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| Oscar
Jaramillo Robledo, M.D.
Cirujano del Tórax
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
ESE Hospital Departamental Santa Sofía de Caldas
Manizales
Fernando
Álvarez López
Cirujano Pediátrico
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales
Con estos apuntes iniciales se pretende que usted se acerque al
diagnóstico de una manera esquemática. Si utiliza
este método para el estudio de sus radiografías, cuando
todavía no ha ganado mucha experiencia, logrará una
sistematización en el método, que le impedirá
incurrir en omisiones. La información amplia de cada uno
de los hallazgos deberá consultarla en los capítulos
respectivos del libro. Si tiene alguna experiencia en el tema estudie
estos pasos ahora mismo y vuélvalos a leer una vez concluya
la lectura completa del texto (si logra hacerlo). Si es la primera
vez que estudia la radiología del tórax, lea el primer
paso y deje el resto de este capítulo para el final.
El
estudio de las radiografías de tórax puede hacerse
por 2 métodos: el primero es la llamada observación
libre en la cual el examinador se deja llevar por aquellos detalles
que le llaman la atención y, al final, examinará la
totalidad de la placa. Seguramente lo que ha visto de esta manera
es lo que tiene importancia en el estudio y, lo demás, lo
mirará como ejercicio de rutina. Este camino está
reservado para personas de gran experiencia. El segundo método
de estudio es el de la búsqueda sistemática donde
cada persona crea un orden especial para evaluar la radiografía.
Es el más recomendado. Por ejemplo: tejidos blandos, estructuras
óseas, vías aéreas -tráquea, bronquios-,
hemidiafragmas, áreas subfrénicas, ángulos
costo y cardiofrénicos, campos pulmonares- flujo vascular
pulmonar-, hilios pulmonares, silueta cardiovascular. Invéntese
su propio orden de examen de la radiografía y, si lo desea,
asígnele su propio nombre (Método de Álvarez,
Gómez...).
Primer
paso. Apuntes generales.
No
los olvide. Su observancia lo hará parecer un experto desde
el primer día.
Tiene
ante usted una radiografía de tórax para su interpretación.
De las conclusiones a las que llegue, seguirá su compromiso
con una posibilidad diagnóstica y, de allí, con una
conducta o con un plan suplementario de procedimientos diagnósticos
o terapéuticos. Una falla en este momento es de riesgo para
su paciente.
Siga
estas sugerencias:
1.
No se comprometa con un diagnóstico en una radiografía
de baja calidad técnica: baja penetración,
sobrepenetrada, rotada, espirada, movida. No dude en hacer
repetir la radiografía y de comunicar al técnico
de Rayos X los defectos en la técnica. Si no lo hace,
no volverá a ver un buen estudio radiológico
de tórax en su servicio.
2. No se arriesgue con un diagnóstico en una sola
proyección. Exija como estudio inicial una proyección
PA y una proyección lateral. Jamás compraría
un carro que sólo le dejaran mirar desde adelante.
3. No "le heche una miradita a una plaquita",
solicitud que siempre le hacen, con alguna prisa, aquellos
que creen que saben menos que usted. Mire siempre cuidadosamente
las radiografías que le muestran como si fueran las
de su propio tórax, siendo usted, por ejemplo, un
buen fumador.
4. "Deje el postre para lo último". El
detalle más evidente se observará al final,
después de haber revisado la totalidad de la placa.
Algunas veces lo más evidente no es lo más
importante. Hace parte del método de observación
sistemática.
5.
"Cuatro ojos ven más que dos pero diez ojos
ven menos que un tuerto". Busque ayuda pero no demasiada.
Cuando muchas personas miran una radiografía empiezan
a ver cosas que no existen. Escoja al que usted crea el
mejor (aunque a menudo se equivocará en la elección).
6. Las radiografías de tórax no solucionan
todos los problemas. Si así fuera no existirían
otros métodos diagnósticos. No dude en ordenar
los exámenes imagenológicos complementarios
antes de buscar una certeza por métodos invasivos.
7. No use la oración: "Yo le veo una cosita".
Trate de definir los hallazgos de acuerdo con las descripciones
de la semiología radiológica. Logrará
mayor claridad de lo que está pasando en el interior
de su paciente.
8. Piense siempre en tres dimensiones. Las placas son biplanas
pero el paciente no (olvide este principio en los accidentes
por aplanadoras).
9. Toda radiografía “tiene 4 esquinas”.
Es un principio para no olvidar mirar la totalidad de la
placa, incluyendo las estructuras abdominales y los huesos
que normalmente se ven en una placa del tórax.
10. No le crea siempre al reporte escrito que llega con
el estudio radiológico. Tómelo como una opinión
más. El que tiene al frente el paciente es usted.
11. No se "robe" las placas interesantes.
12. Mantenga su propia lista de aquellas radiografías
de las que más ha aprendido para poderlas revisar
en cualquier momento o enseñárselas a otros.
13. ¡Deje el orgullo!. Asómese por el servicio
de Rayos X y pídale al técnico que le enseñe
como se toman y se revelan las radiografías. Habrá
lugares donde usted mismo tendrá que hacerlo.
14.
Use para estudiar las placas un negatoscopio. Los “ventanoscopios”
tienen variaciones estacionales en la intensidad de la luz.
Una sombra que no logra entender podría corresponder
a un ave que vuela en lontananza.
15. Mantenga a la mano un lápiz para marcar adecuadamente
las radiografías y una regla para medir el tamaño
de las lesiones.
16. Los médicos no tratamos placas de tórax,
sino a aquellas personas a quien se les han tomado.
17. Revise que las placas que está observando sí
son las de su paciente.
