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| Oscar
Jaramillo Robledo, M.D.
Cirujano del Tórax
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
ESE Hospital Departamental Santa Sofía de Caldas
Manizales
Fernando
Álvarez López
Cirujano Pediátrico
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales
Generalidades.
En
este capítulo se hará una discusión muy general
del tema presentando los principales hallazgos normales y dando
a conocer estudios con las patologías más frecuentes
encontradas en la práctica clínica diaria y, en especial,
haciendo énfasis en aquellas de manejo quirúrgico.
La
T.A.C. de tórax es un estudio radiológico guiado por
el computador que practica, como su nombre lo indica, cortes transversales
al eje del cuerpo. Es en la actualidad un examen de extenso uso
en el diagnóstico de las enfermedades del tórax. La
T.A.C. reconoce diferencias de densidades tan pequeñas como
del 1% al 2%, mientras que las radiografías estándar
sólo reconocen diferencias mayores del 5%.
La
T.A.C. de tórax encuentra su principal indicación
en el estudio del mediastino, de las áreas subpleurales,
perimediastínicas y peridiafragmáticas que suelen
ser oscuras al estudio de la radiología convencional. Es
decir, en la evaluación de aquellas zonas de interfase entre
lo radiolúcido y lo radiopaco en las radiografías
del tórax. La identificación de adenopatías
hiliares y mediastínicas que logran la clasificación
por estados del carcinoma broncogénico, se deja a la T.A.C.
antes de iniciar su estudio patológico por medios invasivos,
como la mediastinoscopia. La T.A.C. del tórax de alta resolución
gana cada dia mejor lugar en el diagnóstico de las enfermedades
difusas de los pulmones, como las intersticiopatías, por
ejemplo.
A
veces es necesario ordenar una T.A.C. de tórax aún
en presencia de una radiografía de tórax normal como
sucede en: 1. Citología de esputo positiva para células
neoplásicas, sin que se encuentre en la radiografía,
incluso en la broncoscopia, ningún tipo de lesión,
en lo que se ha denominado TxN0M0, o carcinoma oculto. 2. Miastenia
gravis: para comprobar o descartar la presencia de un timoma o de
una hiperplasia tímica difusa que no son fáciles de
evidenciar en las radiografías convencionales y que se asocian
con alguna frecuencia con la miastenia. 3. Diagnóstico comprobado
de hiperparatiroidismo con cuello normal, en búsqueda de
glándulas paratiroides anormalmente localizadas en el mediastino.
El
límite de resolución de la T.A.C. del tórax
es de 1 milímetro. Como el parénquima pulmonar es
de tan baja densidad (casi todo es aire), cualquiera de las lesiones,
que casi siempre son más densas que el pulmón, son
fácilmente visibles en los cortes de 10 milímetros.
Los
índices de atenuación determinan la dureza del tejido
que se expone a la radiación y utiliza las unidades Hounsfield
(H) en una escala que varía desde - 1000 a + 1000, pasando
por el 0; donde - 1000 U es aire, 0 U es agua y + 1000 U es hueso.
De acuerdo con la densidad del tejido que rodee a una lesión
mejora la resolución. Así, en el pulmón con
-800 H, cortes de 10 milímetros logran visualizar lesiones
de 1 milímetros, en el mediastino con -100 H, cortes de 10
mm evidencian lesiones de hasta 3 milímetros y en el hígado
con + 70 H, cortes de 10 milímetros sólo muestran
lesiones de más de 10 milímetros.
Una
gran mayoría de las estructuras del tórax son verticales
(vena cava superior, tráquea, aorta, esófago) y, por
lo tanto, en los cortes axiales se verán como estructuras
redondeadas cuya opacidad o lucidez dependerá de si transportan
sangre o aire. Otras estructuras son oblicuas, como el bronquio
fuente izquierdo y el tronco braquiocefálico venoso izquierdo
y se verán como imágenes elípticas. Aquellas
horizontales (como el bronquio lobar medio) se observarán
como sombras lineales.
La
visualización de las estructuras del mediastino es posible
porque la grasa que se encuentra entre ellas se constituye en un
medio de contraste natural, pues la sangre contrastará con
la grasa (-100 H). Siempre será recomendable resaltar las
estructuras vasculares mediante la inyección de medio de
contraste y, en particular, cuando la grasa mediastinal es escasa
o cuando es necesario diferenciar variantes anatómicas de
verdaderas anomalías.
Todas
las estructuras vistas en la T.A.C. del tórax son perfectamente
conocidas para cualquier médico. La dificultad en su interpretación
se fundamenta en que es una forma no usual de observarlas debido
a ser cortes axiales y que la formación académica
tradicional siempre nos ha hecho ver al ser humano mirado de frente.
Los cortes sucesivos que logra la tomografía axial permiten
tener una clara evaluación tridimensional de cualquier estructura,
normal o anormal, que se encuentre en el examen. Los cortes de la
T.A.C. se orientan pensando que la observación se realiza
desde los pies del paciente.
Arco
aórtico y grandes vasos.
