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Luisa Matilde Salamanca Duque
Fisioterapeuta
Universidad Autónoma
Hospital Infantil de la Cruz Roja
Manizales
Objetivos.
Las
secuelas funcionales, estéticas y emocionales derivadas de
la quemadura, requiere la intervención de un equipo interdisciplinario
que garantice un enfoque integral del niño quemado. Dentro
de este equipo de trabajo, la fisioterapia desarrolla acciones de
promoción y prevención, terapéuticas y de rehabilitación.
Dentro de la promoción y prevención, las acciones
van dirigidas hacia el impulso de estilos de vida saludables y a
educar a la familia sobre cómo evitar las quemaduras; las
acciones terapéuticas están encaminadas a la corrección
de las deficiencias y discapacidades desarrolladas como consecuencia
de la lesión térmica desde el momento mismo la quemadura
hasta dos años después; y la rehabilitación
busca la readaptación del niño a su medio familiar,
escolar y comunitario.
El objetivo general de la fisioterapia en el niño quemado
en mantener y restablecer una función adecuada a través
de potenciar la función motora, de tal forma que proporcione
al niño independencia y autonomía en sus actividades
y permita una integración y adaptación completa a
su medio ambiente. Los objetivos específicos se muestran
en la Tabla 1.
Tabla
1. Objetivos específicos de la fisioterapia en el niño
quemado. |
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Mantener
y aumentar los arcos de movilidad articular.
- Mantener y aumentar la fuerza muscular.
- Mantener y aumentar el trofismo muscular.
- Evitar, disminuir y eliminar las retracciones musculares.
- Evitar, disminuir y eliminar las posiciones viciosas articulares
y las alteraciones posturales.
- Evitar, disminuir y eliminar las deformidades articulares.
- Favorecer el proceso de cicatrización, evitando
y contrarrestando al máximo las cicatrices hipertróficas
y queloides.
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Evitar, disminuir y eliminar retracciones y bridas cicatrizales.
- Mantener y reeducar la sensibilidad superficial y profunda
(propiocepción).
- Mantener, mejorar y restablecer el equilibrio.
- Mantener, mejorar y reeducar el patrón de marcha.
- Apoyar el soporte nutricional.
- Mantener adecuadas condiciones cardiopulmonares y tolerancia
al ejercicio.
- Evitar e intervenir complicaciones cardiopulmonares.
- Evitar el síndrome de desacondicionamiento físico.
- Estimular el desarrollo psicomotor (en el caso de los
niños).
- Restablecer un adecuado desempeño de las actividades
básicas cotidianas como la higiene personal, la alimentación,
y la puesta del vestido.
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Desde
el punto de vista fisioterapéutico, el manejo del niño
quemado comprende una fase aguda que se inicia desde el momento
mismo del accidente y termina cuando ha ocurrido la epitelización
o los injertos se han integrado; la fase subaguda, se extiende desde
la epitelización e integración de los injertos hasta
el momento del alta hospitalaria, y la fase crónica comprende
los dos años siguientes. Cada una de estas etapas presenta
características propias, lo cual determina el tipo de intervención
a realizar.
Fisioterapia
durante la fase aguda.
Durante
la fase aguda, los principales factores a considerar son la profundidad,
la extensión y los segmentos corporales comprometidos por
la quemadura. El manejo fisioterapéutico se enfoca hacia
el mantenimiento de las condiciones musculoesqueléticas y
cardiopulmonares y hacia la prevención de las complicaciones.
Se deben evitar las posiciones viciosas y antálgicas por
medio de la promoción continua de las posiciones funcionales;
se controla el edema y el dolor; se deben mantener los arcos de
movilidad articular, la fuerza y el trofismo muscular; se mantienen
la propiocepción y el equilibrio y se promueve la instauración
precoz de la posición bípeda y del patrón de
la marcha; la prevención de las complicaciones respiratorias
nunca debe descuidarse durante esta etapa de la atención.
