Texto de Cirugía Pediátrica


 

 


 

             
 

Gastroenterología - Enterocolitis necrosante -


Martín La Rotta Díaz, M.D.
Cirujano Pediátrico
Hospital San Rafael
Bogotá, D.C.

Rafael García Gutiérrez, M.D.
Cirujano Pediátrico
Hospital San Rafael
Bogotá, D.C.


Objetivos.

 
 

 

Es una entidad frecuente en las unidades de recién nacidos y como su nombre lo dice compromete el intestino con un proceso inflamatorio que tiene un amplio espectro de presentación, desde casos leves hasta casos gravísimos de necrosis intestinal, perforación, peritonitis y muerte. Aunque su manejo es primordialmente médico, muchos de los casos pueden evolucionar hacia situaciones que requerirán del concurso del cirujano pediatra.

Hoy se conoce bastante acerca de la fisiopatología, los grupos de riesgo de desarrollar la enfermedad, así como de las medidas para evitar que ella progrese a estados avanzados, y sin embargo quedan aun aspectos por estudiar y conocer que puedan explicar porqué algunos de los casos son diferentes a la forma clásica de presentación. El conocimiento de la cascada celular de los eventos puede ser muy importante para el desarrollo de medidas específicas para tratar o inclusive prevenir la E.C.N.

Breve historia.

Existen reportes de descripción de casos de enterocolitis necrosante desde hace mas de 150 años, pero es sólo a partir de mediados de los años sesenta que esta entidad se vuelve una patología conocida e importante, debido al desarrollo de las unidades de cuidado intensivo neonatal. Los avances en el cuidado de los recién nacidos condujeron al aumento de la población en riesgo de desarrollarla; así mismo, el aumento de la supervivencia de los bebés prematuros hizo que la enfermedad floreciera.

En los años sesentas el tratamiento de la E.C.N. era la intervención quirúrgica temprana de los casos complicados, pero en luego se comprendió que con el diagnóstico temprano la mayoría de los casos podían manejarse sin intervención quirúrgica. Santulli en 1975 planteó la hipótesis de que en el desarrollo de la enfermedad intervenían tres componentes básicos: lesión a la mucosa intestinal, presencia de bacterias y existencia de sustrato metabólico (formulas lácteas).

En 1978 Bell describió un esquema de clasificación basado en la gravedad, que era útil para establecer el tipo de tratamiento y que permitía hacer estudios de comparación de los resultados.

Incidencia.

La incidencia real de esta enfermedad es difícil de establecer, pues varía de una región a otra e inclusive a través de los años en una misma institución. Esta variabilidad está dada por la incidencia y la sobrevida de los niños prematuros, que a su vez depende de que tan sofisticado es el cuidado perinatal; y también depende de la procedencia del paciente, intra o extrahospitalarios. El inicio de la utilización del surfactante en la prevención y tratamiento de la enfermedad por membrana hialina, el desarrollo de la ventilación mecánica neonatal, la utilización casi rutinaria de nutrición parenteral, los avances en monitoreo, todos ellos integrados en el ambiente de una unidad de cuidados intensivos neonatales manejadas por personal altamente especializado han permitido la sobrevida de pacientes cada vez más pequeños y por lo tanto de alto riesgo para el desarrollo de E.C.N. En un futuro, la E.C.N. puede sobrepasar a la membrana hialina como causa de muerte en las unidades de recién nacidos.

Epidemiología y patogénesis.

Esta es una enfermedad de los recién nacidos pretérmino y de bajo peso, y es rara en los niños pequeños para la edad gestacional. Existe una relación inversa entre el tiempo en que se desarrolla desarrolla la enfermedad y la edad gestacional. Aquellos bebés a término, producto de partos complicados, desarrollarán mas rápido la enfermedad que los pretérmino.

Algunos neonatólogos le dan especial importancia a la alimentación como factor desencadenante de la E.C.N., en especial en los recién nacidos a término quienes desarrollan en menor tiempo la enfermedad; sin embargo hay reportes que concluyen lo contrario. Se ha propuesto que la introducción de formulas hiperosmolares en el tubo digestivo puede lesionar la mucosa intestinal y favorecer el desarrollo de E.C.N. Esto de ha comprobado experimentalmente al poner en contacto a la mucosa intestinal con sustancias hipertónicas, pero debido a que estas fórmulas se administran al estómago y allí sufre un proceso de dilución, se duda que el alimento tenga capacidad de lesionar al intestino.

Algunos fármacos han sido implicados como factores de riesgo para el desarrollo de la enfermedad. Los derivados de las xantinas (teofilina, aminofilina) por la producción de radicales tóxicos como parte de su metabolismo a ácido úrico; la vitamina E en grandes dosis, utilizada para prevenir la retinopatía, al interferir con la actividad bactericida de los leucocitos; la indometacina, empleada para ayudar al cierre del ductus persistente, por causar vasoconstricción del lecho esplácnico.