El
arco aórtico se encuentra por delante de la tráquea
y sigue un curso oblicuo de adelante hacia atrás y de derecha
a izquierda. Se relaciona íntimamente con la cara antero
interna de la vena cava superior. Por delante del arco aórtico
y después de la regresión del timo, sólo se
visualiza grasa. En este nivel de corte también es posible
visualizar el cayado de la ácigos mayor que bordea la tráquea
en su parte más inferior por encima del bronquio lobar superior
derecho para desembocar en la vena cava superior. El tronco venoso
intercostal izquierdo que reúne las 3 primera venas intercostales
puede identificarse como un cayado que bordea el arco aórtico
antes de su desembocadura en el tronco braquicefálico izquierdo
y que puede confundirse con adenopatías o con disección
aórtica. Es esta estructura la que forma el pezón
aórtico en las radiografías simples del tórax
a la altura de T4 o T5. En este nivel de corte también se
encuentra el espacio pretraqueal-retrocava, limitado como su nombre
lo indica por la tráquea en su parte posterior y la vena
cava superior en su parte anterior, por la pared derecha de la aorta
ascendente en su cara izquierda y por la pleura mediastínica
del hemitórax derecho. En su parte inferior tal espacio está
limitado por el cayado de la vena ácigos mayor. Este espacio
contiene grasa, tejido fibroso y algunos ganglios, uno de ellos,
el ganglio de la ácigos. Estos ganglios resultan a menudo
afectados por metástasis del carcinoma broncogénico
que deben ser identificados para una correcta clasificación
por estados. También resultan comprometidos por los linfomas.
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Imagen
1. Masa única del espacio pretraqueal retrocava en
un paciente con un síndrome febril prolongado y de
la cual se tomó una biopsia por mediastinoscopia retroesternal.
Linfoma. |
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Por
delante de la tráquea se identificarán 5 vasos (Imagen
2), los dos anteriores son venosos y los tres posteriores son arteriales:
1.
El tronco braquicefálico venoso izquierdo, que por
su curso oblicuo para encontrar el tronco del lado derecho
y formar la vena cava superior, tiene un aspecto elíptico.
El tronco braquio cefálico venoso derecho que siguiendo
una dirección vertical se identifica como imagen
redondeada.
2. Estas dos estructuras venosas se encuentran por detrás
de la sombra tímica constituyéndose en el
primer plano vascular del tórax. El tronco izquierdo
delimita muy bien el mediastino anterior (prevascular) y
el mediastino medio.
3. El tronco braquiocefálico arterial que se presenta
en la línea media, hacia las 12:00 horas de la "circunferencia"
de la tráquea.
4. La arteria carótida primitiva izquierda que se
encuentra a la izquierda y atrás del tronco braquiocefálico
arterial y es la más pequeña de las arterias.
5. La arteria subclavia izquierda, un vaso prominente que
se halla a la izquierda de la tráquea en posición
postero-lateral.
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Estas
tres últimas estructuras se encuentran detrás de los
vasos venosos en un segundo plano vascular del tórax. Los
vasos arteriales, por nacer de un arco, se originan a diferentes
niveles por lo que, en algunos cortes, puede dejar de verse alguno
de ellos, mientras persisten las imágenes de los otros vasos.
La tortuosidad o dilatación de los grandes vasos del tórax
pueden hacerlos confundir con masas y sólo los estudios contrastados
permiten el diagnóstico diferencial. Las arterias y venas
subclavias ingresan y salen del tórax cruzando la primera
costilla. La vena mantiene una posición anterior y la arteria
una situación posterior al músculo escaleno anterior,
un poco más distalmente se encuentran por detrás de
los músculos pectorales mayor y menor. La aorta descendente
mantendrá una posición paravertebral izquierda hasta
su ingreso en la cavidad abdominal y estará en relación
con la arteria pulmonar y el hilio izquierdo, con el esófago
y con la vena hemiácigos y la vena ácigos mayor.
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Imágenes
3 y 4. En este corte se evidencian, de adelante hacia atrás:
el timo con densidad de grasa. En el primer plano vascular
el tronco braquiocefálico venoso izquierdo con aspecto
elíptico, el tronco braquiocefálico derecho
de forma redondeada. En un segundo plano vascular, el tronco
braquiocefálico arterial, la arteria carótida
primitiva izquierda y la subclavia izquierda, por detrás
de ellas la tráquea y aún más posterior
el esófago. |
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Imagen
5. En este corte reaparece el timo con la apariencia de punta
de flecha, es decir, con una forma bicóncava. Ya se
ha formado la vena cava superior. La estructura en forma de
salchicha es el arco aórtico. Por detrás de
ella se encuentra la tráquea. Por delante de la tráquea
y por detrás de la vena cava superior se encuentra
un espacio con densidad de grasa, llamado espacio pretraqueal-retrocava,
el que debe ser evaluado con cuidado en busca de adenopatías,
en especial, en los pacientes con carcinoma broncogénico.
