Texto de Cirugía Pediátrica


 

 


             

Soporte metabólico y nutricional.
Nutrición parenteral en el paciente pediátrico quirúrgico.


Sandra Patricia González Peña, M.D.
Pediatra
Universidad de Caldas
Universidad de Manizales
Grupo de Soporte Metabólico y Nutricional
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales


Ana Cristina Orrego G, N.D.
Grupo de Soporte Metabólico y Nutricional
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales


Ismenia Correa G, N.D., E.N.C.
Profesora Asociada
Universidad de Caldas

Grupo de Soporte Metabólico y Nutricional
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales

Objetivos

- Comprender la respuesta metabólica al estrés y al trauma y saber aplicar estos conceptos a los principios de la nutrición parenteral en el niño quirúrgico.

- Conocer la indicaciones para realizar soporte nutricional parenteral en el niño quirúrgico.

- Conocer los componentes esenciales de las soluciones para nutrición parenteral

- Conocer el monitoreo de un paciente sometido a nutrición parenteral.

- Reconocer y conocer el manejo básico de las complicaciones más frecuentes de la nutrición parenteral.

Reseña histórica

La historia de la terapia nutricional parenteral se inicia poco tiempo después de que W. Harvey describiera en 1628, que arterias y venas concurren para formar un único cauce para la sangre. En 1656, Christopher Wren fue el primero en introducir vinagre y opio en venas de perros; más adelante en 1622, Richard Lower describió las transfusiones sanguíneas en animales. En 1818 James Blum transfundió sangre de ser humano a ser humano por primera vez.

En 1831, Thomas Latta fue el primero en administrar soluciones con sal a un enfermo con cólera y en 1843 Claude Bernard introdujo azúcar en animales por vía endovenosa. En 1920, el primero en administrar soluciones con emulsión de grasas en seres humanos fue Yamakawa. Años más tarde, en 1961, Wretlind desarrolló una fórmula de aceite de soya y fosfolípidos, la cual fue la base para el uso de lípidos en la nutrición parenteral. En 1913, Henríquez y Andersen fueron los primeros en suministrar precursores de proteínas intravenosas a cabras, y Rose en 1934, sugirió por primera vez el uso de los aminoácidos intravenosos con fines nutricionales. Al año siguiente, Shohl y Blakfan, reportaron la primera administración intravenosa de aminoácidos cristalinos en humanos. Así se inició paulatinamente la administración de soluciones intravenosas con fines de alimentación.

En 1967, Stanley Dudrick y Jonathan Rhoads publicaron un estudio en perros, donde demostraron que era posible alimentar a un sujeto durante períodos prolongados, con el empleo solamente de la vía intravenosa, procedimiento que fue denominado hiperalimentación. El primer paciente en ser sometido a este tipo de intervención fue una niña con diagnóstico de atresia intestinal, quien recibió apoyo nutricional por vía endovenosa durante 22 meses; estos hechos marcaron el inicio de la nutrición artificial moderna que tantos beneficios le brinda a los pacientes que no pueden ser alimentados por la vía natural.

Respuesta metabólica al ayuno.

El paciente hospitalizado puede enfrentarse a un período de ayuno, bien sea por la enfermedad de base que produce anorexia o porque se encuentra en una etapa de ayuno pre o post operatorio; en cualquiera de estas situaciones, al cesar la ingesta de alimentos, la supervivencia dependerá de las reservas corporales.

En situación de ayuno cada tejido del organismo contribuye para generar combustible; el tejido adiposo y el músculo esquelético proporcionan mayor cantidad de energía. En un individuo sano, existen mecanismos de adaptación frente al ayuno que le permiten mantener el organismo en equilibrio a pesar de la ausencia de alimentos. Esta capacidad tiene un límite y su duración depende del estado nutricional previo, de la edad y de la presencia o no de estrés metabólico (Tabla 1).

Ayuno temprano: inicialmente se consumen las reservas de glucosa en un período aproximado de 24 a 48 horas (glucogenólisis). La deaminación de aminoácidos mantiene el requerimiento de glucosa (gluconeogénesis), y la proteólisis mantiene los niveles de aminoácidos circulantes necesarios para la síntesis de proteínas de fase aguda.

La falta de aporte exógeno de glucosa junto con la constante utilización de la glucosa endógena reduce la producción de insulina y aumenta la producción de glucagón; como consecuencia, se inicia la lipólisis que permite obtener ácidos grasos y cuerpos cetónicos, los cuales se constituyen en el principal sustrato energético. Los órganos glucodependientes se adaptan para usar cetonas en lugar de glucosa y se reduce de este modo la gluconeogénesis y se frena inicialmente el catabolismo proteico.

Ayuno prolongado: A través de la reducción de la actividad de las hormonas tiroideas se reduce el metabolismo basal, lo cual se traduce en una reducción del gasto energético total. La energía solamente es requerida para mantener los procesos vegetativos. Este es el último mecanismo adaptativo antes de que sobrevenga la muerte por inanición.

La adaptación al ayuno en ausencia de suministro exógeno de sustratos energéticos representa un mecanismo de supervivencia. Sin embargo, si el ayuno se prolonga, el organismo consume sus propias reservas dando como resultado el desgaste de la masa muscular esquelética, del tejido subcutáneo y de todos los órganos vitales.

Respuesta metabólica a la intervención quirúrgica.

