|
| Ramón
Vega , M.D.
Cirujano Pediátrico
Instituto Nacional de Cancerología
Bogotá, D.C.
Galo Veintemilla , M.D.
Cirujano Pediátrico
Instituto Nacional de Cancerología
Bogotá, D.C.
Objetivos
-
Conocer las enfermedades de origen oncológico mas prevalentes en la infancia. -
Identificar las diversas pautas de diagnóstico, estadificación, manejo y pronóstico en las principales patologías tumorales de la edad pediatrica. |
Epidemiología
En
Colombia el cáncer es la primera causa de muerte no violenta
entre los 5 y 14 años de edad; y si bien no existe un registro
nacional de cáncer, la casuística presentada por el
Instituto Nacional de Cancerología, acorde con clasificación
internacional histológica de los tumores pediátricos,
en un período de 20 años (1989-1999), permite tener
una visión de cuál es la distribución de las
neoplasias en los niños.
Grupo |
Número |
% |
| I.
Leucemias |
1043 |
28.6 |
| II.
Linfomas y otras neoplasias reticuloendoteliales |
705
|
19.4 |
| III.
Neoplasias del sistema nervioso central, intraespinales, intracranealas
y misceláneas. |
238 |
6.5 |
| IV.
Tumores del sistema nervioso simpático |
9.4 |
2.6 |
| V.
Retinoblastoma |
218 |
6.0 |
| VI.
Tumores renales |
142 |
3.9 |
| VII.
Tumores hepáticos |
44
|
1.2 |
| VIII.
Tumores malignos de hueso |
462 |
12.7 |
| IX.
Sarcomas de tejidos blandos |
251 |
6.9 |
| X.
Tumores de Células germinales, enfermedad trofoblástica
y otras neoplasias gonadales |
215 |
5.9 |
| XI.
Carcinomas y otros neoplasias epiteliales malignas |
89 |
2.4 |
| XII.
Otras neoplasias malignas inespecíficas |
53 |
1.5 |
| Histiocitosis |
86 |
2.4 |
| TOTAL |
3640 |
100 |
La
tabla siguiente muestra la frecuencia de los diferentes tipos de
cáncer pediátrico en países desarrollados.
Distribución
del cáncer en los niños menores de 15 años. |
Diagnóstico |
% |
| Leucemia
linfoide aguda |
23.3 |
| Tumores
de sistema nervioso central |
20.7 |
| Neuroblastoma |
7.3 |
| Linfoma
no Hodgkin |
6.3 |
| Tumor
de Wilms |
6.1 |
| Linfoma
de Hodgkin |
5 |
| Leucemia
mieloide aguda |
4.2 |
| Rabdomiosarcoma |
3.4 |
| Retinoblastoma |
2.9 |
| Osteosarcoma
|
2.6 |
| Sarcoma
de Ewing |
2.1 |
| Otros |
16.4 |
| Gurney
y cols Cancer 1995;75:2186 |
|
En
los países desarrollados la sobrevida global de todos los
tumores malignos pediátricos está alrededor del 75%;
en el Instituto Nacional de Cancerología, sólo se
alcanza un 40% y seguramente muchos niños mueren en nuestro
país sin diagnóstico. El porcentaje sobrevida a dos
años en los países desarrollados, de las principales
neoplasias en niños es del 90% para el tumor de Wilms, el
linfoma de Hodgkin y los tumores de células germinales; del
70% para la leucemia linfoide aguda, el linfoma no Hodgkin y el
hepatoblastoma; para los sarcomas de tejidos blandos es del 65%;
los tumores óseos tienen una sobrevida a dos años
del 60%; las peores tasas de sobrevida la tienen el neuroblastoma,
los tumores del sistema nervioso central y la leucemia aguda no
linfoide, con un 50, 40 y 30% respectivamente.
Evolución
de la oncología pediátrica
Durante
el siglo pasado la oncología pediátrica logró
avances significativos en el diagnóstico y el tratamiento
de las neoplasias. El inicio de la radioterapia por Friedlander
en 1917, la introducción del uso de la Actinomicina D en
el tratamiento del tumor de Wilms por parte de Farber en 1954 y
de los alcaloides derivados de la Vinca por Sutow en la década
de los 60 marcaron hitos importantes en el “control a distancia”
de la enfermedad neoplásica una vez la cirugía había
erradicado el tumor primario. A finales de la década de los
60 surgieron en Norteamérica y Europa los primeros “intergrupos”
dedicados al estudio de patologías neoplásicas específicas
como el tumor de Wilms y el radbomiosarcoma; esta modalidad de trabajo
permitió realizar estudios multicéntricos y realizar
recomendaciones específicas sobre el tratamiento. En la actualidad,
conformación de grupos terapéuticos interdisciplinarios
permite un enfoque integral del niño y su patología.