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Imágenes
6 y 7. Después del corte que muestra el arco aórtico
se encuentra la aorta ascendente en la parte anterior y la
aorta descendente en la parte posterior e izquierda. Debajo
del arco aórtico no es visible aún la arteria
pulmonar y por encima de ella se encuentra una densidad de
grasa correspondiente a la ventana aorto-pulmonar. Esta ventana
debe ser estudiada con toda atención pues es sitio
preferido de metástasis de los carcinomas broncogénicos. |
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Imagen
8. El cayado de la vena ácigos mayor está rodeando
el lado derecho de la tráquea para desembocar en la
vena cava superior.
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Imagen
9. Aparecen la aorta ascendente y la aorta descendente. Debajo
del arco aórtico se encuentra el tronco de la arteria
pulmonar y su rama izquierda, que como se recuerda es más
alta que la rama derecha. Se observa la vena cava superior
y, por detrás de ella, la primera rama de la arteria
pulmonar derecha para el lóbulo superior. La tráquea
ha empezado a dividirse y detrás de la carina se encuentra
el esófago, la vena ácigos mayor y la aorta
descendente.
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Imagen
10. De nuevo aparecen la aorta ascendente y la aorta descendente.
Entre ellas se encuentra el tronco de la arteria pulmonar
y la rama derecha que atravieza el mediastino para alcanzar
el pulmón derecho. Todavía es visible la vena
cava superior. Aparecen los bronquios fuente izquierdo y derecho.
Lateral al bronquio fuente izquierdo aparece la arteria pulmonar
izquierda. |
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Imagen
11. Aparecen las cámaras cardíacas: a la derecha
la aurícula derecha, a la izquierda el ventrículo
izquierdo, en la parte central la raíz aórtica,
en la parte posterior la aurícula izquierda.
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Anomalías
del arco aórtico.
De
acuerdo con la teoría de Edwards -del desarrollo embrionario
del arco aórtico- la aorta ascendente se divide en un doble
arco aórtico que posteriormente se reune de nuevo formando
la aorta descendente. En cada uno de los arcos habría, entonces,
una arteria subclavia, una arteria carótida y un ductus arterioso
que comunicaría a ambos lados el arco aórtico con
la arteria pulmonar ipsilateral. El vaso más distal sería
la arteria subclavia y el ductus el último elemento en sentido
céfalo-caudal. La involución para lograr el estado
terminal con un solo arco aórtico izquierdo se daría
distal a la arteria subclavia del arco aórtico derecho, de
tal manera que el arco aórtico derecho se convertiría
en tronco braquiocefálico dando sus 2 ramas y desaparecería
el ductus derecho. Permanece el arco aórtico izquierdo con
sus 2 ramas -la carótida primitiva izquierda y la subclavia
izquierda- y el ductus izquierdo que posteriormente se cerrará
al nacimiento o muy temprano en la vía neonatal.
En
presencia de un arco aórtico izquierdo (normal) la anomalía
más frecuente del desarrollo del arco aórtico, será
una arteria subclavia derecha aberrante, que se origina al lado
izquierdo y cruza por detrás de la tráquea y del esófago
para alcanzar el lado derecho, dado que la involución del
arco aórtico se dió antes de la emergencia de la arteria
subclavia.
Cuando
se presenta arco aórtico derecho, es decir, que la involución
sucede en el arco aórtico izquierdo, pueden presentarse 2
anomalías: 1. La involución se da distal a la subclavia
izquierda y en este caso habrá un arco aórtico derecho
con imagen en espejo. Entonces se presentará un tronco braquiocefálico
izquierdo con carótida primitiva derecha y subclavia derecha,
anomalía que se asocia a tetralogía de Fallot en el
100 % de los casos, o 2. Que la involución se de proximal
a la emergencia de la subclavia izquierda y en este caso aparecerá
un arco aórtico derecho con arteria subclavia izquierda aberrante.
Este último caso es la anomalía más frecuente.
La involución o no del ductus determina la severidad del
anillo vascular.
Las
arterias subclavias aberrantes que cruzan por detrás de la
tráquea y el esófago originan disfagia y al examen
endoscópico del esófago se verá la pulsación
transmitida por el vaso anormal.
Los
anillos vasculares originan desde muy temprano en la vida dificultad
respiratoria por obstrucción de las vías aéreas
mayores.
El
doble arco aórtico presenta dificultades en cuanto se convierte
en un anillo vascular. En el esofagograma se encontraran impresiones
de cada uno de los arcos aórticos en el respectivo lado del
esófago: el izquierdo en la pared lateral izquierda del esófago
y en posición más alta que el derecho.
Tráquea.
La
identificación de la tráquea no representa ninguna
dificultad. Es una estructura tubular, elíptica o en herradura,
con densidad de aire, que se extiende de C6 a T5, donde se dividirá
en los bronquios fuente. Por delante de ella se encontarán
las grandes arterias ramas del arco aórtico, a su derecha
y un poco hacia adelante la vena cava superior, atrás el
esófago. La línea paratraqueal derecha es delgada.
En su parte más inferior se evidenciará un engrosamiento
de esta línea que corresponde al cayado de la vena ácigos
mayor, rodeándola por encima del bronquio lobar superior,
antes de desembocar en la vena cava superior. Es posible identificar
en el interior de la tráquea lesiones neoplásicas,
siendo la más frecuente el carcinoma adenoide quístico.
