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| Luis
Mauricio Figueroa Gutiérrez
Cirujano Pediátrico
Universidad de Caldas
Manizales
Fernando
Álvarez López
Cirujano Pediátrico
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales
Objetivos.
Introducción.
El
trauma se define como la lesión o herida ocasionada por una
alteración estructural o fisiológica resultado de
una exposición aguda a energía mecánica, térmica,
química o eléctrica o a la ausencia de elementos esenciales
como oxígeno o calor.
Más
de once millones de personas mueren cada año en todo el mundo
y aproximadamente el 8% fallecen como resultado de trauma. El trauma
afecta primariamente a la población más joven y es
el responsable del 76% de las muertes en el grupo de edad entre
15 y 24 años.
Según
datos de la Organización Mundial de
la Salud, en la mayoría de los países las enfermedades
cardiacas y las neoplasias son las dos principales causas de muerte
y el trauma se disputa entre el tercero y el quinto lugar con las
enfermedades cerebro vasculares y respiratorias.
La
cinemática del trauma estudia lo que ocurre cuando
dos objetos tratan de ocupar el mismo lugar en el espacio en forma
simultánea, y uno de esos objetos es el cuerpo humano, lo
cual genera un intercambio de energía que ocasiona la lesión
en el organismo.
Es
importante resaltar que cuando el cirujano se enfrenta a un paciente
que ingresa al servicio de urgencias, víctima de un trauma
intencional o no, debe considerar que existen una gran cantidad
de variables que hacen de ese caso un hecho único y particular
que depende de la cinemática del trauma y de las características
propias del individuo afectado.
Variables
asociadas con el evento traumático.
Variables
asociadas con la cinemática del trauma.
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Mecanismo del trauma: puede ser
cerrado o penetrante.
- Cantidad de energía intercambiada:
el intercambio de energía depende de las leyes físicas
del movimiento descritas por Newton. La primera ley del
movimiento se refiere a que un objeto permanece en reposo
o en movimiento hasta que otro influye sobre él y
cambia esta condición. La segunda ley afirma que
la fuerza es igual a la masa por la aceleración (F=
ma). La ley de la conservación de la energía
establece que ésta no se crea ni se destruye sino
que se transforma. Por último, la ecuación
de la energía cinética (EC= mv2/2), define,
que cuando un objeto se encuentra en movimiento, el aumentar
al doble la masa del objeto duplica su energía cinética
y que el duplicar la velocidad cuadruplica la energía.
Dicho concepto es básico para entender los efectos
del intercambio de energía en los accidentes automovilísticos
y en las lesiones por proyectil de arma de fuego.
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Variables
asociadas con el individuo.
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Edad: a pesar que el grupo
de edad entre 15 y 34 años es el más afectado
por el trauma intencional o accidental, la población
por encima de los 60 años tiene mayor mortalidad,
y en el grupo de edad entre 70 a 79 años, es 10
veces mayor que en el grupo entre 20 y 24 años
si se comparan lesiones con igual puntaje de severidad
puesto que los ancianos presentan patologías asociadas,
cambios anatómicos y sus reservas fisiológicas
son limitadas. Los niños, por la naturaleza flexible
y elástica de su esqueleto, no disipan la energía
cinética sobre las estructuras rígidas y
pueden presentar lesiones viscerales graves en ausencia
de estigmas sobre la pared corporal o el esqueleto.
- Consumo de sustancias antes
del evento traumático.
- Patología intercurrente.
- Ubicación dentro del
vehículo o posición asumida al momento del
trauma penetrante.
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Todas
estas variables juegan un importante papel y se afirma que su conocimiento
por parte del personal médico que atiende al lesionado permite
predecir en un 95% de los casos las lesiones potenciales.
Trauma cerrado.
“
No es la velocidad la que mata, es la detención súbita”.
A.L. Moseley, investigador de colisiones, Universidad de Harvard.
Dos
tipos de fuerza producen lesión en el cuerpo y los órganos
durante un trauma cerrado: compresión y acelación/desaceleración.
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Compresión. Las
fuerzas por compresión causan ruptura y contusión
de los tejidos y órganos. El mecanismo se presenta
cuando una porción del cuerpo se detiene mientras
el resto continúa en movimiento. Por ejemplo, la
contusión miocárdica se presenta cuando el
esternón cesa su movimiento y la columna vertebral
continúa desplazándose y comprime al corazón
contra esta estructura ósea (Fig. 1).