18. Los ojos no ven lo que la cabeza no tiene. ¡¡
Estudie !!.
19. Si es capaz de decir y escribir: “radiografía
normal del tórax”, considérese un experto
en radiología de tórax.
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Siga
ahora éstos otros pasos y cuando llegue a un diagnóstico
concreto, que sea de su interés, remítase a la parte
del libro que trata el tema en particular.
Segundo
paso. Radiopacidad o radiolucidez.
La
radiografía del tórax se presenta en tonos de gris
que van desde el negro hasta el blanco.
Cinco
densidades radiográficas son posibles, desde la más
radiolúcida a la más radiopaca: aire, grasa, agua,
hueso y metal. Los medios de contraste tienen densidad de metal,
dado su contenido de yodo.
Las
lesiones radiolúcidas (Imagen 1) se acercan a la densidad
de aire o son aire, las lesiones radiopacas (Imagen 2) tienen densidad
de grasa, agua, hueso o metal. Esta característica está
definida por la cantidad de radiación que retiene el tejido
estudiado. Si atrapa radiación será radiopaco, si
la deja pasar en mayor o menor grado será más o menos
radiolúcido. Decida si el detalle que le llama la atención
puede ser definido dentro del concepto de radiolúcido o radiopaco.
El
pulmón normal está compuesto por 97de % aire y sólo
el 3% de su contenido son sólidos.
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Imagen
1. Lesión radiolúcida. Neumotórax. |
Imagen
2. Lesión radiopaca. Atelectasia derecha. |
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Tercer
paso. Ganancia, pérdida, o conservación de volumen.
Tanto
si una imagen es radiopaca como radiolúcida, debe definirse
con claridad si gana, pierde o no hace variar el volumen. Este detalle
nos dará una idea sobre si la lesión ocupa un espacio
que no le corresponde, aumentando el volumen o produce disminución
del volumen de aire contenido en los pulmones.
Se
describirán los signos de pérdida de volumen. Como
es de esperar, los signos de ganancia de volumen son sus contrarios.
Signos
de pérdida de volumen.
Cuando
hay lesiones radiopacas que muestran distribución segmentaria
o lobar el único signo directo de pérdida de volumen
es el desplazamiento de una cisura o de parte de ella siguiendo
la opacidad (Imagen 3). La cisura que muestra un aspecto cóncavo
mirada desde fuera de la opacidad, también indica pérdida
de volumen (Imagen 4). Otros signos de pérdida de volumen
que se enumeran enseguida son indirectos y pueden o no estar presentes.
Su ausencia no permite descartar lesiones que pierden volumen dentro
de los pulmones.
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Imagen
3. Desplazamiento de las cisuras. |
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Imagen
4. Desplazamiento de la cisura menor. |
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Los
signos de atelectasia pulmonar completa y que señalan la
pérdida de volumen, son lógicamente mediastinales
y nada tienen que ver con las cisuras.
Los
signos adicionales de pérdida de volumen son:
1.
Desplazamiento de las estructuras del mediastino hacia el
lado de la lesión. No todo el mediastino se desplazará
en las lesiones perdedoras de volumen, pues sólo
la pérdida avanzada origina este hallazgo. Las lesiones
que hacen perder volumen en el vértice desplazarán
la tráquea (Imagen 5), las que lo hacen en la base
desviarán el corazón.
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Imagen
5. Desplazamiento de la tráquea. |
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El
desplazamiento del corazón hacia el lado izquierdo
en las lesiones que producen disminución del volumen
en la base izquierda, hacen que el perfil derecho de la
parte inferior de la columna, normalmente cubierto por la
aurícula derecha, aparezca descubierto, originando
el signo de la columna desnuda (Imagen 6).
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Imagen
6. Signo de la columna desnuda. |
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2.
Estrechamiento de los espacios intercostales.
3. Elevación del hemidiafragma (Imagen 7).
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Imagen
7. Elevación del hemidiafragma. |
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4.
Desplazamiento de las arterias pulmonares y de los bronquios
principales. Se encontrarán desviados hacia arriba
en las lesiones que pierden volumen en el vértice
y hacia abajo en las lesiones que lo hacen en la base.
5.
Sobredistensión del parénquima pulmonar residual.
El pulmón residual tiene la tendencia a llenar el
máximo espacio posible. Por tanto los trazos vasculares
se separarán, lo que se manifiesta en la radiografía
como una disminución del flujo vascular pulmonar.
6.
Desplazamiento de las líneas mediastinales (Imagen
8) hacia el lado de la lesión. Las líneas
mediastinales anterior y posterior serán las que
se desplacen en las lesiones que pierden volumen en los
lóbulos superiores y la línea pleuro-ácigo-esofágica
en las lesiones que lo hacen en los lóbulos inferiores.
Esta línea, que no siempre es fácil de observar,
se hace muy evidente cuando uno de los campos pulmonares
está radiolúcido y el otro radiopaco, por
ejemplo en los casos de grandes derrames pleurales unilaterales
o de atelectasia pulmonar total. Este último principio
también es válido para las otras líneas
mediastinales.
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Imagen
8. Desplazamiento de las líneas mediastinales. |
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Cuarto
paso. Lesiones radiopacas focales.
Ya
está usted seguro que la lesión es radiopaca (más
blanca que negra) y es focal, no difusa, sólo ocupa una porción
determinada de un pulmón. Entonces, debe definir claramente
los siguientes puntos mirando atentamente la lesión:
1.
¿ Cúal es la forma de la opacidad ?
2. ¿ Tiene distribución segmentaria o lobar
?
3. ¿ Tiene broncograma aéreo ?
4. ¿ Pierde, gana o conserva el volumen ?