Esófago.
El
esófago se evidencia como una estructura tubular radiopaca
que en algunos cortes muestra aire en su interior, hecho inconstante
debido a los movimientos peristálticos. Ocupa su posición
detrás de la tráquea, la carina y la aurícula
izquierda.
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Imagen
13. Dilatación del esófago atribuible a acalasia.
(En conjunto la carina, el esófago y las estructuras
del mediastino conforman la cara de un fantasma). |
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Mediastino.
El
mediastino es el espacio comprendido entre los pulmones. Contiene
todas las estructuras importantes del tórax con excepción
de los pulmones. El mediastino anterior es prevascular. El mediastino
medio es retrovascular y está por delante de una línea
que se extiende a un 1 centímetro por delante de los cuerpos
vertebrales. El mediastino posterior se encuentra por detrás
de esta línea.
La
T.A.C. es método insustituible en la evaluación de
las lesiones del mediastino. Sus principales indicaciones en el
estudio de este espacio serían:
1.
Sospecha de lesión que ocupa espacio en el mediastino.
2. Evaluación del mediastino en lesiones neoplásicas
no mediastínicas, para establecer el estado en el que
se encuentran. El carcinoma broncogénico es la principal
indicación en este grupo. |
La
grasa del mediastino es reconocida por su bajo índice de
atenuación de -70 a 130 H-. La grasa está normalmente
presente en el mediastino y aumenta con la edad. La mayor parte
de la grasa del mediastino está contenida en el esqueleto
fibroso del timo. El aumento de la grasa puede ser difuso como en
la lipomatosis, o focal como en los lipomas o en las hernias transdiafragmáticas
que contienen grasa. En la lipomatosis del mediastino hay un aumento
difuso da la grasa sin compresión de estructuras y con un
aspecto homogéneo, hallazgos que ayudan a distinguirla de
las verdaderas lesiones neoplásicas del mediastino. Se asocia
a obesidad, síndrome de Cushing o terapia con corticoides.
Ganglios
linfáticos del mediastino.
El
mediastino contiene normalmente unos 64 ganglios, el 80 % de ellos
localizados alrededor del árbol traqueobronquial. En la ventana
aorto- pulmonar suelen encontrarse 2 ó 3 ganglios. A medida
que aumenta el tamaño del ganglio observado en una T.A.C.
crece la probabilidad de que se trate de un compromiso neoplásico
primario o metastásico. Los ganglios del mediastino pueden
verse comprometidos por la sarcoidosis la cual los afecta en todos
sus compartimientos y con frecuencia de una manera simétrica
sin producir coalescencia de ellos como lo hacen las enfermedades
granulomatosas y el linfoma.
En
la clasificación por estados del carcinoma broncogénico
el compromiso de los ganglios linfáticos determina la variable
(N). Los ganglios N1 son peribronquiales, los N2 mediastínicos
ipsilaterales o subcarinales y los N3 mediastínicos contralaterales.
El tamaño de los ganglios da pistas sobre su posible malignidad:
entre 0 y 10 milímetros deben considerarse negativos, entre
10 y 20 milímetros se tendrán por indeterminados,
los mayores de 20 milímetros se clasificarán como
positivos (malignos). De todas maneras su verdadera naturaleza debe
establecerse mediante biopsia a través de mediastinoscopia
o mediastinostomía y en este sentido la T.A.C. es insustituible
pues determina con claridad cuáles son los ganglios a biopsiar
y, por lo tanto, la vía mas adecuada.
Grandes
vasos del mediastino.
La
T.A.C. de tórax es un excelente método para el diagnóstico
de las lesiones vasculares y, en especial, para demostrar la tortuosidad
de los vasos que a menudo originan ensanchamiento del mediastino.
La
T.A.C. asegura el diagnóstico de aneurisma de la aorta torácica
(Imagen 14) y sus características intrínsecas como
la disección o la presencia de trombos. Se considera aneurisma
cuando el diámetro de la aorta supere los 4 centímetros.
La tasa de ruptura se correlacionará con el diámetro,
siendo del 2% para las lesiones de 5 centímetros y de más
del 50% para las lesiones de más de 10 cm. Así, la
T.A.C. es un método muy útil para el seguimiento de
los aneurismas y determina la necesidad de cirugía con base
en su crecimiento. La T.A.C. es de alto rendimiento en el diagnóstico
de los aneurismas post-traumáticos en los que la angiografía
no tiene suficiente sensibilidad diagnóstica.
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Imagen
14. Aneurisma de la aorta. |
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Timo.
La
T.A.C. es el método ideal para la evaluación del timo
(Imagen 15). El tamaño del timo cambia con la edad y su variabilidad
en forma y tamaño por debajo de los 25 años es muy
grande. El timo ocupa el espacio prevascular desde por debajo de
la tiroides hasta la base del corazón. Aunque el timo alcanza
el máximo tamaño en la pubertad aparece más
prominente en el neonato y el lactante por la proporción
que guarda con el tamaño del tórax. La apariencia
tomográfica del timo cambia con la edad: hasta la pubertad
tiene densidad de músculo y una forma biconvexa, entre la
pubertad y los 25 años tiene densidad de grasa y aspecto
bicóncavo, en las edades más tardías desaparece
como estructura reconocible y es reemplazado por grasa.
