Texto de Cirugía Pediátrica


 

 


 

             
 

Quemados
La mano quemada


María Ángela Gómez Martínez, M.D.
Cirujana Plástica
Bogotá, D.C.

 

Objetivos

 

 


La reparación y la rehabilitación de la mano lesionada es una de las tareas quirúrgicas más fascinantes – es un desafío a la destreza y a la ingenuidad. Sobretodo es trabajo del artesano para el artesano, para los que confían en sus manos y sin los cuales “no puede una ciudad ser habitada”.

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Introducción.

Dadas las funciones de manipulación, exploración y defensa de las manos, no es inusual que se encuentren comprometidas en un accidente térmico, ya sea en forma aislada o en el marco de una quemadura más extensa. De hecho, el miembro superior y la mano están afectados en cerca del 40% de todos los casos de quemaduras. El manejo inadecuado de las quemaduras en las manos generalmente produce un pobre aspecto cosmético, deformidades y rigideces limitación funcional importante.que limitan gravemente la función de la mano.

Las deformidades y la pérdida funcional pueden ser prevenidas o minimizadas disminuídas con la movilización temprana, la ferulización en posición adecuada, la prevención y el tratamiento de la infección, la cicatrización óptima de las lesiones superficiales, la escarectomía y la cobertura temprana de las lesiones profundas, una fisioterapia intensiva y las medidas de control del proceso cicatricial. Cada uno de estos factores será considerado en detalle en este capítulo.

Epidemiología.

Cerca del 60% de las quemaduras de las manos en los niños se producen en niños los menores de 4 años y de ellas casi el 80% suceden en el hogar, en accidentes previsibles prevenibles. A partir de los 4 años la incidencia va disminuyendo, para registrar un nuevo pico en la preadolescencia y adolescencia, cuando las actividades se empiezan a parecer a las de los adultos. La naturaleza de la quemadura en el niño está relacionada con su edad. La mayoría de las quemaduras en los menores de tres años son escaldaduras, que se producen al derramarse un líquido hirviente o por inmersión en una tina con agua caliente. Usualmente estas quemaduras tienen marcas de salpicaduras y distribución irregular (Fig. 1). Si observamos una escaldadura con límites muy definidos, en guante o en media, esta puede ser el resultado de una inmersión intencional y se debe sospechar el maltrato. (1)(Fig.2). Los menores de 3 años también sufren quemaduras por contacto en la palma o el aspecto palmar de los dedos, al tocar planchas, estufas, ollas, asadores, hornos o calentadores; algunas de estas quemaduras pueden ser muy profundas.(Fig.3)

A pesar de las advertencias vigorosas acerca del peligro del fuego, los niños se fascinan con él y los niños mayores son víctimas de quemaduras más severas por llama al jugar con fósforos, agregar combustibles a fogatas o la chimenea o realizar experimentos caseros con elementos explosivos.

En nuestro medio el uso indiscriminado de la pólvora por particulares es una etiología frecuente de quemaduras en los niños.

Ocasionalmente se presentan quemaduras eléctricas, la mayoría de bajo voltaje en accidentes caseros; en unas ocasiones la piel entra en contacto directo con cables expuestos y son las más profundas y graves (Figs. 4-a y 4-b). El mecanismo más frecuente en los niños es la introducción de un objeto en el orificio del tomacorriente, generando un corto; el fogonazo producirá quemaduras superficiales alrededor de zonas pequeñas de quemadura profunda en los puntos de contacto. Las lesiones tendinosas o nerviosas son raras por este mecanismo.

Los niños de todas las edades pueden sufrir quemaduras por llama como parte de una quemadura más grande en incendios y accidentes de automóvil. En forma carácterística, estas quemaduras son muy profundas en el dorso de la mano y el antebrazo, puesto que las manos se usan en forma refleja como escudo para proteger la cara.

Clasificación.

Debido a la necesidad de establecer un plan de tratamiento en forma precoz, la clasificación de la profundidad de la quemadura en las manos reviste particular importancia, puesto que ella determina el tiempo de cicatrización, la necesidad de hospitalización o tratamiento quirúrgico, el potencial de formación de cicatrices y el grado de limitación funcional posterior. En muchos casos es difícil decidir en qué manos se puede permitir la cicatrización espontánea y cuáles necesitan resección del tejido quemado e injertos, incluso para cirujanos con amplia experiencia en el tema.