5. ¿ Está localizada en el pulmón,
la pared torácica o el mediastino ?
6. ¿ Cómo es la opacidad en su interior ?
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¿
Cuál es la forma de la opacidad ?
Tiene
forma de moneda (Imagen 9), o sea que representa la imagen biplana
de una esfera, o es ligeramente elíptica, visible en 2/3
de su circunferencia, tiene densidad de tejidos blandos, mide menos
de 3 centímetros de diámetro, no está acompañada
de ninguna otra lesión en el pulmón -es solitaria-
ni en el hilio ni en el mediastino y está rodeada de parénquima
pulmonar normal. Además, puede observarla claramente en 2
proyecciones: se trata de un nódulo pulmonar solitario (N.P.S.).
Defina sus características intrínsecas: ¿ está
calcificado ? (Imagen 10), ¿ qué tipo de calcificación
posee? , ¿ está cavitado ?. (véase nódulo
pulmonar solitario).
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Imagen
9. Imagen numular. Nódulo pulmonar solitario. |
Imagen
10. Nódulo pulmonar solitario calcificado. |
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La
opacidad se parece a un segmento o a un lóbulo pulmonar.
Si
así es, se hablará de distribución segmentaria
o lobar lo cual limita las posibilidades diagnósticas. En
este momento mire su interior para determinar si tiene sombras radiolúcidas
lineales, denominadas broncograma aéreo (Imagen 11). Si las
posee, este hallazgo hablará siempre de ocupación
de los alvéolos y, por lo tanto, de lesión parenquimatosa
pulmonar.
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Imagen
11. Broncograma aéreo. Neumonía del lóbulo
superior derecho. |
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El
primer diagnóstico en una radiopacidad que tiene distribución
segmentaria o lobar y broncograma aéreo es el de neumonía.
En este caso el volumen estará preservado, ligeramente aumentado
o ligeramente disminuido. Algunas neumonías son grandes ganadoras
de volumen y desplazan las cisuras en forma importante. Así
lo hacen las neumonías por Klebsiella pneumoniae. (véase
neumonías). Los infiltrado acinares
del vértice (Imagen 12) pulmonar son hallazgos frecuentes
en la tuberculosis pulmonar.
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Imagen
12. Infiltrado acinar en el vértice pulmonar. Tuberculosis
pulmonar. |
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Claro está que hay otras opciones diagnósticas además
de la neumonía (véase infiltrados
acinares). Si el infiltrado acinar coincide con trauma pulmonar
cerrado o abierto, que puede reconocerse, algunas veces, en las
radiografías del tórax por la presencia de fracturas
óseas, se trata de una contusión pulmonar (Imagen
13). Recordar que los cambios rápidos en el tiempo corresponden
a las enfermedades con compromiso alveolar, otras, como las intersticiales,
varían muy lentamente.
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Imagen
13. Infiltrados acinares por contusión pulmonar. |
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Si
no posee broncograma aéreo, es decir, es una radiopacidad
homogénea, y muestra marcadores de pérdida de volumen
o sólo desplazamiento de la cisura -que es el más
importante- el mejor diagnóstico es una atelectasia lobar
(Imagen 14). Su morfología y localización permiten
el diagnóstico de cuál lóbulo se encuentra
comprometido. Las atelectasias pueden afectar sólo un segmento
pulmonar y se denominarán atelectasias segmentarias. (Véase
atelectasias).
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Imagen
14. Atelectasia del lóbulo superior derecho. |
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Es
una lesión radiopaca con radiolucidez central (Imagen 15).
Si la lesión tiene aspecto de masa (es redonda y tiene más
de 3 centímetros) debe tratarse de un tumor abscedado, pero
algunas otras lesiones como los granulomas, especialmente los tuberculomas,
pueden cavitarse. Otras lesiones como los granulomas múltiples
de la granulomatosis de Wegener y muchas de origen infeccioso, pueden
demostrar similar comportamiento. Si la lesión es segmentaria
o lobar y es evidente un área de cavitación central,
con unos bordes irregulares y una pared gruesa, el mejor diagnóstico
es un absceso pulmonar -neumonía abscedada-. Podría
presentarse un nivel líquido dentro de la opacidad y el diagnóstico
de neumonía abscedada debe considerarse de nuevo. (Véase
Lesiones Cavitarias).
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Imagen
15. Lesión radiopaca con radiolucidez central. Carcinoma
cavitado. |
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Cuando
se encuentre un nivel líquido este podría estar localizado
dentro del parénquima pulmonar o en la cavidad pleural. En
general, los niveles intrapulmonares (Imagen 16) mostrarán
un tamaño bastante similar si se miran en 2 proyecciones,
PA y lateral, por ejemplo.
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Imagen
16. Lesión cavitaria con nivel intrapulmonar. Bula
infectada. |
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Un
nivel que muestre un tamaño muy diferente en 2 proyecciones,
es muy seguramente un nivel que se encuentra dentro de la cavidad
pleural (Imagen 17).
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Imagen
17. Nivel hidroaéreo intrapleural. |
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Las
paredes de los niveles pleurales suelen ser delgadas y muy regulares
(son pleura), mientras que las de los niveles intraparenquimatosos
son más gruesas e irregulares (son parénquima pulmonar
enfermo). Los niveles parenquimatosos suelen ocupar la parte media
de la opacidad, los niveles pleurales se localizan en la parte alta
de la opacidad. Este diagnóstico diferencial exige con alguna
frecuencia una T.A.C. del tórax debido a las implicaciones
terapéuticas de cada uno: Las colecciones líquidas
intrapleurales son tributarias de toracentesis para acercarse al
diagnóstico etiológico y en muchas ocaciones de drenaje,
mientras que, sólo en muy pocos casos, está indicada
la punción y el drenaje percutáneo de las colecciones
intraparenquimatosas.