La práctica de la oncología pediátrica es una
labor de alta complejidad y no un trabajo de especialistas aislados.
|
Evolución
del tratamiento en oncología pediátrica. |
|
| Universo
de personas que intervienen en el manejo del niño con
cáncer. |
Padres
Familiares y/o acudientes
Pediatra
Médico General
Oncólogo Pediatra
Cirujano Pediatra
Cirujanos Oncólogos
Radioterapeutas
Patólogos
Personal de diagnóstico
Psiquiatra Infantil
Sub-especialistas Clínicos
Odontopediatras
Trabajadora Social
Enfermeras
Auxiliares de Enfermería
Docentes
Personas-entorno
|
|
En
la actualidad, los avances en los métodos diagnósticos
de laboratorio y de imagenología y en oncología los
estudios de los tejidos
|
Diagnóstico
en los tejidos. |
BACAF
(Biopsia por aspiración con aguja fina – citología
aspirativa)
Aspirado de médula ósea
Histología
Ultraestructura
Inmunohistoquímica
Citogenética
Marcadores inmunológicos
Cultivo de tejidos
Citometría de flujo
|
Papel
del cirujano pediátrico en el grupo de oncología pediátrica.
El
cirujano pediátrico debe ser el líder del Grupo de
Oncología Pediátrica y estar capacitado para participar
en todas las decisiones diagnósticas y terapeúticas;
resolver las urgencias oncológicas; debe participar en la
actividad docente de pre y postgrado, y en los programas de investigación
y en el diseño de protocolos de manejo y terapéuticos.
El
diagnóstico clínico del cáncer.
El
diagnóstico clínico del cáncer está
basado en la historia clínica, el examen físico y
un alto índice de sospecha. Si existe sospecha de cáncer,
el paciente debe ser remitido a una institución especializada
puesto que la sobreviva de un paciente con cáncer depende
de un diagnóstico temprano y remisión oportuna, de
la atención por personal especializado, del adecuado funcionamiento
del sistema de salud y de los factores tecnológicos. El diagnóstico
tardío afecta el pronóstico y depende no sólo
de factores socioculturales y geográficos sino que también
está determinado por el desconocimiento del médico
de las entidades neoplásicas en los niños.
En
los niños, existen dos grandes grupos de neoplasias: las
hematolinfoides y los tumores sólidos. Dentro de las hematolinfoides,
las leucemias y los linfomas pueden ocasionar infiltración
extramedular o extralinfática la cual se manifiesta con una
masa sólida. Las leucemias se caracterizan por afectar el
estado general y por el compromiso hematológico y ganglionar;
sus manifestaciones clínicas son inespecíficas como
dolor óseo, palidez, sangrado, petequias, equimosis, fiebre,
pérdida del apetito, decaimiento y disnea; por este motivo
los pacientes han sido estudiados en búsqueda de patología
osteoarticular, de un síndrome anémico, o de un síndrome
febril.
La
presencia de síntomas persistentes debe hacer sospechar la
posibilidad de cáncer en un niño; si el seguimiento
no muestra mejoría del síntoma a pesar de la terapeútica
instaurada, el paciente debe ser remitido para realizar estudios
adicionales. Los tumores sólidos se manifiestan por la presencia
de una masa, distensión de la cavidad que lo contiene, o
por dolor; los síntomas en estos casos dependen del tumor
primario, de sus metástasis o de los productos bioquímicos
producidos por la neoplasia, y producen compresión de estructuras
vasculares, medulares o mediastinales, o síndromes paraneoplásicos.
De igual manera los tumores sólidos pueden producir signos
inflamatorios, masas en forma de conglomerado o circulación
colateral. Los procesos inflamatorios que persisten a pesar del
tratamiento antibiótico adecuado deben hacer sospechar la
presencia de cáncer.