Toda agresión (quirúrgica, traumática, infecciosa, quemaduras extensas) genera un conjunto de modificaciones neuroendocrinas y humorales cuyas consecuencias metabólicas y nutricionales son de diversa intensidad, que depende directamente del tipo y la gravedad de ésta. Las alteraciones bioquímicas observadas son dependientes de los mediadores neuro-hormonales y de las citoquinas. Los leucocitos y los macrófagos liberan citoquinas las cuales tienen una repercusión sistémica directa en la respuesta metabólica a la agresión.

Respuesta humoral.

Las señales nerviosas aferentes viajan desde el sitio de la lesión hasta el hipotálamo. La pituitaria estimula la liberación de ACTH, quien a su vez estimula la corteza suprarrenal para sintetizar cortisol. La médula suprarrenal a través del sistema nervioso simpático aumenta los niveles circulantes de adrenalina y noradrenalina. Se aumentan también los niveles de catecolaminas, glucagón, hormona del crecimiento y de insulina, aunque en menor proporción.

La respuesta neuroendocrina postquirúrgica altera también los mecanismos de regulación y excreción de sal y agua. Se presenta una pérdida funcional de volumen con aparición de edema por redistribución del líquido extracelular. Cuando cede el edema el líquido fugado al tercer espacio vuelve a la circulación y se reestablece la diuresis de 2 a 4 horas después de la cirugía.

Citoquinas.

Son productos polipeptídicos considerados mensajeros fisiológicos de la respuesta inflamatoria. Incluyen las interleukinas, los interferones, los factores de necrosis tumoral, los factores de crecimiento de colonias, los factores quimiotácticos y los factores de crecimiento y/o diferenciación. Las principales citokinas implicadas en la respuesta metabólica a la agresión son la interleukina 1 (IL-1), la interleukina 2 (IL-2), la interleukina 6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral (TNF).

Interleukina 1: actúa en la respuesta temprana e induce proteólisis y aumento de la captación hepática de hierro, zinc y de aminoácidos para la síntesis de proteínas de fase aguda. Eleva las cifras séricas de PGE 2 implicadas en la aparición de síntomas como fiebre, escalosfrío, mialgia y cefalea.

Interleukina 2: molécula producida por linfocitos H activados. Eleva las hormonas contrarreguladoras y produce síntomas como fiebre y taquicardia.

Interleukina 6: aumenta la síntesis de proteínas de la inflamación.

Factor de necrosis tumoral: molécula elaborada por macrófagos. Aumenta la ACTH y es responsable de síntomas como escalofrío, fiebre y mialgias.

Cambios metabólicos inducidos por el estrés quirúrgico.

La respuesta metabólica a la agresión quirúrgica se presenta en un principio como un hecho ventajoso que busca garantizar aportes de nutrientes al sitio lesionado y a los órganos vitales; de no corregirse la agresión, el hipermetabolismo persiste y sus efectos deletéreos sobre el sistema inmune predisponen a la aparición de complicaciones sépticas que pueden conducir a la falla orgánica múltiple y a la muerte.

Energía: el gasto energético en reposo (GER) se incrementa inmediatamente luego de la cirugía, presenta un pico máximo a las 4 horas postagresión y retorna a los niveles basales a las 12 horas. En lactantes politraumatizados, se han observado aumentos del GER hasta del 15% y en neonatos después de una cirugía se han encontrado aumentos variables. Se presume que en el niño la energía necesaria para cubrir las demandas metabólicas puede ser desviada de la energía utilizada para el crecimiento evitando de este modo un aumento excesivo en el gasto energético total. Se considera que en niños sometidos a cirugía no complicada puede no ser necesario aumentar el aporte calórico por encima de las necesidades normales para la edad en el posoperatorio inmediato.

Proteínas: a pesar del aporte elevado de aminoácidos y energía, en el postoperatorio temprano, se observa disminución en la síntesis y aumento de la degradación de proteínas musculares (proteólisis), y por otro lado, se aumenta la utilización de aminoácidos para atender la gluconeogénesis. Esta respuesta ha sido evaluada en estudios metabólicos donde se ha utilizado la excreción de 3-metilhistidina como marcador del catabolismo proteico muscular y en los cuales se concluye que no es posible suprimir la degradación proteica muscular característica del postoperatorio temprano.

Carbohidratos y grasas: se produce movilización simultánea de ambos sustratos (glucosa y ácidos grasos). Lo anterior se traduce en aumento de la lipólisis, gluconeogénesis y glucogenólisis. Las consecuencias son principalmente hiperglucemia y acumulación de grasa en el hígado. A nivel periférico existe resistencia al consumo de glucosa como mecanismo de ahorro para los órganos glucodependientes. Los cuerpos cetónicos no representan una fuente energética importante durante el hipermetabolismo. La degradación de proteínas constituye la principal fuente de obtención de glucosa a nivel endógeno, lo que implica desgaste de la masa proteica con sus terribles consecuencias.

Aunque la desnutrición puede ocurrir en pacientes hospitalizados a través del ayuno o del estrés metabólico, las alteraciones metabólicas que conducen a este estado son muy diferentes (Tabla 1).

Tabla 1. Cambios metabólicos en el ayuno y en el estrés metabólico.
Variable
Ayuno
Estrés metabólico
Gasto energético en reposo Disminución Aumento
Glucagon Aumento Aumento
Insulina Disminución Aumento
Gluconeogénesis Aumento + Aumento ++
Glucosa plasmática Disminución Aumento
Cetogénesis Aumento Disminución
Lípidos plasmáticos Aumento + Aumento ++
Proteínas somáticas Conservación Catabolismo
Proteínas viscerales Conservación Catabolismo
Principal combustible Grasa Mixto

Fuente: Fish J A, Friedmann J M. Metabolic stress. En: Matarese LE, Gottschlich M M. Contemporary nutrition support practice. A clinical guide. Saunders Company; 1998. p.539.