La
lesión radiopaca tiene forma de masa pero uno de sus bordes
no es posible definirlo con claridad porque se confunde con la pared
torácica, con el mediastino o, raras veces, con el hemidiafragma.
Aquí debe definirse, y tiene gran importancia clínica,
si se trata de una lesión parenquimatosa pulmonar que está
tocando o invadiendo la pared del tórax o el mediastino o
más bien se trata de una lesión extrapleural -de la
pared torácica o del mediastino- que se está proyectando
sobre el parénquima pulmonar. Las lesiones extrapleurales
que para proyectarse sobre el parénquima pulmonar levantan
la pleura parietal (costal o mediastínica según el
caso), tendrán bordes “dibujados a lápiz”
(Imagen 18), es decir, muy nítidos, y formarán con
la pared del tórax o con el perfil del mediastino un ángulo
obtuso, dando el aspecto de “mujer embarazada” (Imágenes
19 y 20).
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Imagen
18. Lesión extrapleural. |
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Imagen
19. Signos de lesión extrapleural. 1. Lesión
extrapleural que nace en la pared torácica y se proyecta
sobre el hemitórax. Ángulos obtusos con bordes
dibujados a lápiz. 2. Lesión extrapleural similar
a la anterior, pero que se origina en el mediastino, iguales
características. 3. Lesión que nace en el pulmón
y se pone en contacto con el mediastino, bordes poco nítidos
y ángulos agudos. 4. Lesión pulmonar similar
a la anterior que se pone en contacto con la pared torácica,
iguales características. |
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Imagen
20. Signos de lesión extrapleural. Masa mediastinal
anterior. |
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Las
lesiones que originándose en el parénquima pulmonar
se ponen en contacto con la pared del tórax (Imagen 21) o
con el perfil mediastínico, tienen bordes poco nítidos
pues están rodeadas de parénquima pulmonar que no
logra darles un perfil bien definido y forman con la pared o el
mediastino ángulos agudos. Si la lesión es mediastinal,
una radiografía lateral definirá si ocupa el mediastino
anterior (Imagen 22), el mediastino medio (Imagen 23) o el mediastino
posterior (Imagen 24).
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Imagen
21. Lesión parenquimatosa en contacto con la pared
torácica. |
Imagen
22. Masa del mediastino anterior |
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Imagen
23. Masa en el mediastino medio. |
Imagen
24. Masa en el mediastino posterior. |
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En las lesiones mediastinales altas, aunque no lo parezca, la radiografía
PA es más útil que la proyección lateral para
determinar en que compartimiento del mediastino se encuentra una
lesión, en especial las tumorales. Si una lesión mediastinal
está localizada en el mediastino anterior el observador verá
en la proyección PA que al alcanzar el nivel de las clavículas
pierde la nitidez de su borde superior pues, como es lógico,
por encima de las clavículas no hay parénquima pulmonar
que la contraste. Si una lesión está localizada en
el mediastino posterior -que llega hasta C7 y es por tanto más
alto que el mediastino anterior- seguirá rodeada de parénquima
pulmonar y, por tanto, contrastada, conservando su nitidez cuando
sobrepasa, radiológicamente, en la proyección PA,
el nivel de las clavículas. Este signo se denomina signo
cérvico-torácico (Imágenes 25 y 26). El signo
de la silueta también resulta útil en la localización
de las lesiones mediastinales. Aquellas que borran la silueta cardiaca
estarán localizadas en el mediastino anterior y las que no
lo hacen, en el mediastino medio o posterior (Imágenes 27
y 28).
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Imagen
25. Tumor del mediastino anterior. No sobrepasa la clavícula. |
Imagen
26. Tumor del mediastino posterior. Sobrepasa la clavícula. |
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Imagen
27. Lesión del mediastino anterior. Borra la silueta
cardiaca. |
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Imagen
28. Lesión del mediastino posterior. No borra la silueta
cardiaca. |
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La
opacidad no tiene distribución segmentaria o lobar, carece
de broncograma de aire, muestra signos de ganancia de volumen y
tiene línea de menisco (Imagen 29) (lo que a menudo llamamos,
sin que lo sea, línea de Damoisau Ellis): se trata de un
derrame pleural libre. En la radiografía lateral mostrará
menisco anterior y menisco posterior, con una pequeña línea
que marca la continuación de la opacidad, es decir del líquido,
con la cisura mayor, lo que en su conjunto dibuja el signo de la
carpa de circo (Imagen 30).
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Imagen
29. Línea de menisco. |
Imagen
30. Signo de la carpa de circo. |
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Quinto
paso. Radiopacidad absoluta unilateral.
Encuentra
usted un hemitórax blanco (Imagen 31). Busque marcadores
de ganancia o pérdida de volumen.
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Imagen
31. Hemitórax blanco. Atelectasia del pulmón
derecho. |
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Si
hay marcadores avanzados de pérdida de volumen se tratará
de una atelectasia pulmonar completa. Tratándose de un neonato
un buen diagnóstico sería una agenesia pulmonar (Imagen
32).
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Imagen
32. Hemitórax blanco. Agenesia pulmonar. |
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Si
hay signos de ganancia de volumen dos posibilidades deben considerarse:
derrame pleural masivo o gran masa que ocupa el hemitórax.