Los
tumores del sistema nervioso central se pueden manifestar por signos
de hipertensión endocraneana (cefalea y vómito), signos
cerebelosos, síndromes celares, convulsiones o por cambios
en la conducta. El tumor más frecuente de los ojos en los
niños es el retinoblastoma que puede manifestarse por desviación
de la mirada, leucocoria, proptosis, equimosis periorbitaria o estrabismo;
los sarcomas de la órbita producen hallazgos similares, excepto
la leucocoria o “mirada de gato”.
Los
principales tumores de la cabeza y del cuello en los niños
son los sarcomas, los linfomas y el carcinoma nasofaríngeo
y sus síntomas pueden estar relacionados con la obstrucción
de la vía aérea superior (ronquido, respiración
oral, voz nasal, halitosis), con la presencia de secreciones anormales
por las fosas nasales, el conducto auditivo externo o la boca; con
frecuencia éstos niños han sido tratados por períodos
prolongados de tiempo con diagnósticos tales como sinusitis,
otitis media crónica, hipertrofia amigdalina sin ninguna
mejoría.
En
el tórax los cuadros clínicos asociados a las neoplasias
tienen carácter sindromático. La compresión
de las estructuras del mediastino, en especial la tráquea
y el esófago originan tos, disnea, cianosis, sibilancias,
disfonía o disfagia; puede encontrarse desviación
de la tráquea, desviación cardiomediastínica
o síndrome de Horner. Sin embargo, en muchas ocasiones una
radiografía de tórax solicitada durante el estudio
de otra patología puede revelar la presencia de nódulos
metastáticos, una masa mediastinal o de una masa con derrame
pleural que pueden interpretarse como neumonía o empiema.
En
el abdomen, un gran número de patologías pueden manifestarse
como una masa que es detectada ya sea por la madre o durante un
examen físico de rutina; algunas se hacen evidentes por el
antecedente de sangrado intraabdominal o hematuria con un trauma
mínimo o por síntomas como dolor o distensión
abdominal. Los niños con tumores abdominales con frecuencia
son remitidos con diagnósticos como distensión abdominal
en estudio, parasitismo intestinal o dolor abdominal recurrente.
La edad es un factor muy importante a tener en cuenta cuando se
trata de enfocar el diagnóstico de las masas abdominales
en niños; en mayores de un año predominan las de origen
tumoral, mientras que en niños menores las de origen urológico
son las más frecuentes. La Tabla 1 muestra la causa de las
masas abdominales en recién nacidos en 30 pacientes del Instituto
Materno-Infantil.
Masas
abdominales en recién nacidos
Instituto Materno-Infantil Abril 1982 - Junio 1989. |
| Diagnóstico |
Casos |
% |
| Riñón
multiquístico |
9
|
29.03 |
| Hidronefrosis |
5
|
16.13 |
| Riñón
poliquístico bilateral |
4
|
12.9 |
| Atresia
de vías biliares extrahepática |
3 |
9.86 |
| Atresia
vaginal (hidrocolpos) |
3 |
9.86 |
| Peritonitis
meconial |
2 |
6.45 |
| Tumor
de Wilms |
1 |
3.22 |
| Neuroblastoma |
1 |
3.22 |
| Quiste
de ovario |
1 |
3.22 |
| Absceso
hepático |
1 |
3.22 |
| Trombosis
vena renal |
1 |
3.22 |
| Total
|
31 |
100 |
Ciertas
entidades pueden estar asociadas a tumores malignos abdominales;
el síndrome de Beckwith Wiedeman (macroglosia, hipoglicemia,
macrosomía, visceromegalias, hernia umbilical u onfalocele),
se asocia a tumor de Wilms y a hepatoblastoma mientras que la hemihipertrofia
se relaciona con rabdomiosarcoma y a tumores adrenocorticales. La
aniridia tiene clara relación con el tumor de Wilms. En otras
ocasiones la masa abdominal es causa de un abdomen agudo como consecuencia
de ruptura del tumor (hepatoblastoma, tumor de Wilms o rabdomiosarcoma);
torsión (quistes y tumores ováricos), perforación
(linfomas), obstrucción intestinal o compromiso vascular
(ganglioneuromas o neurofibrosarcomas).
Otros
tumores abdominales en niños presentan manifestaciones derivadas
de sus productos bioquímicos, de la producción de
sustancias hormonales, o de la compresión de estructuras
vecinas. El síndrome de lisis tumoral es frecuente en la
leucemia, el linfoma, el neuroblastoma y en el hepatoblastoma. Los
tumores de células germinales, el linfoma, el neuroblastoma
y el tumor de Wilms producen obstrucción urinaria. La hipertensión
arterial puede ser la forma de presentación del tumor de
Wilms, del neuroblastoma, del feocromocitoma y del paraganglioma.
