Texto de Cirugía Pediátrica


 

 


 

             
 
 

Dolor abdominal agudo. ¿ Apendicitis aguda siempre ?


Edgar Cantillo Sánchez, MD.
Cirujano Pediátrico
Profesor Asociado
Departamento de Cirugía Pediátrica
Escuela de Medicina, Facultad de Salud
Universidad del Valle
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Con frecuencia el médico se enfrenta a pacientes pediátricos agudamente enfermos y en condiciones criticas, siendo esta ocasión un gran reto. Se necesita tener claridad en su manejo a fin de darle la mejor atención posible. No solamente es importante manejar el caso de “abdomen agudo” sino hacer el ejercicio clínico necesario para establecer el diagnóstico clínico mas seguro y así individualizar su enfoque y manejo de la manera más óptima posible.

Historia clínica.

Es de vital importancia la obtención de una historia clínica adecuada: síntomas, antecedentes familiares y personales y signos. Es necesario dividir los pacientes en los cinco grupos etáreos para mejor consideración de las posibilidades diagnosticas: recién nacidos, lactantes, preescolares, escolares y adolescentes ya que en cada grupo hay patologías mas frecuentes.

Síntomas.

El dolor abdominal, el vómito, la fiebre y la diarrea son los principales y es importante conocer el orden de su aparición y su cronología. El dolor de iniciación súbita está mas relacionado con eventos isquémicos como vólvulus, invaginación, torsión ovárica o testicular. El dolor en aumento está más relacionado con apendicitis o con estreñimiento. La importancia de la localización y la periodicidad va a depender de la edad del paciente y de su colaboración al igual que la relación con los movimientos y la micción. En apendicitis aguda el dolor es el inicial, seguido por la fiebre, el vómito y por último la diarrea mientras que en la EDA la diarrea aparece muy temprano en la sintomatología.

El tipo y color del vómito van a depender de la causa: en la apendicitis aguda es de tipo gástrico, mientras que en la invaginación evoluciona hacia vómito biliar, al igual que en las otras causas de obstrucción intestinal. En el neonato un solo episodio de vomito biliar es señal de obstrucción intestinal.

Con frecuencia es difícil establecer el hábito intestinal del paciente. Si bien la apendicitis aguda es la causa quirúrgica mas frecuente de Abdomen Agudo no lo es del cuadro de abdomen agudo en general. La retención de materia fecal en el hemicolon derecho, aun con defecación diaria, y la dilatación aguda del colon son las causas mas frecuentes de dolor abdominal agudo, de iniciación súbita, agudo, acompañándose de vómito y leucocitosis frecuentemente, mejorando con la administración de un enema de trifosfatos de bajo volumen. En estos pacientes es frecuente la iniciación del dolor abdominal en el lado izquierdo.

La diarrea en pacientes con causa quirúrgica va a presentarse después de 12-24 horas evolución, de escasa cantidad y en ocasiones sanguinolenta por invaginación o colitis parasitaria. Si es abundante se asocia más frecuentemente con causas infecciosas de la edad pediátrica.

Es importante el patrón de eliminación urinaria, tanto en sus características como en su cantidad para valorar la posibilidad de infección urinaria y estado de hidratación. En pacientes adolescentes del sexo femenino es importante la elaboración de una historia cuidadosa sobre su higiene vaginal y la actividad sexual debido a la frecuencia en aumento de causas ginecológicas de abdomen agudo a edades mas tempranas, tales como hemorragias peritoneales a mitad del ciclo menstrual, infección pélvica ginecológica y embarazo ectópico .

Mención especial merecen los pacientes en planes de quimioterapia debido a la alteración de la respuesta inmunológica y al cambio de sintomatología ya que los “cuadros clásicos" son la excepción y no la regla. Además es frecuente la presentación del cuadro de tiflitis, inflamación del ciego, asociado a la neutropenia. El dolor abdominal es el síntoma capital, asociado a fiebre, vomito y diarrea. Deben ser manejados con constante vigilancia utilizando todos los recursos de imagenología y laboratorio para tomar una decisión pronta sobre tu terapéutica.