La historia clínica es de gran utilidad para determinar el tipo y temperatura del agente etiológico, la duración del contacto, la superficie afectada y la presencia de ropa sobre el área quemada. También es esencial saber qué tipo de tratamiento se le dio a la quemadura inmediatamente después de la lesión. El agua de una olla que está sobre la estufa producirá una quemadura más profunda que la del café que lleva varios minutos servido en una taza. La grasa de un sartén es más caliente y mantiene su alta temperatura en la superficie de la piel durante más tiempo que el agua hirviendo la cual se desliza rápidamente de la piel. Igualmente la ropa caliente y mojada impide que el calor se disipe rápidamente. El fogonazo es distinto a la exposición prolongada a la llama.

Hay que recordar que la piel del niño es en general más delgada que la del adulto y que la piel del dorso está a la vez más expuesta y es más fina que la de la palma.
El examen físico es importante en la determinación de la profundidad de la quemadura, aunque a veces no es conclusivo. Desde el punto de vista práctico se debe establecer si se trata de una quemadura superficial (epidérmica) o de espesor parcial superficial (compromiso de la dermis superficial), con eritema y flictenas delgadas, pequeñas y diseminadas que no va requerir tratamiento quirúrgico, o de una quemadura más profunda (Fig. 5). Las quemaduras de espesor parcial profundo (compromiso de la dermis profunda), las de espesor total y las quemaduras profundas que afectan estructuras subcutáneas como tendones, articulaciones o hueso necesitan de tratamiento quirúrgico precoz. El problema se plantea en el diagnóstico de la profundidad de ciertas quemaduras de espesor parcial y en estos casos es conveniente adoptar una posición expectante durante 48 a 72 horas, antes de decidir sobre el manejo definitivo que se dará al paciente; aunque existen ayudas diagnósticas como el Doppler-laser, el ultrasonido y la inyección endovenosa de fluoresceína, ninguna vale por reemplaza el ojo clínico de un examinador experimentado. (1). Mención aparte merecen las quemaduras eléctricas y las quemaduras químicas, dado que el daño profundo no es aparente al comienzo y deben ser examinadas diariamente hasta que éste se delimite. Este manejo prudente no excluye la resección del tejido evidentemente necrótico y pueden ser necesarios varios desbridamientos a medida que se va delimitando la lesión.

Manejo de las quemaduras superficiales.

Las quemaduras epidérmicas sólo requieren manejo sintomático, consistente en analgésicos, aplicación de lociones humectantes y ejercicios activos para mantener los arcos de movimiento. La epitelización se produce en 4 o 5 días y casi nunca dejan cicatrices. Sin embargo es conveniente el empleo de bloqueadores solares con factor de protección de 30 o 40 durante un par de meses para prevenir la aparición de cambios pigmentarios.

Manejo ambulatorio de las quemaduras de segundo grado superficial.

(Si vamos a sugerir manejo ambulatorio deberemos especificar muy bien las indicaciones; ej: que no comprometa superficies articulares, dorso de la mano, facilidad de acceso a los controles, factores sociales etc; recordemos la permanente lucha con las EPS y las glosas en las unidades de quemados).

Los niños con quemaduras pequeñas de espesor parcial superficial (segundo grado superficial), sin otras lesiones asociadas y con adecuado soporte familiar pueden ser manejados ambulatoriamente en forma segura. (5). El manejo de urgencia inicial, consiste en la administración de analgésicos previa a un lavado con jabones suaves y agua tibia. Las lesiones son luego enjuagadas con abundante solución salina. Las flictenas rotas o de gran tamaño deben desbridarse suavemente con una gasa y las flictenas pequeñas pueden dejarse intactas si están íntegras. Diversos estudios indican que estas flictenas se comportan como un apósito biológico y se ha demostrado la difusión de los antibióticos hasta el exudado; no es conveniente, en cambio, perforar las flictenas grandes para evacuar su contenido pues la epidermis actúa como , dejando la epidermis como apósito, lo cual disminuye , pues se aumenta el riesgo de infección de la herida.(4). Las areas quemadas se cubren luego con gasas embebidas en nitrofurazona, ungüento con bacitracina o con ácido fusídico. Las manos son vendadas suavemente con algodón laminado o gasa e inmovilizadas en una férula en posición protectiva o posición de función como se describirá más adelante.