Para cumplir con éstos objetivos se utilizan diversas técnicas
fisioterapeúticas así: la terapia posicional especial,
el masaje depletivo para el edema, la movilización precoz
de los segmentos comprometidos e indemnes a través de ejercicios
pasivos relajados, los ejercicios activos libres, los ejercicios
activos asistidos, los ejercicios activos resistidos, los estiramientos
musculares suaves, las movilizaciones en el quirófano bajo
anestesia general, la crioterapia, las técnicas de facilitación
neuromuscular propioceptiva, la retroalimentación postural,
los ejercicios de propiocepción y reeducación de la
marcha, y el ferulaje. Cuando existen quemaduras de cuarto grado
con exposición del músculo, de los tendones o de las
articulaciones; cuando los injertos son recientes; si existe edema
severo, osteomielitis o artritis séptica, algunas de las
técnicas enumeradas estarán contraindicadas en forma
parcial o absoluta.
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Imágenes
1,2,3. Terapia Posicional especial en cama o en sedente de
acuerdo a la localización de la quemadura. |
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Fisioterapia
durante la fase subaguda.
Durante
la fase subaguda, la fisioterapia está enfocada hacia potencializar
las condiciones músculo-esqueléticas y cardiopulmonares
de tal forma que se logre un mejor desempeño funcional, al
mismo tiempo que se inicia el manejo de las cicatrices y de las
secuelas establecidas durante la fase aguda. En esta etapa son prioritarias
entonces, el restablecimiento de los arcos de movilidad articular,
el fortalecimiento muscular, el manejo de las retracciones y contracturas
musculares, el control y eliminación de las alteraciones
musculares y deformidades articulares, y la reeducación en
las actividades básicas cotidianas. Las técnicas utilizadas
son las mismas de la fase aguda pero con un mayor nivel de intensidad
y exigencia; y se hace énfasis en los ejercicios pasivos
forzados, los estiramientos musculares sostenidos, el fortalecimiento
muscular, la reeducación de la marcha, el ferulaje, la aplicación
de crioterapia, hidroterapia y la electroestimulación. Es
durante esta fase que se inicia la presoterapia para el control
de la cicatrización, por medio del masaje, y el uso de trajes
de lycra y de láminas de silicona.
Fisioterapia
durante la fase crónica.
Durante
la fase crónica ocurre la remodelación de las cicatrices
y por lo tanto se hacen más evidentes las secuelas funcionales
y estéticas. La fase crónica se vigila a través
de controles periódicos en una clínica del niño
quemado a la cual asiste todo el grupo de trabajo interdisciplinario.
Durante estos controles se evalúan el correcto cumplimiento
con el plan casero de fisioterapia y de cuidado de la quemadura
que se le ha dado a la madre del niño en el momento de la
salida del hospital; se verifica el buen uso de las férulas,
del vestido de lycra y de las láminas de silicona.
Durante
las tres fases se utilizan técnicas en psicomotricidad que
promueven el juego y la distracción, brindan estímulo
multisensorial que continúan el proceso de desarrollo del
niño y promueven la construcción de una conciencia
corporal.
Papel
de la fisioterapia en el proceso de cicatrización.
La
cicatriz hipertrófica y su estado más avanzado, el
queloide, son unos de los grandes retos del equipo de rehabilitación
y del paciente mismo. Este tipo de cicatriz, más frecuente
en quemaduras profundas, se caracteriza macroscópicamente
por su apariencia abultada, rojiza, adherencia a planos profundos,
poca flexibilidad y extensibilidad (una cicatriz anormal cuenta
con un 15% menos de posibilidad de elongación que la piel
normal, la cual puede elongarse hasta un 50% de la posición
de reposo), e histológicamente por presencia de nódulos
de fibras colágenas originadas en el tejido de granulación,
allí hay presencia de proteoglicanos como el condroitin-4-sulfato,
el cual impide la acción de la colagenasa para la degradación
de las fibras de colágeno excesivas, alterando el equilibrio
síntesis-degradación necesario para una cicatrización
normal.
La
presencia de cicatrices hipertróficas y de queloides aumenta
el riesgo de desarrollar contracturas, limitación funcional,
deformidades, que alteran el desempeño funcional. La fisioterapia
juega un papel fundamental en la prevención de estas secuelas;
si la movilización es excesiva, se produce una reacción
inflamatoria persistente y menor fibroplasia; por el contrario la
inmovilización prolongada favorece una pobre organización
de las fibras de colágeno, entrecruzamiento del tejido cicatricial
y deshidratación. Por consiguiente, la fisioterapia debe
adaptarse de acuerdo con la profundidad de la quemadura, su localización
y las propiedades biomecánicas de los tejidos de tal forma
que contribuya en forma benéfica con el proceso de cicatrización.