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Imagen
15. Por delante de los grandes vasos y del corazón
se evidencia una estructura con densidad de tejido graso,
que presenta la morfología de “Punta de Flecha”.
En su interior son visibles pequeños puntos, más
densos, normales en la estructura tímica. |
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El
timo puede mostrar crecimiento por hiperplasia tímica que
lo hace de una manera difusa y simétrica, o por timoma (Imágenes
16 y 17) que muestra aumento asimétrico. Aunque, en realidad,
el timo es asimétrico con lóbulo izquierdo mayor que
el derecho. La T.A.C. puede ayudar a definir la invasividad de los
timomas, tumor donde la capacidad de extensión a estructuras
vecinas determina mejor la malignidad que la misma histología.
Los timomas pueden clasificarse en 3 estados: Estado I: No invaden
la cápsula. Estado II: invaden la cápsula y la grasa
mediastínica y Estado III: invaden alrededor de los órganos
del mediastino y hacen implantes en las pleuras. Los timomas invasivos
pueden diseminarse a lo largo de la aorta y alcanzar el retroperitoneo.
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Imagen
16. Timoma. |
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Imagen
17. Timoma. |
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En
presencia de miastenia gravis la cirugía está indicada
no sólo para el tratamiento mismo de la miastenia, sino,
también, porque el 40% de los timomas son invasivos (malignos).
Los linfomas localizados en el mediastino anterior son, en algunas
ocasiones, difíciles de diferenciar del timoma.
Tumores
del mediastino.
Tumores
frecuentes en el mediastino anterior son los de células germinales
que comprenden los quistes dermoides (de origen ectodérmico),
los teratomas (de origen ecto, meso y endodérmico), los seminomas,
los carcinomas embrionarios y el coriocarcinoma. Los teratomas y
los quistes dermoides muestran calcificaciones hasta en un 50% de
los casos y, con frecuencia, presentan un anillo periférico
de calcificación. Las extensiones mediastínicas de
las lesiones tiroideas deben entrar en el diagnóstico diferencial
de las masas del mediastino anterior. Se utiliza como nemotecnia
de las lesiones tumorales del mediastino anterior las 5 "T”:
Tiroides, Teratoma, Timoma, "Testiculo" (seminoma, disgerminoma)
y el "Terrible linfoma" (Imágenes 18 y 19). Otra
posibilidad en lesiones del mediastino anterior, con aspecto de
grasa, aunque infrecuentes, son las hernias de Morgagni (Imagen
20).
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Imágenes
18 y 19. Masa mediastinal con áreas quísticas,
áreas sólidas y calcificaciones en su interior.
Teratoma del mediastino anterior. |
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Imagen
20. Hernia de Morgagni. |
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En el mediastino medio las lesiones más frecuentes son las
de origen quístico y aquellas que se originan en los ganglios
linfáticos, en especial el linfoma.
Los
quistes del mediastino incluyen los quistes broncogénicos
(Imágenes 21 y 22), los de duplicación entérica
(Imágenes 23 y 24), los neuroentéricos y los pericárdicos.
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Imagen
21. Quiste broncogénico. |
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Imagen
22. Quiste broncogénico. |
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Imágenes
23 y 24. Quiste de duplicación entérica. |
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Los
tumores del mediastino posterior son casi exclusivamente tumores
neurogénicos benignos (Imagen 25) o malignos (Imagen 26).
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Imagen
25. Tumor neurogénico benigno. |
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Imagen
26. Tumor maligno del mediastino posterior. Neurofibrosarcoma. |
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Las
metástasis mediastínicas y al hilio pulmonar de neoplásicas
extratorácicas son infrecuentes y alcanzan en algunas series
sólo el 2.3%.
El
esófago se ve en la T.A.C. si existe adecuada cantidad de
grasa en el mediastino. Está en relación con la parte
posterior de la tráquea, del bronquio izquierdo y de la aurícula
izquierda. El esófago está bordeado por la aorta al
lado izquierdo y por la vena ácigos mayor al lado derecho.
La pared del esófago no debe medir más de 3 mm. Los
signos de patología esofágica son la dilatación,
el engrosamiento de la pared, la asimetría de la pared, la
pérdida de los planos periesofágicos, las adenopatías
periesofágicas y la invasión de órganos vecinos.
Cuando se hace el diagnóstico de carcinoma esofágico,
la T.A.C. puede usarse para determinar su invasividad. Sin embargo,
la desaparición del plano de la grasa, signo de importancia,
debe ser interpretada con cautela en los pacientes con cáncer
del esófago debido a la caquexia que agota la grasa en general
y la mediastínica en particular.
Vías
aéreas.