Personalmente considero que el manejo ambulatorio (el mismo comentario acerca del manejo ambulatorio). de estas quemaduras con nitrato de plata es incómodo para el niño ya que es necesario utilizar vendajes más oclusivos y prefiero otras opciones. Y aunque el método abierto con aplicación de rifampicina tópica puede ser útil en pequeñas quemaduras en otras regiones, en las manos de los niños, tan expuestas a la contaminación del ambiente y de los patógenos orales, conviene utilizar un método cerrado. (no me quedó claro el concepto pues inicialmente dice que no se prefiere el vendaje oclusivo, en la segunda parte del parrafo recomienda un metodo cerrado. Yo me inclinaría en recomendar el método cerrado).
En todos los casos conviene asegurarse de que el esquema de vacunación antitetánica este al día y en caso de duda debe darse un refuerzo. (Comentario siempre pertinente pero no se si deba ser el sitio para colcarlo)

El paciente puede ser dado de alta con fórmula de analgésicos y antibióticos orales (dicloxacilina o cefalexina por cinco a siete días –vamos a recomendar el uso de antibóticos profilácticos de rutina o es sólo una recomendación para el manejo ambulatorio; ) y los familiares deben ser instruidos acerca de los signos de alarma como fiebre, dolor persistente, anorexia o celulitis. El primer control debe ser al día siguiente y básicamente se siguen los mismos pasos que en la cura inicial, inspeccionando la quemadura en busca de signos de infección y monitorizando el edema para asegurarse de que no hay alteraciones de la perfusión. Este es también un buen momento para evaluar el cuidado que la familia ha tenido con los vendajes y con el niño en general. Al menor signo de descuido o de complicaciones conviene optar por el manejo hospitalario. La fisioterapia debe comenzar a partir del segundo día, por lo menos una vez al día, con movimientos pasivos para conservar los arcos de movimiento. En algunos casos y a criterio del fisioterapeuta, los padres pueden ser instruídos para realizar movilizaciones pasivas suaves en el hogar. Los demás controles pueden ser diarios o interdiarios según la evolución, hasta que las areas quemadas hayan epitelizado completamente, siete a diez días después de la quemadura. Si pasado este lapso no hay epitelización completa, se trata de una quemadura de espesor parcial profundo, que puede cicatrizar con contractura y se debe considerar la conveniencia de injertarla (Figs. 6 a y b). Una vez epitelizada la quemadura debe continuarse el manejo con lociones humectantes y bloqueadores solares para prevenir los cambios cromáticos, seguir la fisioterapia hasta conseguir una movilidad activa completa y monitorizar la evolución de las cicatrices, al menos una vez al mes. Algunos pacientes necesitan antihistamínicos orales para el control del prurito, ya que el rascado de estas áreas recientemente epitelizadas puede producir lesiones profundas.(5). Las secuelas de estas quemaduras son los cambios cromáticos (hipo o hiperpigmentación) y ocasionalmente las cicatrices hipertróficas, cuyo manejo revisaremos más adelante. Rara vez en estos pacientes se presentan retracciones cicatriciales que requieran de ferulización prolongada o de revisiones quirúrgicas.

Manejo de las quemaduras profundas.

Las quemaduras profundas requieren manejo hospitalario del paciente. La extensión de la lesión no debe ser el único criterio de hospitalización y deben tenerse en cuenta la edad, las lesiones asociadas o los problemas médicos coexistentes y la confiabilidad del grupo familiar. Es mejor hospitalizar un paciente en condiciones clínicas limítrofes, que arriesgarse a una complicación de un manejo ambulatorio inadecuado, como la profundización de la lesión, la infección o la contractura, con sus costos funcionales. Como muchas lesiones térmicas de la mano son parte de un cuadro mayor de quemadura, es imperativo que el examen físico sea completo y que la atención inicial y la resucitación reanimación del paciente tengan prioridad sobre el manejo de la extremidad superior, pero una valoración insuficiente de la misma puede tener consecuencias fatales para el miembro.