La hematuria puede ser la manifestación del tumor de Wilms.
Los tumores germinales y de la corteza suprarrenal pueden producir
pubertad precoz y virilización. El neuroblastoma puede producir
diarrea secretora, compresión medular o mioclonos-opsoclonos.
Los tumores retroperitoneales pueden producir varicocele.
En
las radiografías simples de abdomen o en la tomografía
axial computada, las masas abdominales pueden presentar calcificaciones
que pueden ser útiles para la identificación del tumor
así: en el tumor de Wilms son periféricas en “cáscara
de huevo”, en el neuroblastoma son puntiformes y difusas,
aquellas grandes e irregulares se pueden ver en el hepatoblastoma
y los teratomas tendrán fragmentos de hueso o dientes en
su interior.
|
Imagen
2. Tumor de Wilms que atravieza la línea media. |
La
ubicación de cada masa, depende del órgano donde esta
se origine; se dice que el tumor de Wilms no pasa la línea
media, pero hemos visto muchos casos en que esto no es así:
el tumor la atraviesa generalmente en uno de sus polos: superior
o inferior.
|
Imagen
3. Calcificaciones en hepatoblastoma. |
Los
tumores de los órganos genitales en las niñas pueden
manifestarse por sangrado vaginal o prolapso tumoral en el caso
de los rabdomiosarcomas y los tumores germinales pueden ocasionar
leucorrea; los tumores estromales del ovario pueden manifestarse
por virilización o pubertad precoz; sin embargo la masa pélvica
es la manifestación más frecuente. Los tumores de
los genitales en los niños se manifiestan como masa testicular,
hidrocele o están asociados a una anomalía del descenso
testicular; los tumores más frecuentes del testículo
son los de origen germinal seguidos por el rabdomiosarcoma paratesticular.
La infiltración testicular por leucemias o linfomas se manifiesta
por aumento de tamaño difuso y doloroso de las gónadas.
En la columna vertebral, las neoplasias rara vez son intraraquídeas
primarias y por lo general se extienden hacia el canal medular desde
el tórax y el abdomen. El síndrome de compresión
medular es una urgencia común en oncología pediátrica
que puede ser causado por neuroblastomas, sarcomas, linfomas entre
otros. Los pacientes con tumores que afectan a la columna y a la
médula pueden haber sido tratados con diagnósticos
de poliomielitis, síndrome de Guillain-Barré o de
polineuroradiculopatía. El teratoma sacrococcígeo
es un tumor de células germinales que aparecen en la porción
terminal de la columna vertebral, que se manifiesta en el período
neonatal y que puede ser causa de distocia; si no existe un componente
externo evidente, el tumor crece hacia la pelvis y puede ocasionar
estreñimiento crónico o retención urinaria.
Otros tumores pélvicos que aparecen en lactantes son el neuroblastoma,
el lipoma presacro, el meningocele anterior; en niños mayores
están el rabdomiosarcoma, la neurofibromatosis, el neurofibrosarcoma
y los tumores ováricos. Los principales tumores óseos
de la pelvis son el sarcoma de Swing y el osteosarcoma, los cuales
aparecen en escolares o adolescentes.
El tumor óseo maligno que predomina en la edad escolar es
el sarcoma de Ewing; en la adolescencia el más frecuente
es el osteosarcoma. Los tumores óseos malignos se manifiestan
por impotencia funcional, tumefacción, dolor persistente,
fracturas patológicas o compresión vascular; así
pues éstos pacientes han recibido tratamiento para osteomielitis,
dolor óseo crónico o patología articular.
|
Manifestaciones
clínicas en los tumores de las extremidades. |
Los
tumores malignos de la piel en los niños son raros. El nevus
piloso congénito gigante se asocia con melanoma y el xeroderma
pigmentoso con carcinomas escamocelulares y basocelulares.
Ante
la sospecha de cáncer en un niño la conducta más
adecuada es la remisión temprana a un centro con recursos
humanos y técnicos para su estudio.
Urgencias
oncológicas en pediatría.
Las
urgencias oncológicas pueden ser metabólicas, de carácter
mecánico, relacionadas con la aparición de citopenia,
o con el dolor.