A pesar de la investigación clínica y experimental, la patogénesis de la E.C.N. no es clara. Hasta hace muy poco la mayoría de los investigadores sostenían la teoría de que la E.C.N. se producía como consecuencia de la lesión de la mucosa intestinal secundaria a estados de hipoperfusión o hipoxia, con vasoconstricción del lecho esplácnico y redistribución selectiva del flujo sanguíneo hacia órganos claves como el cerebro, el corazón y los riñones; la hipoxia intestinal favorece la invasión bacteriana de la pared intestinal. Ahora se sabe que los factores perinatales, más que contribuir a la patogénesis, son situaciones que realmente delimitan a una población muy enferma generalmente de recién nacidos prematuros con riesgo de desarrollar E.C.N. Los dos factores que están presentes en la mayoría de los casos son la premadurez y la alimentación enteral. Aunque es de origen multifactorial, la enfermedad se puede iniciar por una noxa simple, que si es lo suficientemente fuerte, lesiona la economía y las defensas del huésped, si este es vulnerable debido a los factores de riesgo. La lesión que inicia entonces la enterocolitis es la ruptura de la barrera mucosa intestinal.

La siguiente es la hipótesis unificadora en la patogénesis de la E.C.N.: se trata de un bebé prematuro que ingresa a la unidad de cuidados intensivos neonatal para tratamiento de su dificultad respiratoria, y entonces se expone a la flora nosocomial. Se administran antibióticos de amplio espectro que eliminan la flora anaerobia encargada de mantener el control de las demás bacterias a nivel intestinal. Estos bebés generalmente son alimentados con formulas lácteas artificiales que carecen de las inmunoglobulinas protectoras. La disminución del peristaltismo favorece la colonización bacteriana de la luz intestinal; la liberación de mediadores inflamatorios celulares lesiona a la mucosa intestinal y permite la traslocación bacteriana.

Presentación clínica.

El cuadro clínico se manifiesta en un recién nacido, generalmente pretérmino y con antecedentes de sufrimiento fetal que puede presentar manifestaciones sutiles hasta estados de suma gravedad. La enfermedad inicia con cambios en el estado general, decaimiento, pobre aceptación de la vía oral; aparece distensión abdominal y vómito bilioso en la gran mayoría de las veces. Si no se actúa con prontitud, la enfermedad evolucionará rápidamente con deterioro del estado general, signos de sepsis, aumento en la distensión abdominal y aparición de cambios inflamatorios en la pared abdominal (eritema, edema) con dolor a la palpación. La gran distensión del abdomen compromete la función respiratoria. Finalmente ocurre necrosis y perforación intestinal, peritonitis generalizada, falla multisistémica y muerte.

Diagnóstico.

Se debe sospechar esta entidad en todos los pacientes pretérmino con sufrimiento fetal que presenten letargia, inestabilidad térmica, bradicardia, aumento en el residuo gástrico, distensión abdominal y/o prueba de guayaco positiva. En estos casos está indicado realizar una radiografía simple del abdomen; los hallazgos radiológicos dependerán del estadio de la enfermedad; en las etapas tempranas se encontrará íleo adinámico, edema de la pared intestinal y niveles hidroaéreos. En el estadio II aparecerá neumatosis intestinal (gas en la pared del intestino) la cual confirma el diagnóstico. En etapas más avanzadas de la enfermedad aparecen signos de obstrucción abdominal, asa fija, gas en el sistema porta o neumoperitoneo.

Enterocolitis estadío I. Distensión abdominal.

Enterocolitis necrosante estadío II. Neumatosis intestinal.

Enterocolitis necrosante estadío II. Neumatosis intestinal.

Enterocolitis necrosante. Criterios de Bell modificados
Estadio
Signos sistémicos
Signos intestinales
Signos radiológicos
Tratamiento
IA

Sospechosa
Inestabilidad térmica, apnea, bradicardia, letargia Residuo aumentado prealimentación, distensión abdominal leve, emesis, prueba de guayaco positiva Normal o dilatación de asas, íleo leve Nada vía oral y antibióticos por 3 días, pendientes cultivos
IB

Sospechosa
Inestabilidad térmica, apnea, bradicardia, letargia Hematoquezia Idem Lo mismo que el anterior
IIA

Comprobada
Enfermedad leve
Inestabilidad térmica, apnea, bradicardia, letargia Lo mismo que arriba más ausencia de peristaltismo, ± dolor abdominal Dilatación intestinal, íleo, neumatosis intestinal Nada vía oral, antibióticos por 7-10 días si el examen es normal en 24-48 hs
IIB

Comprobada
Enfermedad moderada
Lo mismo que las anteriores más acidosis metabólica leve, trombocitopenia leve Lo mismo que arriba más ausencia de peristaltismo, dolor abdominal definitivo, ± celulitis abdominal o masa en el cuadrante inferior derecho Lo mismo que IIA más gas en la vena porta ± ascitis Nada vía oral, antibióticos por 14 días
NaHCO3
IIIA