El derrame casi siempre dejará un pequeño islote de
parénquima pulmonar en el vértice pulmonar. La masa
permite ver, con frecuencia, una parte de su perfil lo que ayudará
a clasificarla como tal. Si la opacidad no pierde ni gana volumen,
deberá pensarse que hay un fenómeno perdedor de volumen
(atelectasia) y otro que ocupa espacio (masa o derrame pleural),
lo que dará como resultado final una opacidad absoluta unilateral
sin variación en el volumen del hemitórax comprometido.
Sexto
paso. Radiopacidades difusas bilaterales.
Aquí
se percibe un aumento de la opacidad, en ambos pulmones, en forma
de infiltrados, que no son sino la suma de opacidades más
pequeñas.
Es
muy importante que se determine:
1.
Tipo de infiltrado: es decir, cómo son esas pequeñas
opacidades que sumadas dan el aspecto de infiltrados difusos
bilaterales. ¿ Cuál es su sustrato anatomopatológico
? Recuerde el capítulo de microanatomía pulmonar.
2. Pérdida o ganancia de volumen de los pulmones.
3. Estudio de la silueta cardiaca y del flujo vascular pulmonar.
4. Existencia de broncograma aéreo.
5. Presencia de lesiones hiliares o mediastinales.
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Infiltrado
acinar. También se ha llamado alveolar. Prefiera
la denominación acinar, porque es imposible ver
un alvéolo, aunque resulta arriesgado decir que
logramos ver un acino. Representa el acino pulmonar lleno
de material distinto al aire, que al sumar en el espacio
las pequeñas imágenes, dan el aspecto de
“granos de arroz”, con bordes mal definidos,
confluentes y la presencia de broncograma aéreo,
que decide su origen parenquimatoso. La placa, en general,
dará el aspecto de neblina o vidrio esmerilado.
Si su distribución es segmentaria o lobar, se tratará
de una neumonía. Si es difuso las posibilidades
serán: 1. Hipertensión arterial pulmonar
venocapilar -falla cardiaca, por ejemplo-. En este caso
coexisten cardiomegalia, redistribución del flujo
vascular pulmonar (lo que significa aumento del flujo
hacia los vértices), derrame pleural o líneas
de Kerley - A, B o C - (Imagen 33). 2. Síndrome
hemorrágico pulmonar, proteinosis alveolar, fase
alveolar de una enfermedad pulmonar intersticial. 3. Cuando
estas opacidades adquieren la forma de "copos de
algodón" (infiltrados "algodonosos")
que también se han llamado en "tormenta de
nieve" y que, en realidad, deben ser llamados infiltrados
acinares en parches (Imágenes 34 y 35), puede tratarse
de una neumonía de las llamadas “bronconeumonías”
o mejor neumonías en parches. Otras buenas posibilidades
son la tuberculosis de diseminación broncógena
o algunas micosis como la paracoccidiodomicosis.
La
presencia de adenopatías hiliares que acompañan
a infiltrados acinares, orientará el diagnóstico
hacia el grupo de las enfermedades granulomatosas.
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Imagen
33. Líneas B de Kerley. |
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Imagen
34. Infiltrado acinar en parches. Lesiones radiopacas, de
bordes mal definidos, confluentes, con la presencia de broncograma
aéreo. Los infiltrados acinares son marcadores de enfermedad
parenquimatosa pulmonar que compromete el espacio aéreo
y se dan cuando este espacio es ocupado por líquido
intersticial como en el edema pulmonar, por infiltrado inflamatorio
como en las neumonías, por sangre como en los síndromes
hemorrágicos pulmonares o por material proteináceo
como en la proteinosis alveolar. Tuberculosis pulmonar. |
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Imagen
35. Infiltrado acinar en parches. |
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Imagen
36. Infiltrados acinares difusos en los cuatro cuadrantes
de los campos pulmonares en un paciente con síndrome
de dificultad respiratoria aguda del adulto (SDRA). |
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Imagen
37. Infiltrados acinares difusos en un paciente con SIDA.
Neumonía por Pneumocistis carinii. |
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Infiltrado
micronodulillar. El mejor ejemplo es el infiltrado miliar
de la tuberculosis (Imagen 38). El nódulo intersticial
es bien definido, no confluente, es decir, es posible
delimitar un sólo nodulillo en forma completa.
Otras causas de infiltrado micronodulillar son la histoplasmosis
aguda y algunas neumoconiosis en especial la silicosis.
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Imagen
38. Los dos campos pulmonares están afectados por pequeños
nódulos -micronódulos- que producen una opacidad
difusa, pero más acentuada en las regiones perihiliares
haciéndose menos densas en la periferia y en el vértice
de los pulmones, por lo que se ha denominado distribución
en “alas de mariposa” o “alas de murciélago”.
Este tipo de distribución es común a las enfermedades
que lesionan el pulmón por vía hematógena.
El nódulo intersticial es una lesión de bordes
definidos, es decir, no confluente. Tuberculosis miliar. |
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Imagen
39. Lo descrito en la figura anterior, mirado de cerca. Tuberculosis
miliar.
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Imagen
40. Nódulos calcificados parenquimatosos e hiliares
de diferentes tamaños. A pesar de lo ruidosos que puedan
ser al ver las imágenes, suelen tener poca significación
clínica y, con frecuencia, corresponden a lesiones
residuales de enfermedades granulomatosas que incluyen la
tuberculosis y la histoplasmosis. |
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Imagen
41. Micromódulos calcificados pulmonares múltiples. |
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| Imagen
42. Nódulos pulmonares múltiples de distinto
tamaño, predominantemente basales, que corresponden
a metástasis por vía hematógena. Son
nódulos, no son nodulillos. |
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Infiltrado
reticular y retículo nodulillar. Este tipo de infiltrado
es en líneas finas -retículo- y pueden encontrarse
nodulillos que podrían ser verdaderos nodulillos
o sólo representar la visión frontal de
las líneas reticulares, lo que le da el aspecto
nodulillar sin que, en realidad, este sea su sustrato
patológico. Este tipo de infiltrado define la muy
amplia lista de las enfermedades pulmonares intersticiales.