En
la prevención y manejo de las cicatrices anormales se utilizan
la presoterapia y el estiramiento sostenido.
Presoterapia.
La
presión constante a 24 mmHg permite al colágeno realinear
sus fibras en sentido paralelo a la superficie; disminuye la vascularidad
y por lo tanto la síntesis exagerada de fibroblastos, de
fibras reticulares y del colágeno; y reduce los niveles de
alfa-2 macroglobulina que favorece la acción de la colagenasa.
Para que la presoterapia sea efectiva es necesario que el proceso
de cicatrización esté aún activo, lo cual se
manifiesta por la coloración rojiza de la cicatriz y que
con la digitopresión la cicatriz se torne blanquecina. La
presoterapia se aplica a través de los masajes sobre la cicatriz,
el uso de trajes de lycra y la aplicación de láminas
de silicona.
Si
bien los masajes aún no cuentan con una base científica
bien fundamentada que los valide, son utilizados en forma universal.
Ayudan a aliviar el dolor, el prurito. Se realizan previa hidratación
de la cicatriz y en posición de estiramiento. Existen varias
técnicas la digitopresión, la digitopresión
circular, de separación pulpar o en cremallera, en pliegues
rolados con los dedos y con la palma de la mano (Imagen 4).
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Imagen 4. Masaje
por digitopresión. |
El mecanismo de acción de las láminas de gel de
silicona se atribuye a sus propiedades químicas, a la
generación de cargas electroestáticas, a su impermeabilidad
que aumenta la hidratación del tejido, y a un efecto sobre
la reducción de la hiperemia capilar en el área de
la cicatriz. La silicona reduce la coloración de la cicatriz,
disminuye el prurito, suaviza la textura y disminuye la hipertrofia
(Imagen 5).
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Imagen
5. Lámina de gel de silicona. |
Los
trajes de lycra cumplen con todos los efectos de la presoterapia
ya descritos. Estos deben ser elaborados por una persona que debe
participar en forma activa del grupo interdisciplinario (Imagen
6).
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Imagen
6. Traje de lycra. |
Los
trajes de lycra y las láminas de silicona deben utilizarse
en forma contínua, la presión ejercida debe ser cercana
a la presión capilar, y durante todo el tiempo que dure la
fase activa de la cicatrización.
Estiramiento
sostenido (tensión sobre el tejido cicatricial).
Esta
técnica que se logra a través de estiramientos sostenidos
y progresivos, y con el uso de férulas permanentes y seriadas,
busca la alineación de las fibras y la ruptura de las adherencias
para lograr una cicatriz óptima desde el punto de vista funcional
y estético. Es la modalidad de tratamiento más efectiva
para las cicatrices adherentes y retráctiles puesto que la
elongación progresiva de los tejidos modifica las características
de elasticidad lo que permite la realineación de las fibras
la cual es proporcional a la carga de tensión aplicada.
Uso de las férulas en el niño quemado.
El
uso de férulas tiene como objetivo general mantener y restablecer
la máxima eficiencia funcional de un segmento corporal con
el mínimo esfuerzo. El uso de férulas está
indicado cuando existe limitación en la amplitud del movimiento
articular, deformidad articular, debilidad o parálisis muscular,
cuando existen posiciones antálgicas, retracciones, bridas
cicatriciales, injertos recientes sobre áreas articulares
y en aquellos niños que no colaboran con su rehabilitación
funcional. Para que las férulas cumplan con sus objetivos,
deben ser elaboradas de tal manera que los segmentor articulares
se sitúen en posición funcional; deben ser de aplicación
inmediata y de ajuste suave, livianas, cosméticas, libres
de áreas de presión y que se fijen en forma segura
al resto de la extremidad. Las férulas pueden ser emergentes,
cuando se usan en estado agudo o en estados postquirúrgicos;
y temporales, cuando se utilizan en los períodos subagudos
o crónicos por un lapso de tiempo determinado de tal forma
que se combinan períodos de uso con períodos de descanso
entre 30 minutos a una hora.
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Imagen
7. Férula dinámica. |
En
las quemaduras de la mano se prefiere el uso de férulas estáticas
de carácter seriado, en las cuales se modifica la posición
a medida que se gana arco de movimiento y se corrige la deformidad.
Lecturas recomendadas

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