Desnutrición en paciente quirúrgico.

La desnutrición y la infección son factores que coexisten y dan origen a un círculo vicioso que impide una evolución adecuada del paciente en el período postquirúrgico. El déficit nutricional es proporcional a la pérdida de masa celular y está en función del déficit previo. El tiempo de ayuno así como la intensidad del catabolismo también predisponen a la aparición de desnutrición. Los pacientes sometidos a cirugía electiva pueden presentar desnutrición previa secundaria a su patología de base, otros se vuelven desnutridos en el postquirúrgico debido al hipermetabolismo desencadenado por el trauma quirúrgico.

Sistema inmunológico: las alteraciones a nivel del sistema inmunológico son frecuentes y traen como consecuencia aumento de la susceptibilidad a las infecciones y alteraciones en los procesos de cicatrización.

- Disminución de la inmunidad mediada por células y de la respuesta inflamatoria.
- Disminución de los componentes humorales o anticuerpos (linfocitos B).
- Disminución de los linfocitos T.
- Disminución de los componentes fagocíticos como macrófagos, neutrófilos polimorfonucleares y sistema retículo endotelial.
- Disminución del complemento.


Cicatrización:
la desnutrición prolonga la fase inflamatoria y se impide la fibroplastia con la consecuente disminución en la proliferación fibroblástica de la síntesis de proteoglicano y colágeno, de la neoangiogénesis y de la remodelación de la herida.

Nutrición parenteral perioperatoria.

Consiste en brindar apoyo metabólico y nutricional endovenoso a pacientes quirúrgicos los días previos e inmediatos a la cirugía. Busca mantener o mejorar el estado nutricional antes y después de la cirugía, y evita las consecuencias de la desnutrición en la morbimortalidad posquirúrgica.

Indicaciones: paciente con tracto gastrointestinal no funcional que será sometido a cirugía mayor electiva y que presenta desnutrición grave. El soporte parenteral preoperatorio se llevará a cabo por un lapso no menor a 10 días. La continuación del soporte nutricional parenteral en el postoperatorio se llevará a cabo por vía periférica cuando se prevea un ayuno de 7 a 10 días. Si el tiempo de ayuno es mayor se deberá suministrar nutrición parenteral por vía central.

Indicaciones de nutrición parenteral en el paciente quirúrgico pediátrico.

Tracto gastrointestinal no funcional

1. Íleo paralítico.
2. Enterocolitis.
3. Pancreatitis aguda moderada a severa.
4. Alteraciones intestinales quirúrgicas: gastrosquisis, onfalocele, atresia intestinal, malrotación, vólvulo intestinal, atresia y/o fístula traqueosofágica.
5. Vómito crónico severo.
6. Seudo-obstrucción intestinal idiopática crónica.
7. Fístulas enterocutáneas o biliocutáneas.
8. Peritonitis.

Tracto gastrointestinal parcialmente funcional

1. Requerimientos de nutrientes aumentados por enfermedad o pérdidas excesivas, que no alcanzan a ser cubiertos vía enteral.
2. Riesgo de aspiración/reflujo y no es posible acceso enteral.
3. Síndrome de intestino corto.
4. Malabsorción.
5. Diarrea crónica intratable con deshidratación.
6. Hipermetabolismo con tolerancia enteral y/o accesos limitados como en sepsis, falla orgánica multisistémica, quemaduras graves y trasplante de médula ósea.

Situaciones clínicas en las cuales la nutrición parenteral es de poca utilidad

- Tracto digestivo funcional, con absorción adecuada y ayuno menor de 72 horas.
- Períodos posquirúrgicos inmediatos o de stress.
- Sospecha o confirmación de enfermedad intratable.


Selección de la vía de acceso venoso.

La vía de administración de la nutrición parenteral dependerá de la indicación, la duración del soporte parenteral y de la concentración de las diferentes soluciones.

Nutrición parenteral periférica:
1. Niños sin cuadro severo de desnutrición
2. Período corto de tiempo 3-7 días
3. Concentración final de proteínas menor de 3,5%
4. Concentración final de dextrosa menor de 12,5%
5. Osmolaridad final de la solución menor de 600 mOsm/L
Nutrición parenteral central:
1. Pacientes con restricción de líquidos, hipermetabólicos o severamente desnutridos
2. Imposibilidad de acceso venoso periférico
3. Soporte nutricional prolongado (mayor a 7 días)
4. Concentración final de dextrosa mayor a 12,5%
5. Osmolaridad final de la solución mayor de 600 mOsm/L


Provisión de energía y nutrientes.

El suministro de energía y nutrientes debe basarse en las necesidades del paciente de acuerdo a su edad, a la patología de base y el grado de estrés metabólico al que está sometido ya que esto puede aumentar la excreción de nitrógeno a partir del catabolismo proteico.

Energía: se sugiere cubrir tan rápido como sea posible el GER, considerando que el apoyo nutricional se realiza en la fase flow; éste es un propósito difícil de cumplir por dificultades técnicas con la vía de administración de la nutrición (enteral o parenteral), por los trastornos metabólicos que acompañan la enfermedad de base o por la intolerancia del paciente. Referirse al capítulo de evaluación del estado nutricional para consultar los métodos empleados para la estimación de las necesidades energéticas.