El volumen pulmonar, con unas pocas excepciones, se encontrará
disminuido - véase enfermedades
pulmonares intersticiales-. El estado final de la
mayoría de las enfermedades intersticiales es el
infiltrado en "panal de abejas" (Imagen 43)
caracterizado por imágenes lineales burdas, que
delimitan espacios aéreos amplios.
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Imagen
43. El compromiso pulmonar adquiere un aspecto "quístico"
múltiple, es decir, se observan gran cantidad de espacios
aéreos circunscritos por un intersticio en extremo
engrosado. Es este el llamado infiltrado en “panal de
abejas”, estado final de un gran número de las
enfermedades intersticiales pulmonares. Un importante marcador
de la mayoría de las enfermedades pulmonares intersticiales
es la pérdida de volumen de los pulmones que no está
presente en este caso. Histiocitosis X pulmonar primaria.
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No
se preocupe demasiado, el diagnóstico diferencial de las
intersticiopatías basado sólo en el examen radiológico
del tórax, tiene un rendimiento muy bajo. Habrá que
profundizar en el estudio del paciente y con mucha frecuencia llegar
a una biopsia abierta de pulmón, después de haber
agotado evaluaciones menos invasivas. La T.A.C. de alta resolución
están permitiendo una mejor aproximación imagenológica
a este complejo grupo de enfermedades.
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Imagen
44. Hay masas apicales bilaterales. Sobre lo que se quiere
llamar la atención es sobre la imagen en red fina que
afecta ambas bases pulmonares y que constituye el llamado
infiltrado reticular, lo que significa engrosamiento del intersticio
pulmonar, producido en este caso por compromiso neoplásico
de los pulmones -carcinomatosis linfangítica- , pero
que suele ser marcador de una buena parte de las enfermedades
intersticiales pulmonares. |
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Séptimo paso. Lesiones radiolúcidas focales.
Ya
no se trata de lesiones radiopacas sino radiolúcidas y son
focales, es decir, un sólo sitio del pulmón muestra
radiolucidez de la cual se tratarán de determinar sus características.
Las
preguntas a resolver para acercarse a un diagnóstico serían:
1.
¿ Se encuentra localizada la radiolucidez en la cavidad
pleural, el parénquima pulmonar o se proyecta sobre
la silueta cardiovascular ?
2. ¿ Conserva o no el flujo vascular pulmonar ?
3. ¿ Cuál es su forma ?
4. ¿ Cuáles son las características
de la pared, si la posee ?
5. ¿ Es una lesión que aumenta o disminuye
el volumen pulmonar?
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Si
la imagen hiperlúcida dibuja la cavidad pleural y de un lado
se observa la pared torácica y del otro el pulmón,
lo que se asegura por la visualización nítida de una
línea pleural a cuyo nivel se amputa el flujo vascular pulmonar,
se tratará de un neumotórax (Imagen 45). Son entonces
los neumotórax, imágenes radiolúcidas, sin
flujo vascular pulmonar y con línea pleural claramente visible.
Los neumotórax suelen ser libres y ocupan el vértice
del hemitórax, pero algunas veces están tabicados
y, aún siendo colecciones aéreas ocupan las partes
declives del tórax. Cada vez que usted piense en la posibilidad
de neumotórax ordene una radiografía en inspiración
y otra radiografía en espiración. En las placas espiradas
el pulmón se vaciará ocupando el mínimo volumen
y así la cámara del neumotórax ocupará
un mayor espacio, haciéndose visible con más nitidez.
Esta recomendación es válida porque los pequeños
neumotórax que ocupan los vértices se confunden con
otras líneas apicales originadas por la clavícula
y las primeras costillas, lo que dificulta el diagnóstico.
Si
la imagen hiperlúcida es redondeada, es decir, representa
la imagen biplana de una burbuja que se encuentra dentro del pulmón,
con disminución del flujo vascular pulmonar (que aunque no
lo tiene, aquel flujo vascular que discurre por delante y por detrás
de la radiolucidez permitirá ver algo de él), considere
las siguientes lesiones de acuerdo con sus características:
Si
la esfera es perfecta, de bordes muy finos, con aspecto de pompa
de jabón, única o múltiple, a menudo acompañada
de parches parenquimatosos en copos de algodon (de tipo acinar),
debe pensarse en neumatocele (Imagen 46), lesión de origen
estafilocóccico que acompaña a las neumonías
de esta etiología. Estos neumatoceles (Imagen 47) pueden
ser múltiples y originar pioneumotórax bilateral.
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Imagen
46. Pioneumotórax bilateral con neumatocele. |
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Si
la “esfera” es irregular, la pared casi que es invisible
o debe adivinarse en algunas partes de su perfil, carece de flujo
vascular pulmonar, aumenta el volumen del hemitórax, y tiene
en su interior líneas que semejan una telaraña - que
no son flujo vascular pulmonar -, un buen diagnóstico sería
una bulla (Imagen 48) que haga parte de una enfermedad bullosa de
origen enfisematoso, pero que puede tener otros orígenes.
Si
la esfera muestra bordes bien definidos, festoneados, puede tener
o no un nivel hidroaéreo, debe descartarse la posibilidad
de un quiste broncogénico parenquimatoso (Imagen 49).
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Imagen
49. Quiste broncogénico. |
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Si
la imagen hiperlúcida focal muestra paredes gruesas de bordes
internos irregulares, desflecados, rodeada de un parenquima comprometido
por infiltrado acinar, con presencia o no de nivel líquido
en su interior, debe considerarse como una buena opción un
absceso pulmonar (Imagen 50).