Urgencias
metabólicas.
Las
urgencias metabólicas más frecuentes son el síndrome
de lisis tumoral, la hipercalcemia y la secreción inadecuada
de hormona antidiurética. Los factores que favorecen la aparición
del síndrome de lisis tumoral son un tiempo rápido
de duplicación tumoral y la quimiosensibilidad del tumor.
Las neoplasias que con mayor frecuencia ocasionan esta complicación
son el linfoma de Burkitt abdominal y la leucemia linfoide aguda.
Cuando ocurre destrucción celular tumoral ya sea por necrosis
intratumoral debido a su gran tamaño o a una muy rápida
respuesta a la quimioterapia, se producen hiperuricemia, hiperkalemia,
hiperfosfatemia, hipocalcemia y falla renal; el ácido úrico
se precipita en los túmulos renales, fenómeno que
se ve favorecido por un medio urinario ácido. El paciente
presenta una masa tumoral de gran tamaño, bajo gasto urinario,
leucocitosis marcada (en el caso de las leucemias) con liberación
de ácido láctico, y deshidrogenasa láctica
elevada. Los linfoblastos tienen una concentración alta de
fosfatos; si la relación calcio/fósforo excede 60,
el fosfato de calcio se precipita en la microvasculatura. La hipocalcemia
y la hiperfosfatemia pueden originar convulsiones. La hiperkalemia
puede ocasionar arritmia ventricular y muerte súbita.
El manejo del síndrome de lisis tumoral está basado
en una generosa hidratación intravenosa, la administración
de bicarbonato para alcalinizar la orina, de diuréticos y
allpurinol; debe manejarse en forma concomitante la hiperkalemia
y debe recurrirse a la diálisis si es necesario.
|
Síndrome
de lisis tumoral. |
Urgencias
oncológicas de tipo mecánico.
El
síndrome de vena cava superior, el síndrome de
compresión medular, los derrames pleurales, pericárdicos
o peritoneales, y la obstrucción urinaria son las principales
urgencias oncológicas de origen mecánico.
El
síndrome de vena cava superior es una urgencia absoluta
con una morbimortalidad muy importante. La vena cava superior se
comprime dada su ubicación anatómica, el poco espesor
de sus paredes y la baja presión intravascular. El aumento
de la presión intravascular por la obstrucción ocasiona
congestión vascular, compromiso respiratorio y edema cerebral;
lo cual origina los siguientes signos y síntomas: ingurgitación
yugular, circulación colateral, rubor o cianosis facial,
hemorragias subcutáneas y subconjuntivales, taquicardia,
hepatomegalia, edema facial, en cuello y en miembros superiores,
proptosis, sudoración, tos, disnea, cianosis, polipnea e
hipoventilación. El edema cerebral secundario se manifiesta
por cefalea, vómito, vértigo, convulsiones, distorsión
de la visión, letargia, estupor, síncope, excitación.
El compromiso del sensorio siempre es un signo grave.
|
Algoritmo
para el tratamiento y diagnóstico del síndrome
de vena cava superior. |
El
manejo en las instituciones de menor complejidad consiste en mantener
al paciente en posición semisentada, administrar oxígeno
a altas concentraciones, evitar la administración de líquidos
endovenosos a través de venas de los miembros superiores
y remitir al pacientes a un centro de referencia oncológica.
En
los pacientes sin diagnóstico oncológico previo y
que se presentan con un síndrome de cava superior se presenta
la dificultad de tomar una muestra para llegar a un diagnóstico;
en éstos niños está contraindicada la anestesia
general si la tomografía muestra que existe compresión
de la tráquea por el tumor; en estos casos pueden obtenerse
una biopsia con anestesia local en escolares o adolescentes, si
existen ganglios cervicales; si se sospecha compromiso de médula
ósea se obtendrán biopsias o aspirados de médula
y si existe derrame pleural o ascitis, el estudio citológico
del líquido podrá orientar el diagnóstico.
