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| Juan
Javier Valero H., M.D.
Cirujano Pediátrico
Universidad Nacional de Colombia
Fundación Hospital de La Misericordia
Clínica Infantil Colsubsidio
Bogotá, D.C.
Objetivos
Definición.
El síndrome de intestino corto es un cuadro de malabsorción
y desnutrición causado por una longitud insuficiente del
intestino delgado. Para definirlo se han tratado de establecer
varias longitudes residuales de yeyuno e ileon, como también
varios porcentajes de pérdida del intestino delgado (mayores
del 70%). Las diferencias en las longitudes usadas para la definicion
son producto de la capacidad de crecimiento intestinal “fisiológico”
que poseen los prematuros y recién nacidos (y que es muy
escasa en los niños mayores de 6 meses). Independientemente
de la longitud de intestino restante, un intestino corto es aquel
que se comporta como tal, es decir, que no es capaz de absorber
la cantidad y calidad de nutrientes que requiere el niño
para vivir y crecer sano. Por esta razón, otra definición
adoptada es la imposibilidad de suspender la nutrición parenteral
en las 6 semanas siguientes a la pérdida de un porcentaje
importante del yeyuno-íleon.
Su incidencia es de 4,8 casos por un millón de niños
por año.
Etiología.
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Causas
frecuentes |
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Enterocolitis necrosante
- Vólvulus intestinal
- Atresias intestinales múltiples |
| Otras
causas |
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Defectos de la pared abdominal (gastrosquisis)
- Enfermedad de Hirschsprung
- Intestino corto congénito
- Trauma
- Accidentes vasculares intestinales
- Patología tumoral |
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Fisiopatología.
Cuando
se pierde una gran longitud de yeyuno-íleon, ocurre una alteración
importante en la capacidad de absorción intestinal de las
secreciones gastrointestinales y de los alimentos. Inmediatamente
después de la pérdida de intestino delgado se inicia
un proceso de adaptación mediado por factores locales y humorales
que pueden permitir la sobrevida del niño; estos cambios
son de caracter morfológicos y funcionales y consisten en
el alargamiento de las vellosidades intestinales, la profundización
de las criptas, el aumento en la velocidad de proliferación
de los enterocitos y por tanto en su número, el aumento en
el número de las células epiteliales por vellosidad,
y un incremento en la capacidad de transporte de los nutrientes
por centímetro cuadrado de intestino. El íleon tiene
mayor capacidad de adaptación y puede asumir las funciones
del yeyuno, sin embargo el fenómeno inverso no se presenta.
Los principales factores promotores de la adaptación intestinal
se enumeran en la Tabla 1.
Tabla
1. Factores que promueven la adaptación intestinal. |
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El estímulo enteral
- Suplementación de glutamina (por vía enteral
o parenteral)
- Ácidos grasos de cadena larga (por vía enteral)
- Hormona de crecimiento (G.H.)
- Factor de crecimiento similar a la insulina (I.G.F.)
- Factor de crecimiento de los hepatocitos (H.G.F.)
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Tanto los mecanismos de adaptación intestinal como sus promotores
son motivo de intenso estudio en la actualidad, puesto que cualquier
medida que aumente el porcentaje de calorías y nutrientes
que puedan administrarse por vía enteral aumentará
las probabilidades de sobrevida del niño y disminuirá
los costos del manejo.
Las
principales causas de morbimortalidad en el síndrome de intestino
corto son la sepsis, la colestasis hepática y la diarrea.
Por esta razón, es importante averiguar en cada paciente
en particular, cuáles son los factores que los desencaden
para atacarlos en forma agresiva. Las colestasis hepática
es la principal causa de mortalidad y es producida por el uso de
nutrición parenteral prolongada, la ausencia de estímulo
enteral y la sepsis.
Las principales causas de sepsis son el aumento de la permeabilidad
intestinal (que facilita la traslocación bacteriana), la
sobreinfección bacteriana intestinal, la presencia de colestasis
y la utilización de catéteres centrales (indispensables
para administrar nutrición parenteral).