El principio más importante en el manejo inicial del miembro superior quemado es el mantenimiento de una perfusión adecuada, la cual depende de una reanimación vigorosa adecuada para mantener el volumen circulante y del manejo de las obstrucciones mecánicas del flujo sanguíneo hacia la extremidad. Al edema severo característico de las quemaduras graves, se suma el efecto de torniquete de las escaras (circunferenciales o no) para producir la insuficiencia vascular. La mano debe ser examinada frecuentemente durante el periodo de reanimación, para detectar precozmente dicha insuficiencia vascular y ésta a su vez debe ser diferenciada de la hipovolemia secundaria a una reanimación insuficiente. Cuando se valora la perfusión periférica es importante revisar signos más sutiles que la mera presencia o ausencia de pulsos en las arterias radial o cubital, dado que el flujo en estos vasos puede estar presente cuando el flujo en los tejidos distales ya se ha interrumpido. Si la mano está caliente y blanda y hay flujo en el arco palmar o las arterias digitales demostrable por Doppler, el flujo es adecuado. Cuando la mano está dura y fría, no hay evidencia de flujo en el arco palmar o las arterias digitales, hay disminución de la movilidad voluntaria, la mano adopta una actitud en garra y hay dolor en la extensión pasiva de los dedos, la perfusión distal está comprometida y deben realizarse las escarotomías inmediatamente hecho el diagnóstico.

La presión tisular mayor de 30 cm de agua soporta el diagnóstico, pero generalmente es innecesario medirla cuando se han monitorizado estrechamente los cambios en la perfusión. En presencia de quemaduras circunferenciales de espesor total con una escara gruesa la necesidad de escarotomías es obvia y debe procederse a realizarlas antes de que se presente la insuficiencia vascular.

Técnica de la escarotomía.

La escarotomía se puede realizar con electrocauterio, y en la cama del paciente en condiciones de asepsia y con la ayuda de analgesia o sedación, o en el quirófano bajo anestesia general. Para mayor seguridad se pueden dibujar primero las incisiones a realizar con violeta de genciana o mercuriocromo. La primera incisión se hace sobre el borde radial del antebrazo y lateral del brazo, directamente con el electrocauterio, incidiendo la escara hasta llegar al tejido normal y teniendo cuidado de no lesionar la rama cutánea del nervio radial. Si no hay mejoría circulatoria se procede a realizar la incisión sobre el borde cubital del antebrazo y medial del brazo, pasando anteriormente al epicóndilo medial para no lesionar el nervio cubital. Cualquiera de la dos incisiones debe prolongarse a través del pliegue distal del antebrazo hacia la palma de la mano, en el eje del cuarto dedo. En este paso debe incidirse estrictamente la escara por el riesgo de lesión de los nervios mediano, cubital o los tendones flexores (Figs. 7 a, b y c). El dorso de la mano se descomprime mediante dos incisiones sobre el segundo y el cuarto metacarpianos a través de las cuales se hacen las fasciotomías de los músculos intrínsecos; en caso de que aún hubiere compromiso vascular de los dedos la escara se incide en forma longitudinal desde la base hasta la punta del dedo sobre el borde radial del pulgar y del meñique y el borde cubital del índice, medio y anular (para proteger los pedículos dominantes en cada dedo). Es infrecuente tener que liberar los dedos por sus dos lados (Figs. 8 a y b).

En casos de quemaduras eléctricas o quemaduras de cuarto grado, en los que suelen ser necesarias las fasciotomías, es prudente realizar ambos procedimientos en el quirófano, para poder descomprimir adecuadamente los compartimientos musculares y liberar el túnel carpiano, adicionalmente a las incisiones ya descritas.

Una vez hechas las escarotomías se realiza una hemostasia cuidadosa, se curan las heridas con el agente de elección (sulfadiazina de plata o gasas con ungüento de bacitracina) que debe evitar la desecación y se vendan con gasa y algodón. La primera movilización pasiva puede llevarse a cabo en este momento y si el paciente coopera, debe ser instruido para que mueva los dedos y la muñeca aunque sea mínimamente. Incluso las contracciones isométricas tiene la virtud de movilizar el edema de la extremidad eficazmente; acto seguido la mano es inmovilizada en posición protectivaprotetora.

Inmovilización y ferulaje.

Los efectos del dolor y el edema se combinan para que la mano quemada adopte una posición característica: flexión de la muñeca, extensión de las articulaciones metacarpofalángicas, flexión de las interfalángicas y aducción del pulgar. Si el miembro superior está comprometido el codo está flexionado y el hombro aducido; si esta posición de máxima comodidad para el paciente se mantiene aunque sea por poco tiempo, la limitación funcional resultante será grave. El edema se trata con una combinación de elevación de la extremidad y ejercicios activos y pasivos. La fisioterapia debe comenzar en las primeras 48 horas post quemadura. La mano debe ser inmovilizada en una férula hecha sobre medidas, idealmente en material termoplástico lavable y debe mantener la muñeca en neutro o 15-20° de extensión, las articulaciones metacarpofalángicas en 70-80° de flexión, las interfalángicas en extensión y el pulgar abducido (Figs. 9 a, b y c). En mi experiencia frecuentemente la muñeca queda demasiado extendida, lo cual genera una interrupción del retorno venoso que en la mano se hace principalmente por las venas dorsales, perpetuando el edema y la rigidez. Por eso creo que es más seguro dejar la muñeca en neutro. Esta posición también es más ventajosa cuando las quemaduras son dorsales, pues se previene la retracción tisular en la muñeca. La férula se usa permanentemente entre las sesiones de fisioterapia, hasta la remisión del edema y luego de manera intermitente o solamente de noche dependiendo de la cantidad de movilidad activa que pueda realizar el paciente. Los niños muy pequeños y los pacientes mayores que no puedan cooperar con el tratamiento de rehabilitación, tienen que usar la férula en forma permanente.
Se puede decir algo sobre las tracciones esqueléticas ¿