Líquidos: los incrementos en los aportes hídricos deben realizarse con cautela y de manera progresiva, con monitoreo de los signos que sugieran deshidratación o sobrecarga hídrica. Se debe tener presente que la mezcla de la nutrición parenteral no es un líquido de reanimación hídrica y que no debe ser usada para expansión de volumen, ni para reemplazo de pérdidas urinarias o gastrointestinales. Para el cálculo de los requerimientos de líquidos de mantenimiento puede emplearse el método de Holliday-Segar basado en el peso corporal descrito en el capítulo de evaluación del estado nutricional.

A continuación se describen las necesidades de los macro y micronutrientes a utilizar en el soporte nutricional parenteral.

Proteínas: por muchos años han sido usadas las soluciones de aminoácidos cristalinos por vía venosa. En los neonatos pretérmino o de bajo peso dada la inmadurez de algunos sistemas enzimáticos, los aminoácidos histidina, tirosina, cisteína y taurina son considerados condicionalmente esenciales debido a que ellos no los sintetizan. Las soluciones de aminoácidos cristalinos de uso pediátrico como Aminosteril Infant®, Primene® y Trophamine® son las preferidas para los lactantes hasta los seis meses, puesto que contienen concentraciones más altas de tirosina y más bajas de metionina que las soluciones de aminoácidos estándar para adultos y están adicionadas con taurina, aminoácido ausente en las soluciones de adultos.

La siguiente es una guía para el suministro de proteínas de acuerdo a la edad.

Neonatos pretérmino
2,5 – 3,0 g/kg/día
Neonatos a término
2,3 – 2,7 g/kg/día
Lactantes
2,0 – 2,5 g/kg/día
Niños de 2 –12 años
2,0 – 2,5 g/kg/día
Adolescente
1,0 – 2,0 g/kg/día

Generalmente se inicia el aporte de proteínas con 0,5 a 1 g/kg/día y se realizan aumentos graduales de 0,5 g/kg/día según la tolerancia.

En el trauma severo o en la infección pueden ser necesarios aminoácidos específicos, como glutamina, tirosina y cisteína; la inclusión de ellos en las soluciones de aminoácidos mejora el balance nitrogenado, promueve la síntesis proteica y evita la atrofia intestinal relacionada con la nutrición parenteral exclusiva prolongada. Con esta consideración los tripéptidos y dipéptidos sintéticos son candidatos en un futuro para incluir en la nutrición parenteral postoperatoria.

Carbohidratos: la glucosa es el único combustible utilizado en proporción apreciable por unas pocas células especializadas puesto que es el principal combustible para el cerebro. Mínimas cantidades de glucosa son necesarias para proporcionar la energía basal. La glucosa es la fuente de carbohidratos usada en la nutrición parenteral y proporciona 3,4 kcal/g.

La dosis mínima en el aporte de glucosa es la cantidad mínima necesaria para mantener un suministro adecuado de energía al cerebro y frenar gluconeogénesis; en un niño estable es equivalente a la producción hepática de glucosa (4–6 mg/kg/minuto).

La dosis máxima en el aporte de glucosa debe ser menor que la capacidad máxima de oxidación de la glucosa. El exceso de glucosa es convertido a grasa, con aumento en el consumo de oxígeno y en la producción de CO2 y elevación del cociente respiratorio.

El aporte de glucosa vía parenteral depende del estado clínico y metabólico del niño, de la edad del niño, del empleo de fármacos que produzcan hiperglucemia y de la glucosa sérica. A continuación se presenta una guía para la administración de carbohidratos.

Neonatos
Iniciar: 4 – 7 mg/kg/minuto (5 – 10 g/kg/día)
Aumentar: 1,5 – 3,0 mg/kg/minuto
Meta: 12 – 13 mg/kg/minuto (17 – 18 g/kg/día)
Lactantes Iniciar: 6 – 8 mg/kg/minuto (8 – 11 g/ kg/día)
Aumentar: 1 – 3 mg/kg/minuto (2 – 4 g/kg/día)
Meta: 11 – 12 mg/kg/minuto (15 – 17 g/kg/día)
Preescolares, escolares y adolescentes
Iniciar: 2 – 3 mg/kg/minuto (4 – 5 g/kg/día)
Aumentar: 1 – 3 mg/kg/minuto (2 – 4 g/kg/día)
Meta: 4 – 8 mg/kg/minuto (5 – 11 g/kg/día)

Las infusiones de cargas excesivas de glucosa pueden conducir a intolerancia que se manifiesta con hiperglucemia, glucosuria y deshidratación hiperosmolar. La recomendación es monitorear los niveles de glucosuria y proceder así: con una glucosuria de + no aumentar la tasa de infusión y disminuir la tasa de infusión de glucosa con una glucosuria de ++.

Lípidos: la fuente de grasa a utilizar en la nutrición parenteral es una emulsión constituida por triglicéridos, un agente osmótico (glicerol) y un agente emulsificante (fosfátidos de yema de huevo); estas emulsiones ofrecen unas partículas similares a los quilomicrones, se emplean para evitar y tratar la deficiencia de ácidos grasos esenciales (linoleico y alfa-linolénico) y como fuente calórica. Las grasas para uso intravenoso tienen una baja osmolaridad (280 a 320 mOsm), lo cual permite su uso vía periférica; se encuentran en concentraciones al 10% (1,1 kcal/mL) y al 20% (2 kcal/mL).