En
la T.A.C. debe evaluarse la tráquea, la carina, los bronquios
principales y los bronquios segmentarios. Con cortes de 10 milímetros
se logran visualizar el 70% de los bronquios segmentarios y, a menudo,
serán necesarios cortes de 5 milímetros para una visualización
completa del árbol bronquial.
El
origen y la porción inicial de los bronquios que tienen un
curso horizontal, pueden ser bien evaluados. Estos son:
1.
Bronquio lobar superior derecho incluyendo los segmentos
anterior y posterior. Este se verá a la altura de
la carina. La pared posterior de este bronquio está
delimitada sólo por aire, con un espesor que no excede
los 5 mm. Su engrosamiento o nodularidad significa neoplasia
o adenopatías.
2. El bronquio lobar superior izquierdo incluyendo el segmento
anterior.
3. El bronquio lobar medio y con frecuencia sus 2 segmentos.
4. Los segmentos apicales de los lóbulos inferiores
que se proyectarán hacia atrás y nacen al
mismo nivel que el bronquio lobar medio.
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Los
bronquios que siguen un curso vertical y que se verán como
sombras circulares radiolúcidas son:
1.
El segmento apical del lóbulo superior derecho. Se
observará en cortes al nivel de la parte inferior
de la tráquea y estará acompañado por
una rama de la arteria pulmonar medialmente y, lateralmente,
por una rama venosa de la vena pulmonar superior.
2. El segmento apico-posterior del lóbulo superior
izquierdo, también estará acompañado
por una rama arterial y una rama venosa.
3. El bronquio intermediario se sitúa por detrás
y por dentro de la arteria interlobar. En su parte posterior
se encontrará siempre parénquima pulmonar
que corresponde al proceso pleuro-ácigo-esofágico.
A este nivel se identificará en el parénquima
pulmonar situado por delante de él, una zona avascular,
que corresponde a la cisura menor.
4. La parte inicial de los bronquios de los lóbulos
inferiores que en forma característica aparecerán
“suspendidos” por la parte superior de los ligamentos
pulmonares inferiores.
5. Los bronquios basales (VII, VIII, IX y X) guardarán
las posiciones respectivas: medial, anterior, lateral y
posterior. Los bronquios basales derechos e izquierdos son
imágenes en espejo.
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Bronquiectasias.
La
T.A.C. es el método ideal para el diagnóstico de las
bronquiectasias. Tanto en la T.A.C. como en la radiografía
del tórax hay pérdida de la nitidez de los trazos
vasculares. La visualización de un bronquio en el 1/3 externo
de los campos pulmonares, usando cortes de 10 milímetros,
hará el diagnóstico de bronquiectasias. Su apariencia
radiológica dependerá de si transcurren en sentido
horizontal o vertical, apareciendo sombras lineales pulmonares que
representan aire circunscrito por paredes bronquiales gruesas –rieles
de ferrocarril- (Imagen 27), como círculos radiolúcidos
–racimos de uvas- (Imagen 28), con paredes gruesas y acompañados
de una sombra arterial, lo que les da el aspecto descrito como anillo
de sello (Imagen 29). La presencia de la arteria siguiendo al bronquio
dilatado, permite diferenciar las bronquiectasias de pequeñas
bullas, que como es lógico, no tendrán arteria acompañante.
Las bronquiectasias, si se encuentran llenas de moco, pueden aparecer
como círculos radio-opacos, -collares de perlas- (Imagen
30). Podrían presentar niveles líquidos. El patrón
de bronquiectasias centrales es característico de aspergilosis
bronco-pulmonar alérgica.
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Imagen
27. Rieles de ferrocarril. Bronquiectasias. |
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Imagen
28. Racimos de uvas. Bronquiectasias. |
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Imagen
29. Anillo de sello. Bronquiectasias. |
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Imagen
30. Collares de perlas. Bronquiectasias. |
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No
se debe hacer el diagnóstico de bronquiectasias en presencia
de una consolidación parenquimatosa, porque este tipo de
dilatación bronquial suele ser reversible, lo que contradice
la definición de bronquiectasia como una lesión establecida,
no reversible.
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Imagen
31. Bronquiectasias de la língula con aspecto de racimo
de uvas y del lóbulo medio con la forma de rieles de
ferrocarril. |
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Imagen
32. Bronquiectasias saculares de lóbulo inferior izquierdo
y lóbulo medio. |
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Atelectasias
lobares.
Lo
más usual es encontrar colapso lobar en presencia de una
obstrucción completa endobronquial, pero esto no siempre
es cierto, porque la aireación colateral a través
de lóbulos unidos por cisuras incompletas puede mostrar insuflación
completa de un lóbulo cuyo bronquio lobar está completamente
obstruido. Tanto la apariencia radiográfica como la tomográfica
pueden desviarse de sus patrones mas frecuentes por la presencia
de adherencias pleurales que impiden los desplazamientos normales
que hacen los lóbulos colapsados. La T.A.C. también
demostrará la presencia de la lesión endobronquial
aunque no existe especificidad alguna para diferenciar las lesiones
malignas de las benignas.
Atelectasia
del lóbulo superior derecho.
