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| Eloy
López Marure, M.D.
Radiólogo Pediatra
Se
define como una colección de material purulento limitada
por una pared, la cual a su vez es condicionada por proceso inflamatorio.
Esto último lo hace factible de ser diferenciado por medio
de histología de focos de supuración en un proceso
inflamatorio difuso, como sería un proceso bronconeumónico
supurativo. En esta última enfermedad se pueden formar abscesos,
pero estos no son pútridos. Los émbolos sépticos
que se dirigen al pulmón por un proceso infeccioso a distancia
pueden desarrollar abscesos, pero estos a menudo aparecen como sombras
sólidas sin niveles hidroaéreos ya que no tienen comunicación
bronquial. El absceso pulmonar pútrido es diferente e importante
porque la enfermedad tiene un condicionante broncogénico
y tiene tendencia a progresar, lo cual lo hace susceptible de diversas
complicaciones y, por lo tanto, de tratamiento enérgico.
El
aspecto radiológico del absceso pulmonar es diverso y está
influido por varios factores: el estadío de la enfermedad,
las complicaciones pleurales, y la permeabilidad del bronquio aferente.
Ocasionalmente los hallazgos de un solo examen radiográfico
concluyen el diagnóstico; no obstante, en algunas ocasiones
este es difícil y se debe establecer la diferencia con neumonía,
tuberculosis o neoplasia cavitada. La tomografía computada
es un estudio con más sensibilidad para el diagnóstico
de absceso pulmonar. Este último aparece como una masa con
márgenes irregulares y una interfase pobremente definida
con el pulmón adyacente. Las paredes del absceso muestran
un reforzamiento en la densidad de sus paredes, siguiendo a la administración
del medio de contraste intravenoso. La cantidad de líquido
dentro del absceso también puede ser identificada, y este
mismo procedimiento puede ser utilizado para punción dirigida
de la lesión. En los estudios radiográficos simples
el diagnóstico se hace más evidente si se efectúan
exámenes seriados dentro del curso de la enfermedad. Este
diagnóstico puede ser sospechado en una zona de consolidación
que durante varios días no cambia su imagen y que a continuación
sufre cavitación; o bien la aparición de un derrame
pleural poco tiempo después de la formación de una
zona de consolidación.
| Característica
radiológica |
Absceso |
Empiema |
| Apariencia
de las paredes |
Gruesas |
Delgadas |
| Separación
pleural |
Ausente |
Positiva |
| Compresión
del tejido pulmonar |
Ausente |
Positiva |
| Angulo
sobre la pared del tórax |
Agudo |
Obtuso |
| Forma |
Redonda |
Lenticular |
En
su fase aguda, el absceso se inicia como una zona de neumonía
usualmente condicionada por broncoaspiración de material
sólido proveniente de orofaringe en donde existen microorganismos
capaces de producir putrefacción. La zona enferma generalmente
es única pues proviene de un bronquio segmentario. Cuando
el paciente se encuentra en decúbito dorsal, el sitio más
afectado es el segmento superior del lóbulo inferior o el
posterior del lóbulo superior. La zona bronconeumónica
se identifica a los pocos días de la aspiración. La
pleura vecina a la lesión experimenta inflamación
y se cubre el exudado fibrinoso, esto puede provocar adherencias
entre la lesión y la pared torácica. En forma aproximada,
una semana después de la aspiración se produce licuación
del tejido necrótico en el seno del proceso neumónico,
seguido por drenaje de este material a través del bronquio
correspondiente. Cuando es eliminado el material purulento y necrótico,
el aire penetra al interior de la cavidad y la interfase permite
el diagnóstico. Por lo general el bronquio afectado se estenosa,
el aire es reabsorbido y el pulmón se cura y colapsa en forma
focal. Todo este proceso es habitual que transcurra entre 6 a 10
semanas después del inicio de la enfermedad. Cuando el material
líquido tiene dificultad para ser drenado por medio del bronquio,
aparece un nivel hidroaéreo. De otra forma, si el bronquio
se obstruye en la fase activa, la sombra líquida no desaparecerá
en la radiografía del tórax, y más aún,
el aumento de la tensión en el interior del absceso hace
que se difunda a los tejidos pulmonares adyacentes. Si el bronquio
está obstruido solo en forma parcial, el aire entra y por
mecanismo de válvula queda aprisionado. Esto confiere una
dilatación de la cavidad del absceso. En estadíos
más avanzados, el absceso se caracteriza por signos de fibrosis
y colapso pulmonar. En el área pulmonar afectada se identifican
una o más cavidades de paredes gruesas y algunas veces con
tabicaciones. Ocasionalmente en la curación de un absceso
quedan pequeñas cámaras aéreas de paredes finas.
Estas se producen porque la cavidad en donde termina un bronquio
se ha epitelizado, antes de que se haya obliterado por tejido fibroso.
Otro tipo de cámaras aéreas, son los neumatoceles,
los cuales se desarrollan por acodamiento de pequeños bronquios
por tejido cicatrizal o por estenosis de estos mismos resultantes
de una enfermedad grave. Estos eventos hacen que exista una obstrucción
de tipo valvular, seguida de un enfisema local severo. La sobredistensión
puede ser de tal magnitud, que desgarre las paredes de los alvéolos,
produciendo un gran espacio aéreo. El pulmón adyacente
se condensa y se forma por lo tanto una pared lisa. Este espacio
aéreo se reduce y desaparece, conforme la comunicación
bronquial se oblitera en el curso de la enfermedad. Cuando la curación
es completa, en los estudios radiográficos se puede contemplar
únicamente una fina franja de fibrosis o, en raras ocasiones,
permanece un pequeño quiste aéreo en el interior del
pulmón.
Lecturas
recomendadas.
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