Existen en el mercado dos presentaciones de emulsiones de lípidos, una preparada con triglicéridos de cadena larga (ácidos grasos omega 6 y omega 3), y otra elaborada con mezcla de triglicéridos de cadena media y larga (MCT-LCT) con predominio de ácidos grasos omega 3. En pacientes con hipermetabolismo y en recién nacidos son de elección las emulsiones de lípidos con predominio de ácidos grasos omega 3 y que contengan MCT. Hay diferencias clínicas significativas en las emulsiones de lípidos disponibles al 10 y al 20%, especialmente en su contenido de fosfolípidos. La cantidad ligeramente más alta de fosfolípidos en las emulsiones al 10% resulta en más liposomas fosfolipídicos, con formación de la lipoproteína X y disminución en la hidrólisis periférica de los triglicéridos circulantes. Las emulsiones de lípidos al 20% son preferidas a las del 10%, puesto que con estas últimas se han encontrado niveles séricos altos de colesterol, triglicéridos y fosfolípidos.

Guía para la administración de lípidos vía parenteral.

Neonatos < 1000 gramos, máximo 2,5 g/kg/día
Neonatos > 1000 gramos, máximo 3,0 – 3,5 g/kg/día
Lactantes y escolares, máximo 2 – 3 g/kg/día
Adolescentes 2,0 – 2,5 g/kg/día

Iniciar: 0,5 – 1,0 g/kg/día
Aumentar 0,5 g/kg/día hasta alcanzar la meta

La tasa de infusión de lípidos no debe superar 0,11 g/kg/hora (1,0 kcal /kg/hora). La infusión intermitente puede producir concentraciones más altas de triglicéridos que las infusiones continuas a iguales dosis. La infusión continua en 18 a 20 horas es preferida para mejorar el aclaramiento y la tolerancia. Los efectos indeseables de las emulsiones de lípidos en la nutrición parenteral son debidos en su mayoría al aumento en la velocidad de infusión y a la disminución en la depuración, como también a las cargas excesivas.

La nutrición parenteral libre de grasa causa deficiencias clínicas y bioquímicas; en los niños la deficiencia de ácidos grasos esenciales (DAGE) está caracterizada por rash en la piel, retraso en el crecimiento y niveles plasmáticos disminuidos de linoleato y elevación en la proporción de trieno:tetraeno (>0,4). Sólo el 1 a 2% de las calorías totales suministradas como ácidos grasos esenciales son necesarias para prevenir su deficiencia. Si el paciente lleva más de una semana sin lípidos se recomienda suministrar una dosis semanal de 0,5 g/kg/día por vía periférica, con esto se previene la DAGE.

Un aporte excesivo de lípidos por vía venosa puede conducir a esteatosis, disminución en la difusión pulmonar, disminución en la oxigenación periférica, alteración en la función inmune, función plaquetaria anormal, alteración en la función del sistema retículo endoplasmático, puede inducir pancreatitis sí se dan cargas excesivas de grasa y a una velocidad de infusión rápida que sobrepase la tasa de hidrólisis, e hiperlipoproteinemia con el desarrollo de la lipoproteína X en neonatos.

La trombocitopenia o el distrés respiratorio no son contraindicaciones para la infusión de lípidos.

Se considera no administrar lípidos en las siguientes situaciones:

-Niveles séricos elevados de triglicéridos y colesterol.

-Albúmina menor de 3 g/dL con hiperbilirrubinemia indirecta mayor de 12 mg/dL

-Recién nacido en ventilación mecánica con una fracción inspiratoria de oxígeno mayor de 60%.

Minerales y electrolitos: su administración está fundamentada en que sirven como agentes osmóticos en los fluidos corporales, actúan como cofactores en actividad de diferentes metaloenzimas y favorecen la integridad celular y ósea. Su aporte depende de las pérdidas preexistentes y de las pérdidas continuas durante la administración parenteral. Las cantidades recomendadas varían de acuerdo a la edad (Tabla 2).

Tabla 2. Aportes de minerales y electrolitos recomendados para la nutrición parenteral.
Edad
Calcioª
Fósforo
Magnesio
Sodio
Cloro
Potasio
Recién nacido pretérmino 60–80 mg/kg/día 47–62 mg/kg/día 9–10
mg/kg/día
2–4 mEq/kg/día 2–3 mEq/kg/día 2–3 mEq/kg/día

Recién nacido a término y
lactante hasta 2 años

0,5–4,0
meq/kg/día

10–80 mg/kg/día

0,5–2,0 meq/kg/día

15–62 mg/kg/día

0,25–0,5 meq/kg/día

3–6 mg/kg/día

2–5 meq/kg/día 2–5 mEq/kg/día 2–5 mEq/kg/día

Preescolares
Escolares

0,47–0,94 mEq/kg/día

9,4–18,8 mg/kg/día

1,8 mEq/kg/día

27,9 mg/kg/día

0,25–1 mEq/kg/día

3–12
mg/kg/día

2–5 mEq/kg/día 2–5 mEq/kg/día 2–5 mEq/kg/día
Adolescentes  

0,235–0,47 mEq/kg/día

4,7–9,4 mg/kg/día

0,9–1,8 mEq/kg/día

13,9–27,9 mg/kg/día

8–32
mEq/día

97–389 mg/día

60–150 mEq/día 60–150 mEq/día 70–180 mEq/día

Fuentes:

Schanler R J. The low birth weight infant. En: Walker WA, Watkins JB. Ed., Nutrition in pediatrics. Basics science and applications. Hamilton-London: B.C.: Decker; 1997. p.396.
Davis A M. Initiation, monitoring and complications of pediatric parenteral nutrition. En: Baker RD, Baker SS, Davis AM. Pediatric parenteral nutrition. Chapman & Hall; 1997. p.218.

Noel R A, Udall JN. Parenteral nutrition. En: Walker WA, Watkins JB. Ed., Nutrition in pediatrics. Basics science and applications. Hamilton-London: B.C.: Decker; 1997. p.740.

