Texto de Cirugía Pediátrica


 

 


 

             
 

Radiología quirúrgica del tórax.
Examen fluoroscópico del tórax. VI.


Oscar Jaramillo Robledo, M.D.
Cirujano del Tórax
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
ESE Hospital Departamental Santa Sofía de Caldas
Manizales

Fernando Álvarez López
Cirujano Pediátrico
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales



El examen fluoroscópico del tórax (también llamado radioscópico) es un complemento muy útil a las radiografías del tórax, pues permite definir más exactamente las características de las lesiones en estudio, su localización precisa y es guía para la toma de muestras, bien sea a través de agujas percutáneas o de aparatos endoscópicos. Los exámenes complementarios como la ecografía y la T.A.C. de tórax que logran la definición muy precisa de la localización de las lesiones dentro del tórax y que dan mucha información acerca de su naturaleza, además de que guían con gran precisión las tomas de muestras por aspiración, han sustituido el examen fluoroscópico del tórax. En la práctica general estos últimos recursos no están ampliamente disponibles en nuestro país por lo que la fluoroscopia se convierte en un invaluable instrumento de trabajo en aquellos hospitales con niveles tecnológicos inferiores.

Cuando se trata de localizar la situación verdadera de una imagen, la maniobra que debe utilizarse es la rotación del paciente para observar el desplazamiento de la lesión. Aquellas lesiones que se desplazan siguiendo el esternón, están localizadas en la parte anterior del tórax y las que lo hacen acompañando a la columna vertebral estarán situadas en la parte posterior. La rotación más adecuada para el estudio del parénquima pulmonar estará entre 20 y 30 grados y se denominará de acuerdo al sitio del tórax que se ponga en contacto con la pantalla (oblicua anterior derecha u oblicua anterior izquierda). Es un hecho evidente que las lesiones que se encuentran cerca del eje vertical del tórax tengan un arco de movimiento más pequeño que las que están distantes de esta líena. Así, las lesiones periféricas sufren un desplazamiento considerable al cambiar la posición del paciente, hallazgo que no se observará en las lesiones centrales. Un ejemplo de como la forma de una lesión en las distintas proyecciones ayuda a un diagnóstico diferencial lo constituye el examen de las masas hiliares. Si uno intenta diferenciar en una masa redonda del hilio si se trata de una adenopatía o de la sombra de la arteria pulmonar, observará que al rotar el paciente la adenopatía mantendrá su forma redondeada, mientras que la arteria pulmonar mostrará, a medida que se rota al paciente, una elongación progresiva, consecuente con su forma.

Una imagen anormal en el tórax podría estar localizada en la pared torácica, en el parénquima pulmonar o en el mediastino. Para establecer su verdadera localización durante el examen fluoroscópico se estudia su movimiento durante el ciclo respiratorio. Es lógico pensar que las lesiones se mueven simultáneamente con aquellas estructuras de las que son parte integral. En este sentido la fluoroscopia ayuda a distinguir las lesiones que se localizan en el pulmón y que se mueven simultáneamente con las sombras vasculares pulmonares, de aquellas de la pared torácica que acompañan el movimiento de las costillas y, de otras inmóviles, se encuentran en el mediastino.

De nuevo, ante la sospecha del origen vascular de una lesión otras maniobras pueden ser usadas: durante la maniobra de Valsalva - espiración contra glotis cerrada con el tórax lleno al máximo de aire - se producirá un aumento de la presión intratorácica con caída del retorno venoso y, por lo tanto, reducción de la imagen sospechosa, si esta es de origen vascular. La maniobra contraria, maniobra de Müller - inspiración contra glotis cerrada - originará una caída de la presión intratorácica y un incremento del retorno venoso que producirá un aumento de la lesión estudiada, siempre y cuando la lesión sea de origen vascular. Una de las situaciones en que más se emplean este par de maniobras es en la diferenciación del cayado de la vena ácigos mayor de una lesión sólida - frecuentemente ganglionar - de localización muy similar. Como no todas las veces el paciente ejecutará bien ambas maniobras, la comparación de la imagen en posición de pies con la obtenida al acostarlo, es un sustituto adecuado. La observación de los pulmones en apnea post-espiratoria colabora en el diagnóstico de pequeños neumotórax.

La maniobra de olfateo permite demostrar el movimiento paradójico del hemidiafragma que se encuentra paralizado por una lesión del nervio frénico, es decir, su ascenso en vez de su descenso, al disminuir brusca y progresivamente la presión intratorácica a medida que se olfatea.

En la proyección lateral pueden diferenciarse los hemidiafragmas identificando la burbuja gástrica debajo del hemidiafragma izquierdo y notando que el hemidiafragma derecho puede ser seguido en toda su extensión mientras que la parte anterior del hemidiafragma izquierdo se pierde, confundiéndose con la sombra cardiaca.

Diferenciar entre un derrame pleural y un engrosamiento de la pleura, sin derrame, tiene consecuencias diagnósticas e implica procedimientos que pueden ser bien distintos. La fluoroscopia permitirá ver que el ángulo costo-frénico se aclara al acostar el paciente si se trata de un derrame y permanecerá oscurecido si es una pleura engrosada la responsable de su opacificación. Lógicamente en los derrames tabicados tampoco se producirá movilización de la opacidad lo cual debe siempre considerarse para no incurrir en errores al manejar pacientes con derrame pleural. La ecografía y la T.A.C. han simplificado de modo considerable estas dificultades. El examen fluoroscópico es de gran ayuda en el drenaje de las colecciones pleurales tabicadas, cuando la ecografía o la TAC no están disponibles.

La biopsia percutánea o la citología aspirativa transtorácica de lesiones parenquimatosas pulmonares, ameritan, sin excepción, su localización fluoroscópica, cuando se carece de orientación tomográfica. Cuando se trata de tomar biopsias de lesiones intraparenquimatosas con agujas finas (Aguja de Shiva por ejemplo), la orientación fluoroscópica es la que ha permitido que se pueda llegar a éstos nódulos o masas de manera precisa. Debe quedar claro que aquellas lesiones pequeñas son imposibles de localizar por examen radiológico y su biopsia deberá guiarse por T.A.C. La fibrobroncoscopia realizada en el servicio de radiología no debe ser una práctica rara. En las lesiones segmentarias o subsegmentarias pueden orientarse adecuadamente los cepillos o las pinzas de biopsia de los aparatos de endoscopia para obtener muestras de aquellos sitios alejados de la evaluación directa.

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