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Figura
1. Contusión miocárdica por el mecanismo
de compresión entre el esternón y la
columna vertebral |
Cuando
los pulmones son sometidos a esta fuerza de compresión
y la glotis está cerrada, se produce un neumotórax
por el incremento súbito de las presiones intrapulmonar
e intratorácica. En el abdomen, el aumento súbito
de la presión puede producir ruptura del diafragma
y de las asas intestinales. Algo similar ocurre en las lesiones
intracraneales cuando el hueso frontal golpea el vidrio
parabrisas (Fig. 2).
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Figura
2. Golpe de la cabeza contra el parabrisas; el cerebro
es comprimido dentro de la bóveda craneana
y al continuar su movimiento hacia delante lesiona
estructuras vasculares. Las fuerzas transmitidas causan
fractura de la tibia, del fémur y del acetábulo
al impactar contra la parte baja del tablero. El impacto
causa hiperextensión del cuello, fracturas
esternal, costales, contusión pulmonar y lesión
miocárdica. |
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Aceleración/desaceleración. Las lesiones
por este mecanismo ocurren cuando un órgano se encuentra
firmemente adherido a estructuras más móviles.
La parte fija cesa su movimiento mientras que la parte móvul
sigue su trayectoria lo que ocasiona ruptura de la víscera
a nivel del sitio de fijación. Por ejemplo, la aorta
descendente proximal fijamente unida a las vértebras,
finaliza su movimiento; el arco aórtico sin embargo,
se encuentra aun desacelerando y las fuerzas de ruptura
generadas pueden sobrepasar la resistencia de la aorta y
ocurre la lesión a nivel del istmo. En el abdomen
este mismo mecanismo puede ocasionar la avulsión
del pedículo del riñón o del bazo.
(Fig. 3).
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Figura
3. Lesión del pedículo vascular renal
por aceleración/desaceleración. |
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Accidentes automovilísticos.
Son
la causa más común de trauma no intencional y su incremento
se debe principalmente al mayor numero de vehículos, al aumento
en la densidad de población, la mayor distancia de los viajes
por vía terrestre y al aumento en la potencia de los motores
de los vehículos.
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Colisiones en vehículos cerrados.
Pueden
presentarse 5 mecanismos diferentes durante una colisión
que generan lesiones por la interacción directa entre
el compartimiento del vehículo y el cuerpo del pasajero,
y la interacción entre las vísceras y las
paredes corporales que las contienen. La protección
a los vehículos cerrados está dada por los
marcos de la estructura, los cinturones de seguridad, las
bolsas de aire, el techo y el vidrio parabrisas.
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Impacto frontal: ocurre cuando un objeto golpea directamente
el frente del vehículo y se produce reducción
abrupta de su velocidad. Se incluyen en esta categoría
las colisiones con otro vehículo en movimiento
o con un objeto inmóvil. En el primer caso, las
fuerzas son aditivas por el hecho de estar en oposición
directa. Si dos vehículos colisionan uno a 20 km/h
y otro a 30 km/h generan un intercambio de energía
igual al que se produce al golpear una pared a 50 km/h.
El
vehículo y sus ocupantes se mueven a la misma velocidad
y al ocurrir la colisión el vehículo desacelera
en forma brusca al ser absorbida gran parte de la energía
del impacto por el metal y otras partes de la estructura
del vehículo. El ocupante que no usa cinturón
de seguridad continúa el movimiento a la velocidad
previa al impacto y no se detendrá hasta que sea
golpeado contra el compartimiento, el volante o el respaldo
del asiento frontal (si viaja en la parte trasera). Este
movimiento hacia delante genera dos patrones diferentes
de lesión los cuales en la mayoría de los
casos se superponen.
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Patrón hacia abajo y por debajo: los miembros
inferiores son el primer sitio de impacto; la rodilla
impacta contra la parte inferior del tablero, la tibia
absorbe la energía y el fémur se desplaza
y ocurre lesión de los vasos poplíteos.