Oligoelementos: el papel de estos micronutrientes en la nutrición artificial ha cobrado importancia luego de que se reportaran condiciones clínicas específicas debido a estados carenciales en pacientes sometidos a nutrición parenteral prolongada. En la Tabla 3 se presentan las dosis recomendadas de elementos trazas a suministrar vía parenteral.

Tabla 3. Aportes recomendados de elementos traza vía parenteral.
Nutriente
Lactantes hasta
los 2 años
Niños mayores
Adolescentes
Zinc (ug/kg ) 250 – 50 50 (5 ug/día) 5000 ug/día
Cobre (ug /kg )* 20 20 (300 ug/día) 300 ug/día
Cromo (ug /kg )** 0,20 0,20 (5 ug/día) 1015 ug/día
Manganeso (ug/kg )* 1,0 1,0 (50 ug/día) 10–15 ug/día
Selenio (ug /kg)** 2,0 2,0 (30 ug/día) 30 – 60 ug/día
Molibdeno (ug /kg )** 0,25 0,25 (5 ug/día) 20 – 120 ug/día
Yodo (ug/kg) 150 ug/día 1,0 1,0 (50 ug/día)  
Hierro 100 ug/kg 1,0 ug/día 1 – 3 ug/día

* Deben ser omitidos de la terapia cuando se presenta ictericia colestásica para prevenir toxicidad, ambos elementos son excretados en la bilis.

** No se deben administrar cuando hay falla renal para prevenir toxicidad, debido a que estos elementos son excretados vía renal.

Fuente: Davis AM. Pediatrics. En: Matarese L E, Gottschlich M M. Contemporary nutrition support practice. A clinical guide. W.B. Saunders; 1998. p. 353.

La deficiencia de zinc se presenta si este nutriente no se administra; por lo tanto, este elemento traza debe ser adicionado a la mezcla de nutrición desde el inicio del soporte nutricional, a todo paciente que requiera nutrición parenteral exclusiva. Los demás elementos traza deben ser adicionados a los pacientes que requieren un soporte nutricional parenteral por un período mayor a 4 semanas sin nutrición enteral. No hay recomendaciones disponibles para la administración parenteral de hierro y fluor para los lactantes de bajo peso al nacer. En pacientes que requieren nutrición parenteral prolongada el hierro dextrano puede ser adicionado a la infusión a una dosis de 0,1 mg/kg/día.

Para los niños mayores de 5 años se recomienda cantidades adicionales de zinc así:

2,0 mg/día en catabolismo agudo
12,2 mg/ l de pérdidas por intestino delgado
17,1 mg/l de líquido (diarrea, ileostomía)

Vitaminas: los requerimientos de vitaminas parenterales difieren de los requerimientos por vía enteral, debido a las diferencias en la eficiencia de la absorción y utilización de los nutrientes cuando son administrados por la vía parenteral, y a la estabilidad físicoquímica de las mezclas parenterales. En la tabla 4 se presentan las cantidades a suministrar según edad del niño.

Tabla 4. Cantidad diaria recomendada de vitaminas.
Vitaminas
Recién nacido
Lactante-escolar
Adolescente
Vitamina A 230 UI/kg 2300 UI 3300 UI
Vitamina D 44 – 66 UI 400 UI 200 UI
Vitamina E 0,5 – 0,6 UI/kg 5 – 7 UI 8 – 10 UI
Vitamina K 15 – 20 ug 0,2 – 0,5 mg 1 mg
Ácido ascórbico 35 mg 45 mg 50 mg
Tiamina 0,05 mg/kg 0,7 – 1,2 mg 1,5 mg
Riboflavina 0,07 mg/kg 0,8 – 1,4 mg 1,5 mg
Niacina 0,8 mg/kg 9 – 15 mg 15 mg
B12 0,04 mcg/kg 1 – 2 mcg 5 mcg

Fuente: Díaz A M. Soporte nutricional parenteral. En: Rojas M C, Guerrero L R. Nutrición clínica y gastroenterología pediátrica. Bogotá D.C.: Ed. Médica internacional; 1999.p.241.

Monitoreo.

El manejo adecuado de un soporte nutricional en pediatría incluye el monitoreo de parámetros de crecimiento, nutricionales, metabólicos y clínicos:

-Monitoreo de crecimiento: peso, longitud/talla, circunferencia cefálica en niños menores de 3 años, pliegues cutáneos.

-Monitoreo nutricional: aporte de nutrientes, control de líquidos administrados y eliminados, velocidad de infusión.

-Monitoreo metabólico: pruebas de función renal, pruebas de función hepática, estado ácido-base, electrolitos, calcio, fósforo y magnesio plasmáticos, glucemia, triglicéridos, proteínas totales, albúmina o idealmente prealbúmina séricos.

-Monitoreo clínico: signos vitales, estado de hidratación, evidencia de edema, vigilancia del sitio de inserción y cuidado del catéter.

El monitoreo permite evaluar los resultados de la terapia nutricional, puede evitar complicaciones potenciales y/o identificar problemas asociados a la nutrición parenteral. La frecuencia de este monitoreo dependerá del estado metabólico, hemodinámico y condiciones clínicas del paciente, como también de la periodicidad con que se hacen los incrementos en la nutrición parenteral y de si el soporte nutricional se usa durante la fase aguda o en el período de recuperación de la enfermedad. Durante los primeros días se sugiere control metabólico estricto, luego, 1 ó 2 veces por semana.

En el soporte parenteral con una duración mayor de dos semanas, se deben determinar la bilirrubina directa y las aminotransferasas séricas para evaluar la función hepática y vigilar el desarrollo de colestasis.