Sin embargo, en un porcentaje alto de pacientes no podrá
lograrse un diagnóstico oncológico previo y por lo
tanto se realizará un enfoque terapéutico empírico
con quimioterapia, radioterapia y administración de esteroides
dirigido hacia el tratamiento de la urgencia; una vez mejoren las
condiciones generales del paciente, generalmente en 24 a 48 horas,
se podrá obtener una biopsia del tumor para iniciar el tratamiento
específico.
|
|
Imágenes
4 y 5. Síndrome de vena cava superior. |
El
síndrome de compresión medular se manifiesta
con dolor de espalda, hormigueos y disestesias en la extremidades,
dificultad para subir escaleras o para elevar el pie; de acuerdo
con la localización de la compresión, la debilidad
puede ser simétrica o asimétrica; los reflejos tendinosos
pueden estar aumentados o ausentes; el signo de Babinski puede ser
extensor o plantar; el compromiso de la sensibilidad puede ser simétrica
o asimétrica; y puede existir compromiso de esfínteres.
El principal riesgo es el desarrollo de paraplejia. Los tumores
que con mayor frecuencia causan esta entidad son el sarcoma de Swing,
el neuroblastoma, el osteosarcoma, el rabdomiosarcoma, los sarcomas
de tejidos blandos y el linfoma de Hodgkin.
El
tratamiento depende de la inminencia de lesión medular. Para
los tumores epidurales Poplack contempla el siguiente algoritmo:
|
|
Algoritmo
de Poplack para el tratamiento de los tumores epidurales. |
Los
derrames en las cavidades se presentan tanto al ingreso
como durante el tratamiento; en éstos casos, el drenaje en
pacientes sintomáticos alivia los síntomas y el líquido
obtenido debe enviarse para realizar un diagnóstico citológico;
por otra parte el drenaje de derrames en casos terminales puede
prolongar en forma innecesaria la vida. En los niños con
derrame pleural y buen pronóstico, la pleurodesis permitirá
mejorar la calidad de vida. Los mismos principios expuestos con
anterioridad son aplicables para la solución de la obstrucción
urinaria la cual puede lograrse mediante una sonda vesical
o por una nefrostomía guiada por ecografía.
Complicaciones quirúrgicas.
Las
complicaciones quirúrgicas en el paciente oncológico
se derivan de la enfermedad de base, o pueden aparecer como consecuencia
del tratamiento (quimioterapia, radioterapia o cirugía).
En
el niño oncológico, son frecuentes las infecciones
y necrosis de los tejidos blandos secundarias a punciones, a infiltración
de medicamentos, o asociadas a neutropenia por infiltración
medular o quimioterapia. Si el paciente se encuentra neutropénico,
estas infecciones pueden progresar rápidamente y causar pérdida
tisular, sepsis o la muerte. En niños con un número
absoluto de neutrófilos mayor de 500/mm3 las infecciones
no abscedadas mejoran generalmente con antibióticos sistémicos
y las abscedadas con drenaje más antibióticoterapia;
si existe además necrosis, deben realizarse desbridamientos
amplios y repetidos. Todos los pacientes neutropénicos con
fiebre y foco evidente deben recibir esquemas antibióticos
complejos.
El
dolor abdominal en el paciente oncológico.
El
enfoque del dolor abdominal en un paciente con neutropenia puede
ser difícil; si los hallazgos al examen físico no
son claros y el paciente presenta diarrea, debe hacerse el diagnóstico
diferencial entre apendicitis aguda y colitis neutropénica;
el sólo examen físico no permite diferenciar ambas
entidades. La radiografía simple de abdomen, la ecografía
abdominal y la tomografía computada pueden ser útiles;
sin embargo si persiste la duda, la exploración laparoscópica
del abdomen puede ayudar a tomar la decisión de realizar
una laparotomía exploradora. La colitis neutropénica
se maneja con ayuno, colocación de una sonda gástrica,
hidratación parenteral, antibióticos de amplio espectro
y nutrición parenteral si se prevee un ayuno prolongado;
se deben realizar cultivos de sangre, orina y materia fecal; el
seguimiento clínico, la medición del perímetro
abdominal y los estudios radiológicos y ecográficos
seriados permitirán detectar cuándo el paciente es
quirúrgico, hecho que por fortuna es poco frecuente.
Otras
causas de dolor abdominal en el paciente oncológico son la
colecistitis acalculosa, la colelitiasis y la pancreatitis; ésta
última puede ser secundaria al uso de L-Asparaginasa y también
se observa en las leucemias mieloides.
-
La obstrucción intestinal por bridas se maneja de
manera convencional; sin embargo, la enteritis por radioterapia
causa obstrucciones severas del tracto gastrointestinal
de difícil manejo.