Tratamiento quirúrgico de las quemaduras en las manos.

Sólo las quemaduras profundas muy pequeñas pueden dejarse cicatrizar por segunda intención, pues estas heridas cierran por contracción e inevitablemente generan problemas funcionales. El tratamiento quirúrgico de las quemaduras profundas es la resección tangencial o secuencial de la escara, seguida de injertos de piel. El procedimiento se realiza tan pronto como sea posible y una vez restablecido el equilibrio fisiológico, con unos signos vitales satisfactorios, adecuado gasto urinario y parámetros sanguíneos cercanos a lo normal, incluyendo un hematocrito suficiente y buenos niveles de proteínas séricas.(6,9). En los grandes quemados puede ser necesario retardar el proceso de excisión e injertos en las manos hasta que se hayan retirado manejado otras zonas quemadas. En el e Entretanto el rango de movilidad y la posición deben ser mantenidos para obtener mejores resultados. En general, en los niños, mientras más precozmente se haga, mejor es la tolerancia al procedimiento. La extensión de la superficie corporal quemada a resecar es variable, pero no se recomiendan excisiones mayores del 20% y las manos y la cara deben ser tratadas en forma prioritaria.

La excisión tangencial en el miembro superior debe hacerse bajo torniquete (1,2,3,6,8,10), a 200mmHg de presión para los niños. Si la hemoglobina es de 10 o menos es prudente iniciar la transfusión al comienzo de la cirugía. El desbridamiento se puede hacer con cuchilla de bisturí, dermátomo o por dermoabrasión; con cualquier sistema el objetivo es retirar el tejido quemado en láminas delgadas hasta encontrar tejido viable, que pueda soportar el injerto (Figs. 10 a, b y c). La determinación del nivel de resección es particularmente difícil con el uso del torniquete y requiere de gran experiencia del cirujano. En la duda es preferible dejar tejido necrótico que eliminar tejido viable. Antes de liberar el torniquete se realiza la hemostasia minuciosa con el electrocauterio y se preparan compresas empapadas en una solución de epinefrina al 1:10000 (7), con las cuales se envuelve la extremidad y se venda suavemente al tiempo que se libera el torniquete. Es conveniente esperar 10 minutos antes de retirar las compresas para terminar la hemostasia. Aunque se ha registrado una elevación de las catecolaminas después de usar epinefrina para ayudar a la hemostasia, las complicaciones son infrecuentes, posiblemente porque después de las quemaduras la sensibilidad cardiovascular a las catecolaminas está disminuida. Esto explicaría los cambios mínimos en la presión arterial y la frecuencia cardiaca luego de la aplicación tópica de esas altas concentraciones de epinefrina. Existe la alternativa de usar gasas con trombina, pero para esas grandes extensiones su costo en nuestro medio resulta prohibitivo.

Si se logra un lecho receptor viable con hemostasia satisfactoria se procede a tomar los injertos de piel, los cuales se colocan sobre las áreas cruentas y se fijan en sus bordes, dándoles su mayor extensión. Idealmente en la mano se deben colocar injertos en lámina y según las unidades cosméticas de la misma (Figs. 11 a y b), para obtener una mejor cicatrización, pero si hay poca disponibilidad de zonas donantes se pueden enmallar, teniendo la precaución de que el enmallado quede en la misma dirección en toda la zona injertada. No hay que olvidar que el cuero cabelludo es una excelente zona donante de injertos, tanto en el gran quemado, como en las quemaduras pequeñas que requieran cobertura y en las que no se quiera dejar la cicatriz de la zona donante. A pesar de sus indudables ventajas, en nuestro medio es difícil que los familiares y algunas veces los pacientes (sobretodo las adolescentes) acepten la rasurada y el uso del cuero cabelludo como zona donante de injertos.

