Las
lesiones penetrantes del corazón al igual que las heridas
penetrantes de grandes vasos del tórax deben ser sospechadas
en todo paciente con una herida en la región precordial,
la cual está delimitada por un rombo comprendido entre
el espacio supraesternal, las dos tetillas y el epigastrio.
Las
heridas cardiacas ocasionan un taponamiento cardiaco cuando la
sangre se acumula en la cavidad pericárdica; puesto que
el pericardio no es elástico, el aumento de la presión
ocasionado por la sangre alcanza rápidamente la presión
de las cámaras cardiacas. Las presiones de las cámaras
cardiacas derechas se equilibran y se imposibilita finalmente
el llenado del corazón.
La
tríada de Beck consiste en el aumento de la presión
venosa central, la disminución de la presión diferencial
del pulso y el velamiento de los ruidos cardiacos. Los dos primeros
componentes se manifiestan desde el punto de vista clínico
por ingurgitación yugular y la presencia de un pulso taquicárdico
y débil. La pericardiocentesis es diagnóstica y
sirve como medida de manejo temporal mientras el paciente es llevado
al quirófano. Una pericardiocentesis negativa no descarta
la herida cardiaca ni el taponamiento pericárdico. Si la
sospecha de taponamiento es alta el paciente debe ser llevado
a una toracotomía de urgencia. En casos dudosos la ecografía
de urgencia, la ecocardiografía trasesofágica o
la ventana pericárdica pueden resolver el dilema diagnóstico.
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Herida
cardiaca por un trozo de vidrio. Cuerpo extraño radiopaco
(vidrio). Ensanchamiento de la silueta cardiaca. |
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Perdigón
en el músculo cardiaco. |
Proyectil
intrapericárdico. |
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Ejemplos
de rafia cardiaca. |