Si se presentan niveles séricos elevados de un nutriente se recomienda disminuir la cantidad del sustrato infundido, en incrementos de 0,5 a 1,0 g/kg de proteína o de lípidos y 2 a 3 mg de dextrosa/kg/min y evaluar la respuesta en 24 horas.

Cuando los niveles séricos de fósforo son menores de 1,0 – 1,5 mg/dL, se aconseja no administrar nutrición parenteral o glucosa intravenosa hasta cuando los niveles séricos de fósforo sean por lo menos de 2,5 mg/dL. En los casos de hipofosfatemia severa se deben administrar bolos intravenosos de fósforo por otra línea venosa 0,25 a 0,75 mmol /kg/bolo infundido cada 4 a 6 horas según sea requerido.

Cuando el soporte nutricional parenteral es prolongado o el crecimiento es inadecuado, o se sospecha una deficiencia específica, debe evaluarse el estado de ácidos grasos esenciales, calorías, proteínas, zinc, selenio, vitaminas y minerales.

Complicaciones.

A pesar del cuidadoso planeamiento y monitoreo, la nutrición parenteral tiene un número potencial de complicaciones las que han sido clasificadas en varias categorías. Ver Tabla 5.

Infecciosas: son las complicaciones más comunes y generalmente están relacionadas con el catéter. La septicemia es la principal complicación de la nutrición parenteral con fuente de entrada a partir del catéter; los gérmenes más frecuentes son S. aureus, S. albus, C. albicans y gérmenes gram negativos.

Mecánicas: las más comunes son las oclusiones del catéter causadas por problemas mecánicos, tasas de infusión bajas, precipitación de calcio y fósforo, depósito de lípidos o precipitación de medicamentos. Otras complicaciones se relacionan con la inserción del catéter (neumotórax, hematoma mediastinal, lesión de plejos nerviosos, hemotórax, laceración del conducto torácico, embolia gaseosa, embolización del catéter, trombosis séptica, arritmias).

Metabólicas/nutricionales: la sobrehidratación y la deshidratación son las complicaciones metabólicas más comunes asociadas con la nutrición parenteral. Otras complicaciones metabólicas incluyen hipoglucemia e hiperglucemia, hipertrigliceridemia, desequlibrios electrolíticos, reacciones de hipersensibilidad, deficiencias de ácidos grasos esenciales, vitaminas, minerales o elementos traza, desequilibrios en el estado ácido-base, azoemia, hiperamonemia, retardo del crecimiento en niños con nutrición parenteral prolongada; la enfermedad ósea metabólica también está frecuentemente asociada con la nutrición parenteral prolongada.

Gastrointestinales: colestasis identificada por elevación de la bilirrubina directa (> 2,0 mg/dL) después de excluir otras enfermedades, esteatosis y falla hepática que son de origen multifactorial y donde el aumento de metabolitos tóxicos de los ácidos biliares parece ser el factor principal. Otros problemas gastrointestinales asociados con la nutrición parenteral incluyen atrofia intestinal, reducción en el tiempo de vaciamiento gástrico, potencial translocación bacteriana, sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, necrosis hepatocelular y cirrosis. Se han registrado náuseas y vómitos en los niños que reciben nutrición parenteral cíclica en el hogar.