-
La fisura anal sin necrosis puede manejarse en forma conservadora;
si existe necrosis en el paciente neutropénico debe
realizarse desbridamiento amplio, iniciar tratamiento antibiótico
de amplio espectro y nutrición parenteral; en casos
muy severos puede ser necesario realizar una sigmoidostomía.
-
La cistitis hemorrágica puede ser secundaria al uso
de agentes alquilantes o a radioterapia. El paciente presenta
síntomas urinarios bajos o hematuria. Las imágenes
descartan otras causas de hematuria, el urocultivo descarta
la infección urinaria, pero la cistoscopia es el
método diagnóstico de elección. El
sulfato de 2-marcaptoetano se utiliza como profilaxis durante
la administración de la quimioterapia. Una vez se
confirma el diagnóstico de cistitis hemorrágica,
se suspende el medicamento y se corrigen los defectos de
coagulación, si los hay. Si la hematuria persiste,
se realiza irrigación con alumbre (sulfato de aluminio
potasio) al 1-2%. En ocasiones muy raras se requiere realizar
derivaciones urinarias o una cistectomía radical
para el manejo de la cistitis refractaria al tratamiento
médico.
|
La
biopsia en oncología pediátrica.
La
biopsia debe proporcionar al patólogo tejido tumoral viable
y bien preservado; sólo así se logrará un diagnóstico
completo. Una biopsia inapropiada atrasa el diagnóstico,
retarda el inicio de la terapia apropiada y puede diseminar localmente
el tumor. Por consiguiente, las biopsias deben ser realizadas siempre
por un cirujano de gran experiencia. Debe existir un diálogo
previo con el departamento de patología para coordinar el
tipo de estudios a realizar (genética, inmunohistoquímica
y patología) y la manera de procesar las muestras antes de
su envío. Durante la realización de las biopsias deben
estar disponibles todos los estudios imagenológicos del paciente.
|
Fisiopatología
de la infiltración tumoral. |
Las biopsias pueden ser abiertas o tomadas por punción y
siempre deben ser realizadas por una persona con experiencia que
forme parte del grupo de oncología. Las abiertas pueden ser
excisionales o incisionales. La incisional se limita a tomar una
muestra del tumor, mientras que la biopsia excisional reseca en
su totalidad la neoplasia. La biopsia por punción obtiene
un cilindro de tejido y la más utilizada es la aguja trucut;
la otra modalidad para obtener muestras por punción es la
biopsia por aspiración con aguja fina (BACAF), en la cual
se obtienen células pero que no demuestra la arquitectura
tumoral. Las biopsias por punción pueden ser asistidas con
ecografía o tomografía axial computada.
Las
biopsias por punción pueden ser de fácil realización
por una persona experimentada, generan poca contaminación,
aunque pueden ocasionar siembra tumoral en el trayecto; pueden realizarse
con anestesia local y son poco incapacitantes; además permiten
tomar muestras de diversos sitios de la tumoración; sin embargo
pueden ser de poca utilidad en casos en los cuales el diagnóstico
histológico sea difícil y que sea fácil pasar
por alto los cambios histológicos focales; por este método
es más probable obtener material no apto para el diagnóstico.
Las muestras obtenidas por punción pueden dificultar la estadificación
adecuada del tumor. En nuestro medio, las biopsias por BACAF sólo
se recomiendan para el diagnóstico de lesiones de la tiroides,
la mama, las glándulas salivares y para confirmar la recaída
de tumores malignos. En general se puede decir que la biopsia con
aguja en manos expertas tiene muchas ventajas sobre la abierta,
pero si se carece de experiencia, lo más indicado es tomar
una biopsia incisional.
Por
su parte, las biopsias abiertas deben ser realizadas a través
de incisiones de amplitud adecuada, las cuales deben seguir el eje
mayor de la extremidad o de la lesión y el trayecto que seguirá
una incisión futura; la muestra debe ser tomada en profundidad
y la hemostasia debe ser cuidadosa. En las extremidades nunca se
harán incisiones transversas para la toma de biopsias abiertas,
puesto que la resección posterior se dificultará.
En lesiones de tejidos blandos, las biopsias excisionales sólo
se realizarán en aquellos casos en que la lesión sea
caracterizable clínicamente; si no es así la biopsia
será de tipo incisional.
|
Infiltración
tumoral y sitios de biopsia. |
En
los tumores que infiltran la médula ósea el aspirado
o la biopsia son muy útiles para el diagnóstico.
Lecturas
recomendadas.

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