinario .
En niños febriles mayores de dos meses, sin presencia de
síntomas sistémicos y examen físico normal
en quienes no se va a iniciar antibiótico, inicialmente se
puede practicar un examen general de orina (EGO) y practicar urocultivos
en quienes se encuentre piuria (más de 10 leucocitos por
campo) o nitritos y estearasa de leucocitos positiva. Son múltiples
las causas de leucocitosis en orina: fiebre, vulvovaginitis, cistitis
virales o alérgicas, glomerulopatías y de alli la
importancia de confirmar la ITU por medio del urocultivo.
El urocultivo apropiadamente tomado es obligatorio para establecer
el diagnostico de ITU y debe ser tomado inmediatamente se sospeche
la infección urinaria en el servicio de urgencias o consulta
externa por el médico o una enfermera entrenada,. Se ordena
de la mitad de la micción en quienes ya controlan esfínteres
y en los niños menores, por punción suprapubica (P.S.P.)
o sondaje vesical limpio.
Antes de practicar la P.S.P. (figura 1), es importante asegurarse
de que haya orina en la vejiga; se requiere por lo menos una hora
de retención urinaria y presencia de matidez en la región
suprapúbica. A pesar de que es un procedimiento invasivo
es el mejor método para evitar contaminación de la
orina .
Figura
1 Punción suprapúbica para la toma del urocultivo.
El
urocultivo se considera positivo si se aisla cualquier número
de colonias por PSP; más de 50.000 colonias/mL de orina por
sondaje vesical o más de 100.000 cololonias/mL si es por
micción espontánea. Los urocultivos tomados por bolsas
recolectoras, deben ser erradicados definitivamente por su fácil
contaminación (mas del 62% resultan falsos positivos), lo
cual conlleva a la ejecución de tratamientos y estudios radiológicos
innecesarios, costosos e invasivos. Los urocultivos tomados por
micción espontánea en lo posible deben tomarse en
el sitio donde se va a procesar la muestra para evitar contaminaciones
en el trayecto desde la casa al laboratorio.
En pacientes menores de dos meses no se debe perder el tiempo tomando
EGO para orientar la toma o no del urocultivo; inmediatamente se
sospeche la infección se toma el urocultivo por PSP o sondaje
vesical. Ante la sospecha de sepsis, tomar un hemocultivo antes
del inicio del antibiótico.
Se ha intentado por medio de varios exámenes de laboratorio
(recuento de leucocitos, velocidad de eritrosedimentacion y proteína
C-reactiva) diferenciar entre PNA o infección de vías
urinarias bajas encontrándose una frecuencia alta de falsos
positivos y negativos; en estudios mas recientes se menciona la
procalcitonina positiva en PNA. Actualmente la gamagrafía
renal con 99mTc-DMSA es considerada el mejor método para
comprobar la presencia de PNA. Se ha reportado su presencia hasta
en el 66% de los pacientes febriles. Este estudio debe ser practicado
a todo paciente con ITU febril menor de un año de edad, independiente
de la presencia o no de RVU. Se ordena seis meses después
del diagnóstico inicial de la infección para definir
si en proceso pielonefrítico mejoró o dejó
una cicatriz permanente.
Figura
2 Gamagarafia renal Tc-DMSA Defecto de captación por proceso
de PNA
2ª Fase: Manejo del proceso agudo.
Los
pacientes menores de 2 meses de edad y los niños de cualquier
edad que luzcan sépticos, deshidratados y no tengan tolerancia
a la vía oral, deben ser manejados hospitalariamente. Los
niños mayores de dos meses a quienes se les asegure un tratamiento
completo y apropiado en casa, se pueden manejar en forma ambulatoria,
siempre y cuando el estado clínico así lo permita.
En el paciente hospitalizado, además del manejo antibacteriano
es importante la corrección de los desequilibrios hidroelectrolíticos
y ácido básicos. Para la selección del antibiótico,
se deben conocer los gérmenes más frecuentes, el grado
de susceptibildad a los antibióticos en la comunidad, la
farmacocinética de los medicamentos, la presentación,
el sabor, los costos, la duración del tratamiento, y la seguridad
social (tabla 1).
Tabla
1 Antibióticos empleados en infeccion del tracto urinario |
Antibiótico/Vía |
Dosis
terapeútica
mg/kg/día
(# de dosis/día)
|
Dosis
profiláctica
mg/kg/día
(1 dosis al día) |
| Amikacina
parenteral |
15-20
(1 dosis) |
- |
| Gentamicina
parenteral |
5-7
(1 dosis) |
- |
| Cefalexina
oral |
50
(3 dosis) |
20 |
| Cefadroxilo
oral |
30-50
(2 dosis) |
20 |
| Cefaclor
oral |
20-40
(3 dosis) |
20 |
| Cefixime
oral |
8
(1-2 dosis) |
2 |
| Cefuroxima
oral |
30-100
(2 dosis) |
10 |
| Cefprozil
oral |
30
(2 dosis) |
12 |
| Ceftaxidima
parenteral |
100-150
(3-4 dosis) |
- |
| Cefotaxima
parenteral |
150
(3-4 dosis) |
- |
| Ceftriaxone
parent |
50-80
(1 dosis) |
- |
| Trimetropin-sulfa |
oral
6-8 (2 dosis) |
2 |
| Ácido
nalidíxico oral |
50
(3-4 dosis) |
20 |
| Nitrofurantoína
|
oral
5-7 (3-4 dosis) |
2 |
| Ciprofloxacina
|
oral
30 (2 dosis) |
10 |
| Norfloxacina
oral |
15
(2 dosis) |
8-10 |
| Amoxacilina+ácido
clavulánico |
oral
80-100 (3 dosis) |
- |
En recién nacidos debido a la asociación de sepsis
con ITU, el tratamiento debe ser parenteral con un aminoglucósido
y una penicilina; en niños mayores de dos meses se emplea
un solo tipo de antibiótico ya sea parenteral (amikacina
o cefotaxime o ceftriaxona), o por vía oral (cefalexina,
cefadroxilo, ceclor etc). Los antisépticos urinarios como
el ácido nalidíxico y la macrodantina se reservan
para el manejo de cistitis aguda y profilaxis antibacteriana a largo
plazo.