Si es el fémur el punto de mayor impacto, la fuerza
del torso de atrás hacia delante lo fractura o
genera una luxación de cadera y posible fractura
del acetábulo (Fig. 1)
La
parte superior del cuerpo continúa su movimiento
y choca con el volante o el tablero en el centro del tórax
y el abdomen superior; se detiene el movimiento de esta
porción mientras la paredes torácica y abdominal
posteriores continúan hacia adelante; de esta forma
se produce compresión de los órganos de
las dos cavidades. La energía se absorbe por las
costillas y cuando se supera su resistencia ocurren fracturas,
tórax inestable y compresión del parénquima
pulmonar y del corazón. Este mecanismo también
se ve involucrado en la ruptura de la aorta y las lesiones
en los pedículos del bazo, del riñón
y del mesenterio. (Fig. 2).
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Patrón hacia arriba y por encima: la cabeza
golpea contra el parabrisas y el cerebro y el torso continúan
su desplazamiento lo que ocasiona fractura del cráneo,
laceraciones y contusiones cerebrales y lesiones del tallo.
La presión generada por el torso no es soportada
por la columna cervical y ocurren lesiones por compresión,
hiperextensión o hiperflexión de las vértebras
cervicales (Fig. 2).
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Impacto lateral: un lado del vehículo sufre
un impacto en forma perpendicular a la dirección
de su movimiento; ocurre generalmente en una intersección
y genera un cambio de dirección del vehículo
hacia uno de tipo lateral que estará determinado
por el peso y la velocidad del vehículo que impacta.
El primer componente de esta colisión es la intrusión
en el compartimiento del pasajero. El segundo es
el movimiento lateral del vehículo y si
el ocupante usa cinturón de seguridad iniciará
el movimiento en forma simultánea al vehículo.
Si no está asegurado sólo iniciará
el movimiento hasta que sea impactado desde el lado del
vehículo lo que ocasiona una cascada de lesiones
que comprenden fracturas de clavícula, costillas,
pelvis y trocánter mayor; como efecto de la aceleración
del torso se presenta ruptura de la aorta y lesiones del
bazo y del hígado. Las lesiones cervicales ocurren
por flexión lateral y rotación de la cabeza
hacia el sitio del impacto, se dislocan las vértebras
y finalmente se angulan las facetas en el lado opuesto
del impacto.
-
Impacto posterior: sólo en el 8% de las colisiones
que causan lesiones graves está involucrado este
mecanismo. Ocurre cuando un vehículo estacionado
o en movimiento es golpeado por detrás por otro
que se desplaza a mayor velocidad; se produce un desplazamiento
hacia adelante y si el pasajero no usa cinturón
y el asiento no tiene apoya-cabezas, se producirá
un movimiento de hiperextensión seguido por uno
de deflexión que traen como consecuencia ruptura
y lesión de los ligamentos y músculos del
cuello.
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Impacto angular o rotacional: ocurre cuando un vehículo
golpea a otro oblicuamente en un ángulo intermedio
entre el impacto frontal y lateral lo que ocasiona una
fuerza rotacional con el punto de impacto actuando como
centro, siendo los ocupantes son expuestos a una fuerza
centrífuga. Los cinturones de seguridad de tres
puntos han mostrado ser muy efectivos para prevenir lesiones
en estas colisiones.
-
Volcadura: produce un complicado espectro de
lesiones que varían de leves a severas. En general
un pasajero no sujetado no se escapa de alguna lesión
por las múltiples partes que golpean con el interior
de vehículo y además, con el alto riesgo
de eyección. Los pasajeros de vehículos
de techo blando se encuentran en mayor peligro.
-
Eyección: los ocupantes pueden ser expulsados
del vehículo por cualquiera de los mecanismos de
colisión; la expulsión puede ser parcial
y en el caso de que sea una extremidad la comprometida
esta podrá sufrir aplastamiento severo o amputación
total, si esto ultimo ocurre se incrementa el riesgo de
muerte en 6 veces. Hay que tener en cuenta que al menos
8% de las victimas expulsadas sufren lesiones de medula
espinal.
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Colisiones en vehículos abiertos. Motocicletas
y bicicletas.
Los
ocupantes de estos vehículos son particularmente
vulnerables porque no tienen el beneficio que representa
la absorción de una porción de la energía
por parte de la estructura de la máquina por lo que
una cantidad masiva de dicha energía se transfiere
al individuo quien solamente esta protegido por su indumentaria
y por el casco, único elemento que distribuye en
parte la transmisión de energía y ofrece alguna
protección. El uso del casco ha marcado un descenso
significativo en la incidencia de trauma del cráneo
severo en diferentes estudios. El trauma de cráneo
se presenta en el 30% de los casos de accidentes en este
tipo de vehículos, ocasiona el 85% de las muertes
y el casco a disminuido la mortalidad entre un 30 y un 50%.