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Imagen
50. Absceso pulmonar. |
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Si
la lesión muestra unas paredes gruesas pero regulares, es
posible que se trate de una caverna de origen tuberculoso (Imagen
51). Su localización en los vértices pulmonares o
en el segmento VI del lóbulo inferior la hace más
sospechosa de este origen.
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Imagen
51. Caverna por tuberculosis. |
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Si
existe lesión cavitaria que contiene en su interior una esfera
sólida, dejando por fuera de ella un margen hiperlúcido,
en medialuna, casi sin duda se tratará de un aspergiloma
- bola de hongos - (Imagen 52). La posición de la masa intracavitaria
y, lógicamente de la medialuna, variará si se cambia
la posición del paciente.
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Imagen
52. Bola de hongos. |
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La
imagen es hiperlúcida por disminución del flujo vascular
pulmonar sin que tenga unos márgenes definidos, tiene además
una distribución lobar o es todo un pulmón el radiolúcido,
y muestra marcadores de ganancia de volumen: deberá considerarse
la posibilidad de atrapamiento de aire (Imagen 53) en un lóbulo
o en un pulmón producido por un cuerpo extraño, o
por un tumor, que se comportan como una válvula unidireccional.
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Imagen
53. Atrapamiento de aire por cuerpo extraño. |
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Otra
posibilidad si se trata de un niño menor de 6 meses es la
presencia de un enfisema lobar congénito - síndrome
de hiperinsuflación pulmonar infantil – (Imagen 54)
o de una malformación adenomatoidea quística tipo
I (Imagen 55).
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Imagen
54. Síndrome de hiperinsuflación pulmonar infantil. |
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Imagen
55. Malformación adenomatoidea quística tipo
I. |
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Cuando
evalúe lesiones hiperlúcidas determine si son hipertensas
(Imagen 56), es decir, si producen aumento importante del volumen
(descenso del hemidiafragma, desviación del mediastino, aumento
de los espacios intercostales etc.), porque se asocian a severa
dificultad respiratoria y a trastornos graves de la función
cardiovascular que ameritan una intervención rápida
con frecuencia de tipo quirúrgico. No olvide: dificultad
respiratoria acompañada de pulmón hiperlúcido
hipertenso: evaluación urgente por cirugía.
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Imagen
56. Neumotórax hipertensivo. |
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La
imagen hiperlúcida dibuja la silueta cardiovascular, está
entonces en el mediastino o en el pericardio, pero no en la cavidad
pleural ni en el parénquima pulmonar. Si las líneas
radiolúcidas dibujan la silueta cardiovascular y se extienden
por encima de la raíz aórtica, pudiendo llegar hasta
el cuello, se trata de un neumomediastino. El neumomediastino (Imagen
57) puede ser de origen traumático producido por aire que
escapa de los pulmones, de las vías aéreas o del esófago
hacia el mediastino, pero puede presentarse un neumomediastino espontáneo
en pacientes con crisis asmáticas por el llamado enfisema
intersticial: aire que, originándose en el pulmón,
llega al mediastino disecando los espacios perivasculares hasta
llegar al hilio y al mediastino, es decir, sigue el intersticio.
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Imagen
57. Neumomediastino. |
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Este
cuadro puede presentarse en presencia de cuerpo extraño con
atrapamiento de aire (Imágenes 58 y 59).
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Imagen
58. Neumomediastino intersticial. |
Imagen
59. Neumomediastino intersticial. |
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Imagen
60. Enfisema subcutáneo. Hay una línea radio-opaca
que es paralela al borde cardíaco izquierdo y al arco
aórtico, la cual representa la separación de
la pleura mediastínica. Igual hallazgo se presenta
al lado derecho siguiendo el perfil de la vena cava superior.
Coincide un neumotórax derecho. Neumomediastino. Neumotórax. |
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Imagen
61. Neumomediastino especialmente notable siguiendo el perfil
cardiovascular izquierdo. Concurre un neumoperitoneo. |
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Imagen
62. Presencia de aire en los tejidos blandos del cuello y
neumomediastino. Se encuentra un infiltrado alveolar parahiliar
izquierdo.
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Imagen
63. Neumomediastino y aparición de lesión hiperlúcida
redondeada que corresponde a un neumatocele estafilocóccico.
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| Imagen
64. Las neumonías por estafilococo suelen producir
grandes bulas subpleurales originadas por el efecto de las
enzimas proteolíticas del estafilococo sobre el parénquima
pulmonar. Con frecuencia atrapan aire y producen marcadores
de ganancia de volumen. Línea radiolúcida que
sigue el perfil derecho de la silueta cardiovascular y la
línea para aórtica. Neumomediastino por estafilococo. |
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| Figuras
65 y 66. Radiografías PA y lateral del tórax.
Niño con ruptura de tráquea cervical por trauma
cerrado (manubrio de bicicleta). Enfisema subcutáneo,
disección de los planos mediastinales por el aire,
claramente visibles en la radiografía lateral. |
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Un
cuadro de neumomediastino espontáneo puede aparecer en el
curso del trabajo de parto y el expulsivo. Podría presentarse
un nivel líquido mediastinal y en este caso el diagnóstico
será mediastinitis por probable perforación esofágica.
Algunos niveles localizados en el mediastino podrían estar
dentro del esófago en pacientes con obstrucción, acalasia
o hernia hiatal y, en pacientes con cirugías previas, podría
tratarse de niveles hidroaéreos dentro de un estómago
que yace en el tórax después de un ascenso gástrico
(Imagen 67) o dentro del colon en un enfermo que ha sido sometido
a interposición del colon.
