Las
lesiones de grandes vasos y del corazón son muy raras en
niños. Más del 80% de los niños que presentan
ruptura contenida de la aorta tienen lesiones importantes en el
pulmón, corazón, huesos largos, vísceras
abdominales y sistema nervioso central, pero sólo en la
mitad de los casos existe evidencia externa de trauma torácico.
El diagnóstico de las lesiones de la aorta en los niños
puede ser muy difícil. La mayoría de las lesiones
ocurren a nivel del istmo aórtico, donde el arco aórtico,
relativamente móvil se convierte en la aorta torácica,
la cual está fija a los tejidos adyacentes. Los signos
sugestivos en la radiografía del tórax son el ensanchamiento
mediastinal, pérdida del botón aórtico, desviación
de la sonda esofágica y de la tráquea hacia la derecha
o del bronquio hacia abajo, fracturas de la primera o segunda
costillas. No debemos olvidar que la sombra tímica en los
niños puede simular un ensanchamiento mediastinal. La radiografía
simple de tórax puede tener un índice de falsos
positivos tan alto como del 80%; por lo tanto, una placa normal
tiene un valor predictivo negativo del 98%, pero una radiografía
anormal no confirma el diagnóstico. El estudio estándar
para el diagnóstico de la ruptura contenida de la aorta
es la aortografía del arco; sin embargo, la tomografía
contrastada es más fácil de realizar; la ecocardiografía
transesofágica puede ser también de utilidad. En
niños el divertículo del ductus arterioso no debe
confundirse con una irregularidad en la pared aórtica.
Si el diagnóstico se realiza a tiempo (en las primeras
24 horas) y se realiza la correción quirúrgica,
la sobrevida puede ser de hasta un 90%, aunque no existen datos
específicos en niños. La paraplejia puede ser una
complicación que aparece hasta en el 17% de los pacientes
con lesión de la aorta torácica.
La
lesión contusa cardiaca es rara en niños. El Registro
Nacional de Trauma Pediátrico de los Estados Unidos reporta
una prevalencia de 4.6% y más del 60% de los casos ocurrieron
en niños mayores de 10 años. Las manifestaciones
de la lesión son arritmias, hipotensión no explicada
por otras causas y elevación de las enzimas cardiacas específicas.
La muerte puede ocurrir por fallo de bomba cardiaca o por complicaciones
anatómicas como la insuficiencia valvular o los defectos
septales. El manejo está basado en medidas de sostén;
el paciente debe ser sometido a monitoreo cardiaco continuo y
a mediciones frecuentes de la tensión arterial. El deterioro
hemodinámico persistente es indicación para realizar
una ecocardiografía en busca de lesiones estructurales.
Los inotrópicos pueden ser necesarios pero pueden aumentar
el consumo de oxígeno cardiaco y la irritabilidad miocárdica.
La conmoción cardíaca (commotio cordis) es una entidad
única con respecto al trauma torácico en niños
y se caracteriza por muerte súbita como consecuencia de
un trauma torácico discreto y ocurre en ausencia de anomalías
cardíacas preexistentes.
Las
lesiones del esófago ocurren en la gran mayoría
de los casos como consecuencia de trauma torácico penetrante
o como consecuencia de procedimientos diagnósticos o terapeúticos.
Puesto que el esófago es distensible, flexible y puede
liberar la presión intraluminal hacia la boca y el estómago,
las lesiones por trauma cerrado son extremadamente raras (menos
del 1%). Las lesiones del esófago exigen un alto índice
de sospecha. La presencia de aire mediastinal, derrame pleural,
fiebre, dolor torácico o sepsis son las principales manifestaciones
clínicas. La esofagoscopia y el estudio contrastado con
medio hidrosoluble son diagnósticos. El manejo es quirúrgico.
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Herida
transfixiante mediastinal por arma de fuego. Ensanchamiento
del mediastino. Neumotórax. |