Es
responsabilidad de todo el personal de salud realizar educación
en todos los ámbitos de la sociedad para promover
el uso obligatorio del casco para los niños que montan
en bicicleta.
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Impacto frontal: cuando parte del vehículo
golpea un objeto y es detenido, el resto de este junto
con el ocupante continúan en movimiento siendo
el eje el punto de pivote; la motocicleta tiende a inclinarse
hacia delante lo que hace que el corredor se desplace
sobre las manillas golpeándose cualquier parte
del cráneo, del tórax o del abdomen. Si
los pies permanecen sujetados en los apoyos puede presentarse
fractura del fémur al chocar contra las manillas.
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Impacto lateral: ocurren fracturas de las extremidades
en el lado impactado; las lesiones son similares a las
descritas en vehículos cerrados pero con mayor
transferencia de energía.
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Expulsión: el ocupante vuela sobre el vehículo
con la misma velocidad a la que iba hasta justo antes
del impacto hasta que cualquier parte del cuerpo golpea
con otro objeto (otro vehículo, un poste o el pavimento).
La lesión se presenta en el punto de impacto y
se irradia al resto del cuerpo a medida que la energía
es absorbida.
Maniobra
de volcamiento lateral la motocicleta (deslizamiento del
vehículo):
Para evitar quedar atrapado entre dos piezas metálicas
(motocicleta y automóvil), el conductor lleva la
motocicleta hacia abajo y hacia un lado con el fin de
reducir la lesión, se presentan abrasiones en tejidos
blandos y quemaduras pero disminuyen las lesiones por
aplastamiento.
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Lesiones
a peatones.
Es
un problema casi específico del área urbana y comprende
más del 80% de las lesiones que ocurren en áreas residenciales.
Casi el 90% de los automóviles golpean a los peatones a menos
de 50 kilómetros por hora y muchas de las victimas son niños,
ancianos y personas intoxicadas. Los patrones de lesión varían
con la edad y la talla de la víctima. En los niños
es más frecuente el impacto frontal y ocurre trauma de cráneo,
tórax y abdomen; en el adulto el impacto es lateral y posterior
y ocurre trauma en la pelvis y extremidades inferiores; el trauma
de cráneo ocurre al impactar contra el pavimento. Existen
tres fases en la colisión del peatón cada una con
su propio patrón de lesión. (Fig. 4).
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Figura
4. Fases de la lesión del peatón. |
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Impacto contra el parachoques: los adultos son golpeados
inicialmente en los miembros inferiores lo que ocasiona luxaciones
de rodilla, fractura de tibia y peroné y lesiones en
la pelvis.
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Impacto contra el capó y el parabrisas: la victima
es lanzada sobre el vehículo y sufre lesiones como
fracturas de costillas, ruptura esplénica, fracturas
del fémur, pelvis y de la columna vertebral. Puede
ser lanzada por el aire, impactar a alguna distancia.
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Impacto contra el piso: el peatón cae al suelo
y sufre trauma de cráneo, fractura de las extremidades
superiores y los movimientos violentos del cuello y del cráneo
y pueden ocasionar lesiones inestables de la columna vertebral.
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Caídas.
Son
la primera causa de lesiones no fatales y la segunda causa de lesión
neurológica. Se consideran dentro de la categoría
del trauma cerrado en el cual la lesión se presenta por un
cambio abrupto de velocidad. La severidad de la lesión esta
determinada por: (1) el cambio de velocidad que está relacionado
con la distancia de la caída; (2) el área de la superficie
corporal sobre la cual la energía cinética es disipada;
(3) las propiedades elásticas de los tejidos corporales y
(4) las características de la superficie de contacto.
En
general, las caídas de más de tres veces la altura
de la víctima son severas y es muy importante determinar
la parte del cuerpo que primero recibe el impacto ya que esto ayuda
a predecir el patrón de lesión; por ejemplo, cuando
se cae o salta desde una altura y se aterriza en los pies, el calcáneo
se fractura al impactar contra el suelo y la energía se transmite
hacia arriba ocasionando fracturas en el tobillo, la rodilla, los
huesos largos y en la columna dorso lumbar (fracturas por compresión).