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Imagen
67. Ascenso gástrico. |
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A
veces quedan dudas en el diagnóstico diferencial entre neumotórax,
neumomediastino o neumopericardio. Primero debemos decir que el
neumopericardio es una imagen que no supera la raíz aórtica
y que presenta el signo de los hemidiafragmas que se encuentran
(Imagen 68), explicado por la presencia de aire debajo del corazón
(En las radiografías normales del tórax no es posible
encontrar continuidad entre un hemidiafragma y el otro, a través
del corazón). La segunda opción, para lograr la diferenciación,
es ordenar una radiografía en decúbito lateral con
rayo horizontal, acostando al paciente sobre el lado sano: el neumomediastino
no cambiará, el neumotórax mostrará que el
aire se desplaza poniéndose en contacto con la pared torácica,
y en el neumopericardio la imagen aérea es capaz de pasar
libremente de un lado al otro de la línea media, pero como
es de esperar, sin superar los límites del saco pericárdico.
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Imagen
68. Neumopericardio. Signo de los hemidiafragmas que se encuentran. |
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Octavo paso. Radiolucidez difusa bilateral.
Hay
aumento general de la radiolucidez. Los pulmones son más
“negros” y se encuentran signos de ganancia de volumen
en ambos pulmones, definidos por hemidiafragmas que están
por debajo del 9° arco costal posterior (Imagen 69) o en la
radiografía lateral el ángulo que forma el hemidiafragma
con el esternón es igual o mayor de 90°. Las mejores
opciones son enfermedad pulmonar obstructiva crónica (E.P.O.C.)
o atrapamiento de aire por asma. Podría tratarse de algunas
causas raras de enfisema generalizado como es la deficiencia de
alfa 1 antiproteasa (alfa 1 antitripsina).
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Imagen
69. Hipertensión pulmonar secundaria. |
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Noveno paso. Radiolucidez de un sólo pulmón.
La
primera consideración que se debe hacer es estar completamente
seguro de que la hiperlucidez es verdaderamente de origen pulmonar,
debido a que algunas veces la hiperlucidez está relacionada
con factores extraparenquimatosos: las radiografías rotadas
son la primera causa de pulmón hiperlúcido unilateral.
Lo mismo sucederá cuando el tubo de Rayos X no queda centrado
en la parte media del tórax sino sobre uno de los hemitórax.
La falta de algunos tejidos de la pared torácica como la
mastectomía o el síndrome de Poland (Imagen 70) con
agenesia del músculo pectoral mayor, también darán
aspecto hiperlúcido al hemitórax.
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Imagen
70. Síndrome de Poland. |
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Si
se descartan las causas no pulmonares deben considerarse:
Pulmón
hiperlúcido unilateral: Un pulmón puede resultar hiperlúcido
por disminución del flujo vascular o por aumento del aire.
Se debe determinar cuál es el fenómeno predominante.
Es claro, que si se presenta aumento del aire en un pulmón,
se encontrarán los marcadores de ganancia de volumen, lo
que no sucederá si el fenómeno primario es una disminución
del flujo vascular pulmonar, caso en que el volumen estará
conservado.
1.
Con pobre flujo vascular pulmonar, volumen conservado y
dilatación de la arteria pulmonar: tromboembolismo
pulmonar masivo. Puede encontrarse disminución localizada
del flujo vascular pulmonar con amputación súbita
del flujo al nivel de una vaso arterial lo que significa,
también, embolismo pulmonar sin infarto. En algunos
casos, raros, faltará la arteria pulmonar por una
agenesia, pero con presencia de parénquima pulmonar
y de árbol bronquial. La presencia de una prominente
circulación a través de las arterias bronquiales
hace posible evidenciar algún tipo de flujo vascular
pulmonar, aunque ciertamente disminuido.
2. Con escaso flujo vascular, con marcadores de aumento
de volumen: cuerpo extraño endobronquial con atrapamiento
de aire por efecto de válvula (Imagen 71).
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Imagen
71. Atrapamiento de aire secundario a aspiración de
cuerpo extraño. |
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3.
El síndrome de Swyer James MacLeod (Imágenes
72 y 73), originado en una bronquiolitis obliterante de
la infancia demuestra pulmón hiperlúcido con
volumen pulmonar normal, ligeramente disminuido y ocasionalmente
aumentado.
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Imágenes
72 y 73. Pulmón hiperlúcido unilateral. Disminución
del flujo vascular pulmonar unilateral. |
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4.
Se presenta un aspecto de pompas de jabón: pulmón
bulloso.
5. Se trata de un niño con dificultad respiratoria,
hay marcadores de ganancia de volumen moderados o muy avanzados,
con compresión del parénquima pulmonar normal:
deben considerarse los diagnósticos de síndrome
de hiperinsuflación pulmonar infantil -enfisema lobar
congénito – (Imagen 74) o de una malformación
adenomatoidea quística pulmonar del tipo I -quistes
grandes- (Imagen 75) o tipo II (quistes pequeños).
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Imagen
74. Hiperinsuflación pulmonar infantil. |
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Imagen
75. Malformación adenomatoidea quística tipo
I (quistes grandes). |
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6.
El síndrome de pulmón hipogenético
demuestra un pulmón pequeño, hiperlúcido
por disminución del flujo vascular pulmonar y una
sombra vascular paracardiaca derecha que representa una
vena pulmonar que se dirige hacia abajo y desemboca en la
vena cava inferior constituyéndose en un drenaje
venoso pulmonar anómalo que por su configuración
se denomina síndrome de cimitarra.
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Lecturas recomendadas.
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