Aparece
como una cuña con densidad de tejidos blandos que se extiende
a lo largo del mediastino hasta la pared anterior del tórax.
Los lóbulos medio e inferior sobredistendidos, se reconocen
por la separación de los vasos cuando se comparan con la
trama vascular del lado izquierdo. La parte alta de la cisura mayor
que limita con el lóbulo colapsado está desplazada
hacia adelante. Hay rotación de la carina, lo que no suele
suceder en el colapso del lóbulo superior izquierdo dado
que el bronquio fuente izquierdo es menos móvil debido a
la presencia de la arteria pulmonar izquierda que lo inmoviliza
en su parte superior.
Es
posible evidenciar un tumor hiliar como la contraparte tomográfica
del signo de la S de Golden visto en la radiografía del tórax.
La diferenciación entre masas y lóbulos colapsados
se hará mediante la inyección de medio de contraste.
Recuérdese que el signo de la “S” de Golden se
origina cuando se asocian una atelectasia del lóbulo superior
derecho y una masa hiliar: la rama superior de la “S”
la dibuja la cisura menor desplazada y concava, y la rama inferior
es el perfil de la masa hiliar.
Atelectasia
del lóbulo medio.
Se
presenta como una banda de tejido que sigue el borde cardíaco
en lo que corresponde al perfil de la aurícula derecha. Los
marcadores de pérdida de volumen no se identifican dado el
pequeño tamaño del lóbulo medio. Si se encuentran
marcadores de pérdida de volumen pero con bronquio lobar
medio permeable y signos de bronquiectasis que afectan este lóbulo,
se hará el diagnóstico de síndrome del lóbulo
medio, asociado a la presencia de adenopatías en el hilio
lobar que originan compresión transitoria, pero que al ceder
dejan como secuela irreversible el daño de los bronquios
lobares medios.
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33. Síndrome del lóbulo medio. |
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Atelectasia
del lóbulo superior izquierdo.
El
borde posterior del lóbulo (la cisura mayor) se desplaza
en sentido ántero medial. El borde interno del lóbulo
atelectásico se confunde con el mediastino, pero esto no
se cumple en todos los casos porque la pérdida de volumen
puede ser compensada en forma muy avanzada por el lóbulo
inferior. La imagen tiene la forma de una cuña con el vértice
hacia atrás.
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34. Imagen de atelectasia del lóbulo superior izquierdo.
Carcinoma broncogénico. |
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Atelectasia
de los lóbulos inferiores.
La
margen interna de la opacidad hace contacto con el mediastino en
su parte inferior. La margen anterior se desplaza hacia atrás
pues al perder volumen, el lóbulo superior y medio o el lóbulo
superior al lado izquierdo se sobredistienden, desplazando hacia
atrás la cisura. El contacto entre el lóbulo colapsado
y el diafragma se mantiene por el ligamento pulmonar.
Hilios
pulmonares.
Hilio
derecho. (Imagen 35).
En
el corte a la altura de la parte inferior de la tráquea se
evidenciará el bronquio lobar superior derecho acompañado
de la arteria en posición medial y de la vena en posición
lateral. Cualquier otra opacidad vista en este corte debe considerarse
sospechosa de neoplasia. En los cortes hechos a través del
bronquio lobar superior se encontrará por delante de él,
el tronco arterial anterior (tronco mediastínico) que es
la primera rama de la arteria pulmonar. La vena pulmonar superior
se visualizará en el ángulo formado al bifurcarse
el bronquio lobar superior en sus ramas anterior, apical y posterior.
En cortes más bajos se encontrará el bronquio intermediario,
que por seguir un curso vertical, se presenta como una lucidez oval.
Detrás de este bronquio sólo se encuentra parénquima
pulmonar. La arteria pulmonar seguirá la cara lateral del
bronquio intermediario y el hilio aparecerá en esta parte
con un aspecto nodular de origen vascular y que invita a confusión
con adenopatías hiliares. Más hacia abajo aparecerán
los bronquios lobar medio y del lóbulo inferior, separados
por un espolón. Aquí la arteria seguirá guardando
una posición lateral. La vena pulmonar superior se encontrará
medial al bronquio lobar medio. La vena pulmonar inferior está
orientada horizontalmente y puede ser seguida hasta la aurícula
izquierda
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35. Hilio pulmonar derecho. |
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Hilio
izquierdo. (Imagen 36).
En
la parte alta del hilio es posible definir la vena pulmonar superior
que guarda una posición anterior. A este mismo nivel se encontrará
la primera rama arterial para el lóbulo superior y el bronquio
segmentario ápico-posterior. El espacio entre este bronquio
y el bronquio fuente izquierdo esta ocupado por la arteria pulmonar
izquierda. La arteria pulmonar conservará durante todo su
trayecto descendente una posición posterior con relación
al bronquio. El aspecto de la vena pulmonar inferior es similar
a la del lado derecho.
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36. Hilio pulmonar izquierdo. |
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La
T.A.C. es útil en el diagnóstico diferencial entre
masas hiliares y dilataciones vasculares del hilio y adenopatías
hiliares (Imágenes 37, 38 y 39).