Las principales causas de diarrea son la pérdida de superficie
de absorción intestinal, la ausencia de válvula ileocecal,
la sobreinfección bacteriana (promovida por segmentos dilatados
de intestino), la presencia de sales biliares a nivel del colon
(cuando hay ausencia de íleon) y las cargas osmolares por
vía enteral.
Otras complicaciones con menor incidencia en la mortalidad son:
desnutrición crónica, desequilibrio hidroelectrolítico,
acidosis láctica, colelitiasis, hiperoxaluria (con formación
de cálculos renales) y anemia megaloblástica por malabsorción
de vitamina B 12.
Tratamiento.
El enfoque interdisciplinario es fundamental en el tratamiento de
la entidad. Si el manejo médico y/o quirúrgico fracasan
se debe acudir al transplante intestinal.
Cuando en el acto quirúrgico se identifica que la longitud
residual del intestino es corta, se deben colocar un catéter
venoso central y una sonda gástrica. El catéter central
permite realizar las correcciones hidroelectrolíticas postoperatorias
y la administración de nutrición parenteral total.
La sonda gástrica permite descomprimir el íleo inicial
y administrar alimentación enteral en goteo continuo una
vez se reestablece el peristaltismo. Los estomas deben cerrarse
tan pronto el estado del paciente así lo permita. Si luego
de 6 semanas de soporte parenteral, este no puede ser suspendido,
se establece el diagnóstico de síndrome de intestino
corto.
Manejo médico.
El estímulo enteral es el principal
promotor de la adaptación intestinal, por esta razón,
debe iniciarse tan pronto las condiciones del niño lo permitan.
Este estímulo es mejor tolerado en goteos continuos y para
evitar las complicaciones a largo plazo del uso de una sonda nasogástrica,
se recomienda el uso de gastrostomía y avance de una sonda
hasta el yeyuno. Se deben realizar aumentos
progresivos isocalóricos siempre que no desencadenen pérdidas
fecales superiores a 40 cc/kg/día. La
alimentación enteral debe contener sustancias que promuevan
la adaptación intestinal (ácidos grasos de cadena
larga), que sean fácilmente absorbibles (ácidos grasos
de cadena media, hidrolizados de proteínas) y debe tener
una actividad osmótica mínima (por esto se prefiere
que el contenido de grasas sea del 40% al 50%). En los niños
mayores, cuando pueda iniciarse alimentación con sólidos,
se prefieren aquellos con mayor contenido de grasas y proteínas
y con menor contenido de carbohidratos. El aporte de calorías
por vía enteral, disminuye las probabilidades de traslocación
bacteriana y de colestasis.
La nutrición parenteral es indispensable
para lograr sobrevida a largo plazo. Antes de la implementación
de la nutrición parenteral, la mortalidad de los niños
con intestino corto que no lograban una adaptación intestinal
rápida era del 100 %. Los catéteres implantables disminuyen
las complicaciones sépticas. A medida que aumenta el porcentaje
de calorías administrado por vía enteral, la nutrición
parenteral debe ser cíclica con el propósito de prevenir
la colestasis. Varios estudios sugieren que la administración
de ácido ursodesoxicólico (U.D.C.A.) o de colecistoquinina,
pueden disminuir el porcentaje de aparición de colestasis.
Las secreciones gastrointestinales deben bloquearse
mediante la administración de ranitidinina (3-4 mg/kg/día)
y de análogos de la somatostatina (octreótido a razón
de 1-10 mcg/kg/día), aunque éstos últimos pueden
disminuir el proceso de adaptación intestinal al bloquear
las secreciones pancreáticas.
Se debe disminuir el tiempo de tránsito
intestinal y aumentar la posibilidad de absorción de nutrientes
y para este fin se usan derivados opiáceos como la loperamida
(1-2 mg cada 8 horas).