Algunos órganos intrabdominales pueden ser seccionados de
sus uniones al mesenterio o al peritoneo. En el caso de la persona
de cae de espaldas, la energía se transfiere a un área
mayor de la superficie corporal causando menos daño; y si
cae en la cabeza con el cuello flexionado se produce trauma craneal
severo y fractura de la columna cervical.
Se
ha establecido la tasa de supervivencia a partir una caída
desde diferentes alturas; la LD50 (dosis letal de altura de la cual
al caer el 50% de las victimas fallecerán) es de 4 pisos
o 14.4 metros y la LD90 es de 7 pisos.
Lesiones por explosión.
Las explosiones son el resultado de la transformación
química extremadamente rápida de un componente sólido,
semisólido o líquido o gaseoso en productos gaseosos
que súbitamente buscan ocupan mayores volúmenes que
el que ocupaba el explosivo antes de detonar. Se genera una onda
de presión positiva que puede alcanzar varias atmósferas
de presión. Esta onda es de corta duración y es seguida
por una fase negativa que es más prolongada. Las lesiones
por explosiones son clasificadas en tres tipos:
Primarias.
Son
lesiones ocasionadas por el efecto directo de la onda de
alta presión y compromete en especial aquellos órganos
que contienen aire o líquido. El oído medio
es muy vulnerable a la lesión primaria y se produce
ruptura de la membrana timpánica si la presión
supera las dos atmósferas. Muchos autores recomiendan
la otoscopia como un medio de triage puesto que la ruptura
de la membrana timpánica es un predictor de lesión
de otros órganos, en especial el pulmón. Los
pulmones pueden desarrollar edema, hemorragia, bulas, contusión
y es frecuente la aparición de neumotórax;
la insuficiencia respiratoria puede presentarse hasta 12
horas después de la explosión. El embolismo
aéreo es consecuencia de la ruptura de los alvéolos
y de los vasos pulmonares. Otros órganos que pueden
ser afectados por la onda de presión son el intestino
y el ojo (hemorragia intraocular, desprendimiento de la
retina). Pueden ocurrir amputaciones traumáticas.
Secundarias.
Las
lesiones secundarias son el resultado de los objetos y fragmentos
que son lanzados a gran velocidad por la onda explosiva
y que golpean al individuo. Pueden causar lesiones cerradas
o penetrantes. Las lesiones por esquirlas constituyen el
ejemplo típico.
Terciarias.
Ocurren cuando la víctima es puesta en movimiento
como resultado de la explosión y las lesiones son
similares a las producidas por expulsión o caídas.
(Fig. 5)
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Figura
5. Efecto de la explosión que ocasiona lesiones primarias,
secundarias y terciarias. |
Trauma penetrante.
Heridas
por arma cortopunzante.
Estas heridas son el resultado de la fuerza transmitida por medio
de un instrumento afilado que altera los tejidos y el grado de daño
tisular depende de la forma, la longitud y el grado de penetración
del instrumento. La severidad de la herida depende de su localización,
las estructuras comprometidas y la dirección de la hoja.
Las heridas en el tórax, el abdomen y la presencia de más
de 4 heridas se relacionan con lesiones severas.
Heridas
por proyectil de arma de fuego.
En
los Estados Unidos el 49% de los hogares cuentan como mínimo
con un arma de fuego; la presencia de un arma de fuego en el hogar
aumenta 2.7 veces el riesgo de homicidio y 4.8 veces el riesgo de
suicidio. El riesgo de suicidio en la población de 15 a 24
años es 10 veces mayor si existe esta condición.
Balística.
La
balística puede dividirse en tres fases: (1) interna,
que es el estudio del movimiento en el interior del arma;
(2) externa, que analiza el vuelo del proyectil desde el
arma a la victima; y (3) terminal, que estudia la interacción
del misil y sus fragmentos con los tejidos de la víctima.
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Intercambio
de energía.