Cuando el aspecto de la superficie desbridada no es satisfactorio y ante la posibilidad de perder valiosos injertos, es preferible cubrir el área con apósitos que prevengan la desecación del tejido en injertar 24 o 48 horas más tarde. La secuencia de estas resecciones tangenciales debe planearse cuidadosamente, tanto para sacar el mayor provecho de las zonas donantes, como para evitar someter al paciente a ayunos prolongados y frecuentes que vayan en contra de su recuperación nutricional.

Las áreas injertadas se cubren con gasas con nitrofurazona o bacitracina, manteniendo los injertos en su sitio. La extremidad se venda con algodón laminado y se inmoviliza en la posición de protección durante cinco días, al cabo de los cuales se realiza la primera curacion, humedeciendo bien los vendajes antes de retirarlos para no desprender los injertos. Se verifica la integración de los mismos y se vuelven a poner los vendajes de manera similar. La segunda curación se hace al séptimo día, momento en el cual se reanudan las sesiones de fisioterapia con movimientos activos y pasivos limitados. Tan pronto como sea posible se mantendrán las zonas injertadas al aire y se estimularán los movimientos activos con mayor intensidad (Figs. 11 a y b). Es importante proveer humectación constante de los injertos para prevenir la xerosis y la formación de úlceras.

Existe un debate permanente acerca del manejo de las quemaduras en las palmas de las manos. Aunque la mayoría de estas lesiones pueden cicatrizar sin injertos por el mayor grosor de la piel en la palma, algunas quemaduras por contacto y las quemaduras eléctricas requieren resección de la escara e injertos. Debido a que las retracciones en flexión en la palma suelen ser severas es deseable injertarla con piel de espesor total, tomada de la región inguinal. Este tipo de injertos tiene la ventaja de que se retraen menos secundariamente, conservan los apéndices cutáneos (glándulas sudoríparas y glándulas sebáceas) lo que les permite mejor humectación y la zona donante se cierra primariamente. Desafortunadamente tienden a hiperpigmentarse, lo cual deja un pobre aspecto cosmético. También pueden volverse peludos al llegar a la pubertad, situación que hoy en día se resuelve fácilmente con la depilación con láser. La mano debe ser inmovilizada en extensión de los dedos en estos casos. Por lo demás el manejo postoperatorio es igual que en los injertos de espesor parcial. Cuando se trata de quemaduras profundas que afecten el mecanismo extensor, las articulaciones o el hueso el manejo es más complejo y menos satisfactorio. El resultado depende de la lesión inicial, pero muchos de estos niños podrán desempeñar las actividades básicas cotidianas si reciben el cuidado apropiado.

Cuando la zona quemada es pequeña se puede recurrir a la escarectomía y la cobertura precoz con colgajos cutáneos pediculados o colgajos microvasculares. En las lesiones más grandes puede resultar difícil la cobertura con colgajos y se debe mantener una posición funcional con terapia y férulas para mejorar el pronóstico final.

En el momento de realizar la cobertura, las articulaciones son fijadas en posición funcional con clavos de Kirschner axiales. Se injertan las zonas posibles y las articulaciones y el hueso se dejan granular, para luego injertar. Durante todo este proceso es importante evitar la desecación de las estructuras expuestas. En estos pacientes todo el proceso de cicatrización y rehabilitación se demora y se complica por las fijaciones articulares, las lesiones de las estructuras profundas y las adherencias entre las mismas.

Cuidados tardíos.