El tiempo de duración del tratamiento es de 8-10 días
y se continúan antibióticos profilácticoa hasta
que se haya descartado la presencia de cualquier malformación
anatómica. Si el paciente persiste febril después
de 3 ó 4 días de tratamiento, se toma un urocultivo
de control antes de efectuar cualquier cambio de antibiótico.
3ª
Fase: Identificar los factores predisponentes.
La
presencia de una ITU bien documentada es un campanazo que alerta
al clínico sobre la presencia de una alteración del
tracto urinario (anatómica o funcional) o de otro sistema.
Existe controversia acerca de cuáles estudios radiológicos
son obligatorios después de la primera ITU diagnosticada
correctamente. La Academia Americana de Pediatria por lo menos define
al ultrasonido renal y de vías urinarias y a la cistouretrografia
cíclica miccional (CUGCM) como los dos estudios obligatorios
iniciales. El ultrasonido renal y de vías urinarias es un
examen fácil, rápido y muy sensible para detectar
las malformaciones mas frecuentes como dilataciones de la pelvis,
los cálices y los uréteres. Para considerar completo
este estudio debe incluir el tamaño renal, describir el grado
de ecogenicidad del parénquima, la relacion córtico-medular,
describir las características anatómicas de la vejiga
e informar sobre la presencia o no de residuo vesical.
La cistografia cíclica miccional es un estudio invasivo que
implica el paso de sonda vesical; se realiza para descartar la presencia
de RVU u otras malformaciones en la vejiga y en la uretra. El RVU
puede estar presente hasta en el 50% de los niños con ITU.
La cistografia se practica en forma ambulatoria estando el paciente
libre de ITU y preferiblemente recibiendo antibióticos profilácticos.
En niñas que presenten su primera ITU después de los
cinco años de edad y en quienes por los síntomas clínicos
se sospecha la presencia de cistitis y no de PNA, se ordena inicialmente
la ultrasonografia renal y vías urinarias. Es poco frecuente
la aparición de RVU después de esta edad, quedando
la CUGCM opcional para los pacientes con cuadro de PNA o hallazgos
anormales en el ultrasonido.
Entre los factores funcionales vesicales más frecuentemente
asociados a ITU está la vejiga inestable; el diagnóstico
inicial de esta patología es puramente clinico (presencia
de polaquiria, incontinencia de urgencia, posturas clásicas
para no permitir la salida de orina). La urodinamia se reserva para
los pacientes que no respondan al manejo médico inicial con
anticolinérgicos. La inestabilidad vesical puede estar asociada
a hipercalciuria y se recomienda practicar la relación de
calcio y creatina en una muestra aislada de orina para descartar
esta patología (normal < 0.2). La presencia de micciones
espaciadas e incompletas pueden ser causa de ITU.
El principal factor por fuera de las vías urinarias que predispone
a la aparición de ITU es el estreñimiento.
4ª Fase: Seguimiento.
A los pacientes con estudios radiológicos normales y reinfecciones
frecuentes se les deja en profilaxis antibacteriana durante tres
a seis meses, se corrigen el estreñimiento y los malos hábitos
miccionales y se adiciona al tratamiento el uso de anticolinérgicos
si se sospecha presencia de inestabilidad vesical. Se debe tener
siempre presente que el cateterismo intermitente es la
piedra angular en el manejo de pacientes con vejiga neurogénica
para evitar ITU sintomáticas.
Las malformaciones como las valvas uretrales posteriores, el ureterocele
y las hidronefrosis con patrón obstructivo se corregirán
quirúrgicamente.
Cuando el hallazgo es un RVU primario, la decisión de practicar
o no un reimplante uretral se tomara después de discutir
cada caso en un grupo interdisciplinario conformado por clínicos,
cirujanos y radiólogos; se tendrán en cuenta parámetros
como la edad del paciente, el grado de RVU, el compromiso uni o
bilateral, la presencia o no de cicatrices renales y el funcionamiento
renal.
Entre el 10-15% de los pacientes desarrollan cicatrices renales
permanentes; los niños menores de un año tienen mayor
riesgo. En los pacientes mayores de cinco años es rara la
aparición de cicatrices renales. Las cicatrices pueden tomarse
entre uno o dos años para formarse completamente y si son
bilaterales van a comprometer la filtración glomerular con
mayor riesgo de deterioro progresivo. La presencia de hipertensión
arterial se encuentra entre el 15 al 30% de pacientes con cicatrices
bilaterales después de 10 a 27 años de seguimiento.
Entre el 10 al 20% de niños que entran a programas de diálisis
y transplante renal tienen diagnóstico primario de ITU asociado
a hidronefrosis o RVU.
Los objetivos del manejo de la ITU en edad pediátrica son
mantener al paciente libre de síntomas, detectar y manejar
adecuadamente las malformaciones anatómicas asociadas para
conservar a través del tiempo una función renal normal.
Lecturas recomendadas

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