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37. Lesión hiliar izquierda que corresponde a un quiste
broncogénico. Se comprobó que estaba colonizado
por Aspergillus fumigatus. |
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38. Masa hiliar derecha que corresponde a un carcinoma broncogénico. |
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39. Derrame pleural derecho. La ventana pretraqueal retrocava
muestra adenopatías. Carcinoma broncogénico
T4, N2. |
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Se
ha usado la T.A.C., también, en el diagnóstico de
la hipertensión arterial pulmonar mediante medidas del tamaño
de las arterias pulmonares.
La
T.A.C. tiene también una amplia aplicación en:
1.
El estudio de las lesiones parenquimatosas pulmonares tales
como las enfermedades alveolares, las enfermedades intersticiales
(Imagen 40), las lesiones quísticas y cavitarias
del pulmón -abscesos pulmonares, neoplasias abscedadas-,
el enfisema pulmonar. En el estudio del nódulo pulmonar
solitario para determinar sus características intrínsecas.
Para la evaluación de los nódulos pulmonares
múltiples (Imagen 41) y, en especial, cuando corresponden
a metástasis pulmonares (Imágenes 42 y 43).
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40. Enfermedad pulmonar intersticial. |
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41. Nódulos pulmonares múltiples debidos a Histoplasma
capsulatum. |
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42. Metástasis de carcinoma de tiroides.
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43. Metástasis de carcinoide. |
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44. Lesión cavitaria residual de tuberculosis colonizada
por Aspergillus. Aspergiloma. Bola de hongos.
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45. Quiste broncogénico parenquimatoso. |
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46. Quiste broncogénico parenquimatoso infectado, con
nivel hidroaéreo. |
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2.
La diferenciación y el estudio de las lesiones pleurales,
extrapleurales y parenquimatosas periféricas. En
la evaluación de los derrames pleurales tanto libres
(Imagen 47) como tabicados (Imagen 48) y del empiema pleural
(Imagen 49). En el diagnóstico de las placas pleurales
inducidas por asbesto. En el estudio de la enfermedad maligna
de la pleura tanto primaria como secundaria. La T.A.C. permite
la evaluación del flujo vascular pulmonar en aquellos
sindromes de pulmón hiperlúcido unilateral,
como el síndrome de Swyer James McLeod (Imagen 50).
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47. Derrame pleural libre. |
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48. Empiema tabicado. |
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49. Derrame tabicado posterior. Empiema pleural. |
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50. Síndrome de Swyer James McLeod. |
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51. Engrosamiento pleural izquierdo. Paquipleuritis. |
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52. Consolidación parenquimatosa con broncograma aéreo.
Neumonía lobar. |
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3.
En la evaluación de las masas de la pared torácica.
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53. Masa de la pared torácica. Neuroepitelioma periférico
de la pared torácica (Tumor de Askin). |
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4.
En el estudio del pericardio: anomalías congénitas,
ausencia del pericardio, quistes pericárdicos, derrame
pericárdico, pericarditis constrictiva y enfermedades
neoplásicas del pericardio, casi siempre secundarias.
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54. Masa parenquimatosa pulmonar localizada en el segmento
VI del lóbulo inferior izquierdo. Metástasis
de carcinoide. Ni la bilateralidad ni la multiplicidad de
las metástasis pulmonares son suficiente argumento
para descartar su tratamiento quirúrgico. |
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Imágenes
55 y 56. Nódulo pulmonar solitario. Granuloma benigno. |
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57. Nódulo pulmonar solitario. Adenocarcinoma. |
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58. Nódulo pulmonar solitario con corona maligna. Adenocarcinoma. |
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59. Consolidación parenquimatosa con broncograma y
un nivel hidroaéreo en el lóbulo inferior derecho.
Absceso pulmonar. |
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60. Lesión cavitaria de paredes gruesas que corresponde
a una caverna tuberculosa. |
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61. Imagen de menisco con bajo índice de atenuación
que corresponde a un derrame pleural libre. Adyacente, en
el parénquima pulmonar, se observa un área de
atelectasia por compresión que acompaña a los
derrames pleurales. |
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62. Por detrás de la tráquea y desplazando ampliamente
la tráquea, el esófago y la aorta descendente
se encuentra una gran masa del mediastino posterior. |
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Imagen
63. Imagen de menisco originada por un derrame pleural. Se
encuentra una masa pulmonar pequeña, periférica.
En la parte anterior hay un área hiperlúcida
sin flujo vascular pulmonar y con una línea pleural
claramente visible que corresponde a un neumotórax.
Derrame pleural maligno originado en un adenocarcinoma broncogénico.
Neumotórax iatrogénico. |
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Imagen
64. Múltiples áreas hiperlúcidas con
escaso flujo vascular pulmonar. Enfisema bulloso. |
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Imágenes
65 y 66. Masa parenquimatosa pulmonar de gran tamaño.
Carcinoma broncogénico. |
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67. Bulla del vértice izquierdo. La ausencia de una
línea pleural claramente visible permite su diagnóstico
diferencial con el neumotórax. |
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Lecturas
recomendadas.
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