Tabla 5. Complicaciones del soporte nutricional parenteral.
Complicación
Causa
Tratamiento
Relacionadas con catéter
Arritmia cardiaca Punta del catéter en el corazón Remover el catéter
Aire
Inyección inadvertida de aire; desacople accidental del sistema de infusión Inmediatamente colocar el paciente sobre el lado izquierdo y la cabeza más baja; de esta forma el aire se desplaza hacia el ápice del ventrículo derecho.
Trombosis de vena central Desacople del sistema de infusión Terapia anticoagulante; remover el catéter si esto fracasa
Oclusión del catéter Hipotensión; precipitados de lípidos o minerales en la nutrición parenteral Terapia anticoagulante
Perforación y/o fuga de la infusión Más común con catéteres de polyvinil, polietileno Chequear los sitios de conexión; reemplazar losdispositivos, tubos, catéteres imperfectos
Obstrucción en el sistema de infusión Catéter acodado, coágulo; cierre de la línea  
Flebitis Administración periférica de soluciones hipertónicas; infiltración de líquidos Cambiar el sitio de la línea periférica
Infecciosas
Sepsis Técnicas asépticas inadecuadas; inserción de catéter; cuidado de catéter; preparación de la mezcla parenteral Hemocultivos; antibióticos o antimicóticos
Infección local Técnicas asépticas inadecuadas  
Metabólicas
Diuresis osmótica Hiperglicemia; glucosuria aumentada Disminuir la tasa de infusión o concentración de dextrosa; dar insulina
Hiperamonemia Disfunción hepática; amonio libre excesivo; arginina insuficiente; infusión excesiva de aminoácidos Reducir la concentración de proteínas; aumentar la proporción calorías no proteicas:nitrógeno
Azoemia o BUN elevado Deshidratación; desbalance calorías/nitrógeno; disfunción renal Corregir deshidratación; aumentar la proporción de calorías:nitrógeno o reducir la concentración de aminoácidos; dar insulina si la hiperglicemia está presente
Hiperglicemia Tasa de infusión o concentración excesiva de glucosa; terapia con esteroides; posible sepsis; insulina insuficiente Reducir la tasa o la concentración de dextrosa; descartar sepsis; dar insulina
Hipoglicemia Interrupción abrupta de concentraciones altas de dextrosa en la nutrición parenteral. Iniciar infusión de dextrosa; monitoreo de convulsiones.
Acidosis metabólica Pérdidas renales o gastrointestinales de base; infusión de ion hidrógeno; excesivos aportes de proteínas y/o calorías. Aumentar acetato en la nutrición parenteral; disminuir Cl en la nutrición parenteral con acidosis hiperclorémica; proporcionar calorías y proteínas de mantenimiento
Alkalosis metabólica Introducción de bases o drenaje nasogástrico. Provisión adicional de líquidos y NaCl, KCl o NH4Cl.
Sobrecarga de líquidos Insuficiencia renal o cardíaca o tasa excesiva de infusión Disminuir los líquidos y aumentar la concentración de nutrientes en la nutrición parenteral.
Acidosis respiratoria Carga calórica aumentada con alto porcentaje de calorías como dextrosa. Disminuir el aporte calórico total; disminuir el % de calorías derivadas de carbohidratos y aumentar el % de calorías derivadas de lípidos.
Colestasis Idiopática; ausencia de nutrición enteral; posiblemente un desbalance entre calorías de dextrosa, proteínas, lípidos; toxicidad hepática. Nutrición parenteral cíclica; disminuir el % de las calorías de lípidos y dextrosa (<50% y < 40% respectivamente); uso de TGI con 1-2 mL/hora para alimentación trófica.
Hipofosfatemia Aporte inadecuado de fósforo; sindrome de realimentación; pérdidas aumentadas (diarrea); infusión de altas concentraciones de dextrosa pueden aumentar las necesidades de fósforo. Aumentar fósforo en la nutrición parenteral; monitoreo de compatibilidad en la solución parenteral; monitoreo de niveles séricos.
Hiperfosfotemia Insuficiencia renal. Disminuir fósforo en la nutrición parenteral pero no omitirlo; verificar otras fuentes de fósforo.
Hipocalcemia Sindrome de realimentación; inadecuado aporte de calcio. Aumentar aporte de calcio; monitoreo de compatibilidad en la solución parenteral; monitoreo de niveles séricos.
Hipomagnasemia Inadecuado aporte de magnesio; sindrome de realimentación; pérdidas gastrointestinales o renales. Aumentar magnesio en la nutrición parenteral; monitoreo de la compatibilidad en la solución parenteral; monitoreo de los niveles séricos.
Hipokalemia Pérdidas gastrointestinales o renales; síndrome de realimentación; inadecuado aporte de potasio; infusión alta de dextrosa; hipomagnasemia. Aumentar potasio en la nutrición parenteral; para la realimentación puede requerir 4 mEq/kg/día; monitoreo de los niveles séricos.
Hiponatremia Pérdidas gastrointestinales o renales; inadecuado aporte de sodio; aporte excesivo de líquidos. Aumentar el sodio en la nutrición parenteral; disminuir el volumen de los líquidos; monitoreo del sodio sérico y de la densidad urinaria.
DAGE Nutrición parenteral libre de grasas. Proporcionar por lo menos 2-4 % de las calorías como grasa (0.5-1.0 g/kg/día).
Hipertrigliceridemia Infusión de lípidos demasiado alta. Aumentar duración de infusión; disminuir g/kg/día infundidos; adicionar 0.5-1.0 U de heparina/100 mL de nutrición parenteral (no exceder de 100 U/kg).
Erupción en la piel Posible alergia. Descontinuar la administración de lípidos o cambiar la preparación de los lípidos.
Deficiencia de oligoelementos Inadecuado aporte o suplementaciónincompleta; pérdidas gastrointestinales (zinc). Suplementación de elementos traza; adicionar selenio y molibdeno después de 2-4 semanas de nutrición parenteral; aporte adicional de elementos traza.
Alteraciones en vitaminas Aportes inadecuados; necesidades excesivas Monitoreo de los niveles séricos; aporte adicional de vitaminas

Fuente: Davis A M. Initiation, monitoring and complications of pediatric parenteral nutrition. En: Baker RD, Baker SS, Davis AM. Pediatric parenteral nutrition. Chapman & Hall; 1997. pp.229-231.

Nutrición enteral mínima.

- Qué: provisión de pequeñas cantidades de leche (leche materna o fórmula láctea).

- Cuándo: al final de la primera semana o en la segunda semana de vida, y en ausencia de inestabilidad cardiovascular (acidosis severa, hipotensión, hipoxemia), distensión abdominal; ruidos intestinales presentes y paso de meconio.

- Cantidad: 2,5 a 20 mL/kg/día y continuar aproximadamente durante 1 semana

Alimentación de transición.

El paso de la nutrición parenteral a enteral por sonda o vía oral debe ser gradual; el tiempo para la transición depende de la funcionalidad del tracto gastrointestinal, la tolerancia a la alimentación y de la condición clínica del paciente. Los incrementos demasiado rápidos pueden sobrecargar el tracto gastrointestinal previamente lesionado o en desuso.

- La meta es ofrecer al niño alimentos o bebidas nutricionalmente adecuadas para la edad; la leche materna o una fórmula industrializada serían de elección para los lactantes, para niños mayores leche u otras fórmulas enterales completas.

- Iniciar alimentación con volúmenes pequeños y tomas frecuentes.

- A medida que la nutrición enteral se acerca al 30 o 50% de la meta nutricional, se debe iniciar disminución gradual del soporte parenteral.

- Descontinuar la nutrición parenteral cuando la alimentación enteral aporte entre el 75 y el 100% de los requerimientos nutricionales.

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Fernando Fierro Ávila
Editor asociado
Fernando Álvarez López
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