El
proyectil viaja desde el cañón del arma
con una energía cinética y al interactuar
con los tejidos, les transfiere total o parcialmente dicha
energía. El efecto producido y la severidad de
la lesión van a depender entre otros factores de
la densidad de los tejidos afectados la cual se define
por el numero de partículas tisulares a través
de las que viaja e proyectil; la viscosidad del tejido,
que es la característica que hace que se oponga
a la deformación; y la elasticidad que es la capacidad
del tejido para retornar a su forma original después
de que sobre el se ha ejercido por parte del proyectil
el efecto de cavitación.
Cavitación.
El
efecto del proyectil sobre el tejido produce dos tipos
de cavidades. Una que es temporal y que pueda
alcanzar hasta 30 a 40 veces el diámetro del área
frontal del proyectil. Dicha cavidad por la elasticidad,
retorna en su mayor parte, y sólo queda la otra
cavidad que es permanente y que es visible al
examen. El compromiso será mayor a medida que disminuye
la cantidad de tejido elástico; así pues
la lesión es menor en el tejido pulmonar o en el
músculo y más severa en los órganos
sólidos y en el hueso.
La cavitación va a depender entre otros factores
de las características del proyectil: (1) tamaño,
el cual esta dado por el calibre del arma o diámetro
interno del barril medido en milímetros o pulgadas;
(2) el perfil, el cual se refiere al área frontal
que expone el proyectil al hacer contacto con los tejidos;
los proyectiles que se deforman causan mayor destrucción
al tener mayor área; (3) la caída (tumble)
y desviación (yaw), que tienen que ver
con la ubicación del centro de gravedad del proyectil,
el cual al ubicarse cerca de la base ocasiona un cambio
de movimiento exponiendo una mayor área al contacto
con los tejidos (Fig. 6); (4) la fragmentación,
característica de algunos proyectiles que al impacto
se descomponen en múltiples partes lo que aumenta
la transmisión de energía y el daño;
(5) la estructura: las balas de plomo no pueden ser impulsadas
a mas de 2000 pies por segundo porque este material se
funde, por lo que los proyectiles de alta velocidad como
los militares están recubiertos por aleaciones
de cobre/níquel o acero.
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| Figura
6. La cavidad resulta del viaje del proyectil a través
del tejido. Debido al "yaw" y al "tumble",
la cavidad es de mayor tamaño. |
Niveles
de energía y de daño.
Las
armas de fuego pueden dividirse en dos grupos: (1) Armas
de energía baja y media como pistolas y algunos
rifles que generan un efecto de cavitación entre
seis y ocho veces el área de superficie frontal
del proyectil; (2) Armas de energía alta como armas
y rifles de asalto que disparan los proyectiles a alta
velocidad lo cual genera además del efecto de cavitación
un efecto de vacío que absorbe detritus y bacterias
hacia el interior de la herida.
Entrada
y salida de las heridas.
Durante
el examen físico completo debe establecerse el
número de impactos sufridos por la víctima
y además se debe intentar definir la trayectoria
y los orificios de entrada y salida. Una herida puede
identificarse con certeza como orificio de entrada solamente
en dos casos: (1) cuando existe una herida única
y (2) cuando se documentan por estudio histológico
las quemaduras de pólvora alrededor de la herida.
De todas maneras existen algunas características
que nos permiten catalogar los orificios como de entrada
o salida aplicando sólo criterios clínicos.
El orificio de entrada es redondeado u oval mientras que
el de salida es estrellado e irregular. Al penetrar el
proyectil genera un área de abrasión en
la piel y al salir no. Dependiendo de la distancia desde
la cual se dispara el arma se observará en el sitio
de entrada crepitación, quemadura, humo o tatuaje
en la piel.
Por último, debe considerarse que la trayectoria
de los proyectiles no siempre es lineal y que al chocar
con estructuras corporales son desviados lo que ocasiona
lesiones no previstas en otros órganos o tejidos.
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Conclusión.
En la actualidad el trauma es considerado como un problema de salud
pública en todas las sociedades y el entrenamiento del personal
de salud encargado de atender a las víctimas no debe enfocarse
sólamente a los aspectos clínicos al momento de la
valoración en el servicio de urgencias, sino también
en el conocimiento de los eventos asociados previos a la lesión.
El conocimiento de la cinemática del trauma da información
que permite preveer hasta el 95% de las lesiones.
Agradecimientos.
Agradecemos
la valiosa colaboración del doctor Fernando Angel Echeverri
quién participó en la elaboración de los diagramas
que se presentaron en el artículo.
Lecturas
recomendadas.
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