Avanzada
Enfermedad severa
Intestino intacto
Lo mismo que IIB más hipotensión, bradicardia, apnea severa, acidosis respiratoria y metabólica combinadas coagulación intravascular diseminada, neutropenia Lo mismo que arriba más signos de peritonitis generalizada, defensa y distensión abdominal Lo mismo que IIB más ascitis definitiva Lo mismo que el anterior, más 200 líquidos 200 mL/kg, agentes inotrópicos, ventilación, paracentesis

IIIB

Avanzada
Enfermedad severa
Intestino perforado

Lo mismo que IIIA Lo mismo que IIIA Lo mismo que IIB, más neumoperitoneo Lo mismo que arriba, más cirugía

Enterocolitis necrosante. Estadío IIIA. Enfermedad avanzada severa con intestino intacto.

Enterocolitis necrosante. Estadío IIIB. Enfermedad avanzada con perforación intestinal.

Tratamiento.

- Manejo médico.

Mencionamos en la introducción que si el diagnóstico es precoz, el tratamiento es médico con resultados satisfactorios. El neonato debe estar hospitalizado en una unidad de cuidado intensivo. El tratamiento consiste en reposo intestinal entre 7 a 14 días (el tiempo varía de acuerdo con los protocolos de cada unidad y el estado en que se encuentre la enfermedad), colocación de una sonda orogástrica, apoyo nutricional parenteral, administración de antibióticos de amplio espectro (cada unidad neonatal decidirá cuáles emplear de acuerdo con los estudios de la flora de la institución) y apoyo inotrópico si es necesario. Con estas medidas más de un 95% de los pacientes mejoraran.

Sin embargo, hay un grupo de pacientes que no responden al manejo médico o en los cuales el diagnóstico fue tardío y que pueden requerir intervención quirúrgica.

Indicaciones para el tratamiento quirúrgico en ECN.
¿ Cuándo debe consultarse al cirujano pediátrico ?

a. Evidencia de perforación intestinal (neumoperitoneo).
b. Datos de abdomen agudo: abdomen muy sensible a la palpación, cambios inflamatorios en la pared abdominal.
c. Signos de obstrucción intestinal: distensión abdominal, vómito fecaloide, radiografía de abdomen con asa fija.
d. Masa palpable en el abdomen.
e. Deterioro clínico a pesar del tratamiento médico.
f. Gas en el sistema porta: es una indicación relativa y debe de estar acompañado de alguno de los anteriores. Este hallazgo es de mal pronóstico y habla de la extensión del proceso de necrosis.

Enterocolitis necrosante. Neumoperitoneo. Existe también neumatosis intestinal.

Enterocolitis necrosante. Signos inflamatorios en la pared abdominal y punción abdominal positiva para perforación (líquido en vino de oporto).

Enterocolitis necrosante. Plastrón y efecto de masa en la fosa ilíaca derecha.

- Manejo quirúrgico.

El cirujano tendrá en cuenta todas las consideraciones anteriores para tomar la decisión de llevar al paciente a cirugía. Antes del procedimiento se debe intentar la máxima estabilización hemodinámica. Si el estado es crítico el paciente tendrá que ser intervenido en la unidad neonatal.

Los principios generales para el manejo quirúrgico de la enterocolitis son:

- La cirugía debe ser un procedimiento rápido y de control de daños.

- Se realizará resección de la zona afectada si está bien localizada y si las condiciones del paciente lo permiten se puede realizar una anastomosis primaria. Sin embargo, en la mayoría de los casos lo más recomendable será realizar un procedimiento derivativo (ileostomía o colostomía).

- Deben evitarse la resecciones intestinales masivas. Si el compromiso es extenso y difuso, se derivará el intestino y se realizará una segunda mirada en 24 a 48 horas.

- En los pacientes muy críticos o prematuros extremos la mejor conducta será colocar drenes de Penrose bajo anestesia local en ambas fosas ilíacas con el propósito de descomprimir la cavidad y drenar la perforación intestinal. En un número importante de casos este drenaje será curativo y evitará la necesidad de una laparotomía. El paciente puede desarrollar una fístula o una estenosis intestinal, que podrán ser corregidas en una etapa posterior. En general, el drenaje peritoneal es una medida de reanimación del paciente inestable o de muy bajo peso con neumoperitoneo.


Enterocolitis necrosante. Ostomías múltiples, evisceración contenida y manejo con abdomen abierto.

Enterocolitis necrosante. Estenosis del colon secundaria al proceso primario.

Sobrevida.

En las últimas dos décadas la sobrevida de los pacientes con enterocolitis necrosante ha mejorado en forma significativa, lo cual está relacionado con el diagnóstico precoz y el tratamiento médico de soporte agresivo. Algunos factores que tienen que ver con la mortalidad son el peso al nacer, las enfermedad coexistentes, si el paciente es remitido y la detección tardía.

Lecturas recomendadas.

 
 
Fernando Fierro Ávila
Editor asociado
Fernando Álvarez López
Webmaster y editor
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