El paciente puede ser dado de alta cuando las heridas estén cubiertas o aún con pequeñas áreas cruentas residuales. En condiciones ideales debe llevar sus férulas modificadas según su estado a la salida y deben haberse tomado las medidas para la confección de las prendas de presión, que necesitará para el manejo de las cicatrices. Las citas de control con todos los integrantes del equipo de seguimiento (cirujano pediátrico, fisioterapista, psicólogo, trabajador social, cirujano plástico) deben estar asignadas al salir. Los padres y familiares reciben las recomendaciones por escrito para facilitar el manejo en el hogar; estas deben incluir el baño diario en ducha con jabones suaves, seguido de la aplicación de lociones humectantes, el uso permanente de las prendas de presión recomendadas, los ejercicios pasivos y activos del plan casero de terapia, mantener una nutrición balanceada y usar las férulas según indicación. Todo ello representa una gran cantidad de atención para el paciente por parte de sus familiares y el núcleo familiar debe reorganizarse alrededor de esas necesidades, lo cual es complicado y requiere algún tiempo. El tratamiento quirúrgico precoz y la fisioterapia iniciadas inmediatamente después de la lesión logran disminuir las secuelas tardías y evitar las deformidades grotescas del pasado. El seguimiento periódico es esencial para la consecución de buenos resultados funcionales. Durante las visitas de control, no menos de una al mes durante el primer año, se verificará el cumplimiento de los cuidados domésticos (sobretodo en lo que concierne a la constancia en el uso de las prendas de presión), se aclararán las dudas o se modificarán las indicaciones y se monitorizará la evolución de las cicatrices. La comunicación con los demás integrantes del grupo tratante debe ser permanente para intercambiar impresiones durante los primeros meses post quemadura.

Manejo de las cicatrices.

A pesar de todos los cuidados las quemaduras siempre dejan secuelas cicatriciales más o menos severas. Las menos importantes son los cambios de coloración, hipo o hiperpigmentación, los cuales dan un aspecto cosmético pobre pues las manos no pueden ser ocultadas como otras partes del cuerpo, pero no producen limitación funcional. Otra secuela es la hipertrofia de las cicatrices; cuando las manos han sido injertadas con láminas, la hipertrofia se observa sólo en los límites entre los injertos y responde bien al tratamiento con masajes y el uso de prendas de presión y láminas de gel de silicona (Figs. 13 a y b). Cuando los injertos han sido enmallados o cuando la cicatrización por segunda intención se ha demorado más de 3 semanas se desarrollan cicatrices hipertróficas en parches, los cuales por sí mismas pueden producir limitación funcional (sin que haya retracción) si están sobre las articulaciones o los pliegues. También mejoran con el uso de prendas de presión y láminas de gel de silicona, pero requieren infiltraciones intralesionales con triamcinolona para ayudar a disminuir la hipertrofia. Las retracciones cicatriciales se producen cuando la piel es insuficiente en un área determinada, ya sea porque no se realizaron injertos o porque las necesidades elásticas de la zona superan la elasticidad del injerto, así éste sea de buena calidad. Adicionalmente un paciente que sufre una quemadura en las manos siendo muy niño, con el crecimiento tendrá una insuficiencia cutánea, aunque el manejo haya sido óptimo. Algunas retracciones se pueden controlar con férulas y estiramientos. Particularmente útiles son las férulas para las comisuras y para la palma de la mano. Las retracciones en flexión de la muñeca o los dedos son más difíciles de tratar con la ayuda de férulas por la potencia de las fuerzas deformantes. Cuando estas retracciones cicatriciales comprometen la función presente o amenazan con producir deformidades fijas, está indicado realizar la revisión quirúrgica de las mismas antes de que las cicatrices estén maduras. Las primeras revisiones pueden hacerse tan pronto pase el período inflamatorio. Las zonas que más frecuentemente requieren revisión con zetaplastias o reinjertación son los espacios comisurales, el pliegue los pliegues volar o dorsal de la muñeca de la muñeca dorsal o volarmente y los pliegues digitales palmares. Después de las revisiones hay que intensificar la fisioterapia y el ferulaje para evitar la recidiva de la retracción. Aún así los niños requieren revisiones periódicas de las cicatrices durante todo el periodo de crecimiento.

Fisioterapia.