La diarrea secundaria a sobreinfección bacteriana debe tratarse
con antibióticos orales y la causada por presencia de sales
biliares en el colon con colestiramina (100-250 mg/kg/día,
dividido en 3 dosis), aunque ésta puede causar esteatorrea
al disminuir la absorción de grasas. El desequilibrio hidroelectrolítico
secundario a la diarrea debe ser manejado en forma agresiva.
La anemia megaloblástica debe tratarse con administración
mensual de vitamina B12 por vía intramuscular, nasal o sublingual.
Hay estudios experimentales que demuestran el uso de hormona del
crecimiento y otros factores para promover la adaptación
intestinal.
Tratamiento
quirúrgico.
Dada la gravedad de esta patología, es imprescindible que
el cirujano pediatra que opera por primera vez al paciente, trate
de conservar la mayor longitud intestinal posible, ya sea por el
uso de ostomías múltiples (en casos de enterocolitis),
de cirugías de segunda mirada (reservando la resección
intestinal en la primera cirugía sólo para segmentos
intestinales perforados), remodelando en vez de resecar los segmentos
dilatados (en los casos de atresias intestinales múltiples)
y conservando la válvula ileocecal.
Una vez lo permitan las condiciones del paciente, se deben cerrar
todas las ostomías intestinales. El manejo quirúrgico
siguiente consiste en la creación de una gastrostomía
(preferiblemente por técnica abierta para poder dejar una
sonda de gastroyeyunostomía) y la colocación del catéter
implantable.
Si
se identifican segmentos intestinales dilatados aislados, deben
remodelarse para evitar la estasis intestinal, la sobreinfección
y la translocación bacteriana. Deben liberarse todos los
segmentos con obstrucción intestinal parcial por la misma
razón.
Con el manejo médico-quirúrgico descrito se obtiene
adaptación intestinal en el 75% de los pacientes. Sólo
el grupo restante requiere de medidas quirúrgicas adicionales.
La creación de válvulas artificiales cuando no se
presenta una dilatación espontánea intestinal cumple
una doble función, disminuir el tiempo de tránsito
intestinal y favorecer la dilatación intestinal moderada
al aumentar la superficie de absorción. Se han desarrollado
técnicas quirúrgicas que duplican la longitud de los
segmentos intestinales dilatados, sin modificar la superficie de
absorción; las más usadas son la técnica de
Bianchi y sus modificaciones (Imagen 1), y de la Ken Kimura.
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Imagen
1A. Yeyuno residual corto (15cm) y dilatado. |
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Imagen
1B. Procedimiento de Bianchi. Se aprecia cómo el calibre
se redujo a la mitad y se duplicó la longitud intestinal. |
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La
alternativa final, cuando falla la adaptación intestinal,
cuando hay colestasis intratable, o en pacientes que han perdido
sus accesos venosos centrales y no es posible administrar nutrición
parenteral, consiste en el transplante intestinal ó hígado
e intestino simultáneos cuando hay colestasis hepática
asociada a la nutrición parenteral). En los grupos más
experimentados, la sobrevida de este procedimiento a 3 años
es del 55%. La mayoría de los niños que sobreviven
toleran la alimentación enteral exclusiva.
Pronóstico.
El aspecto cognoscitivo es normal en la mayoría de los niños,
con un 10 a 15% de retraso psicomotor moderado a severo y un 10%
de parálisis cerebral. La sobrevida varía entre el
70 al 90% en las diferentes series.
El proceso de adaptación intestinal es independiente de la
presencia de válvula ileocecal. El tiempo promedio de destete
de la nutrición parenteral con 40 cm de intestino restante
es de 40 meses. La incidencia promedio de adaptación y destete
definitivo de nutrición parenteral es del 63%. La mayoría
de los pacientes con longitudes intestinales entre 20 y 40 centímetros
requieren de manera permanente suplementos parenterales. Es cuestionable
la sobrevida en niños con menos de 20 centímetros
de yeyuno-ileon residual.
Lecturas recomendadas.

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