Sondas:
las sondas nasogástricas y nasoentéricas que se
utilizan en la actualidad son elaboradas en materiales blandos
biocompatibles tipo silicona o poliuretano. Por ser radiopacas
y transparentes es posible comprobar su ubicación mediante
rayos X. El diámetro de las sondas puede variar entre 8
y 12 French (1 F = 0.33 mm). Para seleccionar el diámetro
más apropiado es necesario tener en cuenta el tipo de fórmula,
el método de administración y la vía de acceso
enteral elegida. Las sondas de gran calibre pueden ocasionar,
faringitis, otitis, reflujo gastroesofágico y necrosis
por presión en el área nasolabial.
Bombas
de infusión: son equipos
eléctricos y portátiles que garantizan una velocidad
constante de goteo de la fórmula enteral. La presión
constante disminuye el riesgo de oclusión de las líneas
de infusión y de las sondas para alimentación. Se
logra reducir el riesgo de intolerancia ya que se minimiza la
retención gástrica, reduciendo, por tanto, el reflujo
gástrico y la aspiración de la fórmula.
Contenedores
para enteroclisis: se recomienda el uso de contenedores
prellenados, cerrados y listos para usar que permiten la exposición
de la fórmula al medio ambiente durante un tiempo mayor
con un menor riesgo de contaminación bacteriana.
Otros equipos para nutrición enteral incluyen tubos para
gastrostomía como el llamado hongo o botón de gastrostomía
y tubos de yeyunostomía de dos luces que permiten hacer
descompresión gástrica simultáneamente. Todos
estos equipos disminuyen el riesgo de complicaciones y buscan
ofrecer mayor comodidad al paciente. Su único inconveniente
es su alto costo.