Los objetivos de la fisioterapia durante la fase inicial son el control del edema y comenzar y mantener la movilidad activa. La extremidad se eleva al nivel del corazón y durante los primeros días no se utilizan vendajes compresivos pues no tienen efecto sobre el edema y pueden comprometer la circulación. Las sesiones de movilización activa coinciden con los cambios de curación, deben ser cortas y eficaces y obtener el máximo de movilidad en cada sesión. En las quemaduras profundas con compromiso de los tendones o las articulaciones, la movilización se hace en forma pasiva y suavemente para no producir lesión adicional o ruptura tendinosa. Dependiendo del daño, se pueden permitir la flexoextensión de las articulaciones metacarpofalángicas con las interfalángicas en extensión, la abducción y aducción de los dedos y la oposición del pulgar a los dedos. Los niños muy pequeños tienen tendencia a flexionar los dedos bruscamente, posibilidad a tener en cuenta durante las sesiones. Las quemaduras palmares rara vez comprometen los tendones flexores y no hay restricciones en la rutina de ejercicios activos, que pueden incorporar juegos. Los estiramiento pasivos de la palma longitudinales y transversales y tranversalmente son importantes en estas quemaduras para completar cada sesión. La frecuencia de las sesiones varía de 2 diarias a varias sesiones dependiendo de si se ha obtenido o no un rango de movilidad completa en la mano. Al final de cada sesión se colocarán las férulas en posición de función, las cuales tienen que estar perfectamente adaptadas para evitar que el niño enrolle los dedos cuando siente la férula grande. En los bebés se puede obviar la posición en flexión de la metacarpofalángica para lograr el beneficio mayor de mantener los dedos estirados. Cuando las quemaduras han cicatrizado el objetivo de la fisioterapia es contrarrestar el curso natural de la cicatriz de hacia la contracción mediante la elongación y la compresión. Los movimientos activos se realizan a través de juegos específicamente diseñados y gradualmente se aumenta la resistencia, complementados con estiramientos y masajes hasta lograr la movilidad articular completa, que debe buscarse sin tregua. Los masajes se hacen con la crema de elección para dar más lubricación. Además de estirar la cicatriz ayudan a desensibilizarla a través de la estimulación táctil.

La mayor parte de las rutinas deben incorporarse en un plan casero para ser realizadas por los familiares varias veces al día adicionalmente a la sesión diaria de fisioterapia. Las férulas dinámicas, con tracción elástica en flexión o extensión selectivamente, pueden usarse cuando la tendencia retráctil no mejora con la terapia. Si esto tampoco resulta eficaz, está indicada la revisión quirúrgica.

Resumen.

El tratamiento integral de la mano quemada del niño debe ser enfocado al restablecimiento de la actividad normal en el menor tiempo posible, a disminuir la pérdida funcional y a prevenir las deformidades. Para alcanzar estos objetivos es necesario el conocimiento de los factores que contribuyen a la pérdida funcional, a la deformidad y la manera en que son previsibles de manera importante en el paciente pediátricoforma de prevenirlas. El tratamiento del niño con la mano quemada debe ser planeado por un equipo multidisciplinario de acuerdo a las necesidades de cada paciente y debe contemplar el plan de curaciones, la movilización precoz, el ferulaje, el manejo quirúrgico temprano con excisión tangencial e injertos de piel, la fisioterapia y el manejo de las cicatrices.


Leyendas de Fotos

Fig. 1 Escaldadura por inmersión accidental. Obsérvese la irregularidad de los límites y las salpicaduras proximales.
Fig. 2 Escaldadura por inmersión intencional. Obsérvese la nítida definición de los bordes.
Fig. 3 Quemadura por contacto con una superficie caliente en la palma de la mano.
Fig. 4 a Quemadura eléctrica de bajo voltaje por contacto directo con el cable. Aspecto a los 4 días.
Fig. 4 b Aspecto de la quemadura a las 3 semanas, cicatrización por segunda intención por contracción de la herida, con deformidad en flexión de la articulación interfalángica distal.
Fig. 5 Quemadura de segundo grado superficial o de espesor parcial superficial. Las flictenas son delgadas y la piel se blanquea a la presión.
Fig. 6 a y b Vistas dorsal y palmar de una quemadura de segundo grado profundo o de espesor parcial profundo por escaldadura, la cual no ha epitelizado completamente al cabo de 4 semanas. Están indicados los injertos tardíos.
Figs. 7 a, b, c Diseño de las incisiones de escarotomía en la mano.
Fig 8 a Incisiones en el dorso de la mano y abordaje de los compartimientos intrínsecos.
Fig 8 b Incisiones para las escarotomías digitales.
Fig. 9 a Posición de función o de protección de la mano.
Fig. 9 b Diseño de la férula más comúnmente usada.
Fig. 9 c Férula in situ después de curación.
Fig. 10 a Técnica para la excisión tangencial de la escara
Fig. 10 b y c Posoperatorio inmediato de escarectomía e injertos en lámina en el dorso de la mano de un niño.
Fig. 11 a Unidades cosméticas de la mano, a tener en cuenta en el momento de poner los injertos.
Fig 11 b Postoperatorio 10º día de injertos con el principio de unidades cosméticas.
Figs 12 a y b Postoperatorio a los 20 días del paciente de la figura 11, rango de movilidad completo.
Figs 13 a y b Prendas de presión graduada y láminas de gel de silicona.

 
 
Fernando Fierro Ávila
Editor asociado
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