Iguales consideraciones se deben tener con el paciente neurológico crónico10 por su imposibilidad de comunicarse en los cuales la sintomatología se presenta de manera tardía con síntomas y signos atípicos, como cambios en su comportamiento, anorexia, intolerancia a los alimentos, etc. Es importante conocer su última evacuación intestinal ya que con frecuencia la sintomatología se debe a retención de materia fecal. En los pacientes con sección medular no hay las vías neurológicas para la sensación de los cambios abdominales y la generación de los síntomas y signos abdominales característicos. La resultante es un dolor vago y mal localizado. El cuadro clínico mas frecuente es la obstrucción intestinal asociado a la constipación crónica. También pueden presentar episodios de infección urinaria con síntomas vagos, aumentando la confusión. La ayuda de la imagenología es de gran importancia en el diagnóstico.

Si hay presencia de cefalea asociada al dolor abdominal la posibilidad de patología abdominal quirúrgica es muy poco probable, excepto en Fiebre Tifoidea. En ocasiones hay historia de episodios similares y en estos pacientes hay que interrogar si el episodio actual es igual a los anteriores (estreñimiento, colitis, patología urológica o de vía biliar ) o es diferente ( apendicitis aguda) . En fin, el interrogatorio debe ser lo mas completo posible y no contentarse con el término “abdomen agudo”. Al terminar dicho interrogatorio ya debemos tener una hipótesis diagnóstica de nuestro paciente.

Examen físico.

Es, junto con el interrogatorio clínico, las dos piedras angulares en las que se deben basar las hipótesis diagnosticas. Su importancia ha ido disminuyendo en la práctica clínica en la medida en que ha progresado la imagenología y el laboratorio clínico pero en ningún momento estas dos herramientas diagnósticas pueden reemplazar a un adecuado examen físico. El médico debe tomarse el tiempo necesario para efectuarlo con tranquilidad, sin prisa, obteniendo la confianza de los padres y del paciente antes de iniciar y realizarlo en condiciones locativas adecuadas con la privacidad necesaria. Es conveniente lograr la evacuación vesical previa. Además no debe circunscribirse al abdomen sino que debe ser lo mas completo posible, ya que con frecuencia patologías sistémicas o de otras localizaciones causan cuadros abdominales agudos no quirúrgicos.

Una cicatriz en el abdomen debida a una anterior laparatomía nos inclina a pensar en un cuadro obstructivo por bridas. Después de la inspección, en ocasiones en lactantes y preescolares, debemos auscultar antes de efectuar la palpación para causar menos aprehensión del paciente y además observar la presencia de dolor al colocar la campana del estetoscopio en el abdomen. La ausencia de ruidos intestinales nos guía más hacia la presencia de peritonitis mientras que un peristaltismo activo guía mas hacia la gastroenteritis. La palpación debe hacerse siguiendo las usuales recomendaciones para el paciente pediátrico, recalcando en la suavidad de su iniciación y en la lentitud de su ejecución. Debemos recordar que el diagnóstico de apendicitis aguda es eminentemente clínico de acuerdo a los hallazgos del examen físico.

Si se sospecha que la dilatación aguda del colon o la presencia de materia fecal en el hemicolon derecho son factores importantes en la génesis del cuadro clínico debe efectuarse el tacto rectal, seguido de la administración del enema de fosfatos con la repetición de la palpación abdominal una hora después de la evacuación. Usualmente el cuadro clínico cambia cuando se trata de estos dos factores mientras que si persiste se trata de una causa quirúrgica, siendo la apendicitis aguda la mas frecuente. Además el tacto rectal es de utilidad en los casos de sangrado rectal, sospecha de patología pélvica, etc.

En caso de duda la observación cuidadosa del paciente hospitalizado es un recurso importante que ayuda a aclarar la etiología del cuadro clínico mediante el seguimiento del curso de la sintomatología y los cambios en el examen físico.

Laboratorio clínico.

Debe hacerse un uso juicioso del laboratorio clínico, cuya utilidad en la mayoría de los exámenes es darnos cuenta del estado del paciente y en las menos veces nos comprueba o niega una hipótesis diagnostica. El cuadro hemático es inespecífico en sus variaciones y el aumento de la cuenta de los leucocitos nos indica enfermedad inflamatorio y/o infecciosa pero no localiza el sitio de la patología. Los datos de electrolitos, nitrógeno ureico sanguíneo (BUN) y creatinina son de utilidad para el manejo del paciente pero no para el diagnóstico de la entidad. Las pruebas de función hepática y pancreática deben interpretarse de acuerdo con la sintomatología del paciente y la técnica empleada.

La recolección de orina para examen rutinario y/o urocultivo debe hacerse con previo asea de los genitales, en especial en las niñas, a fin de evitar errores en la interpretación de los resultados, ya que con gran frecuencia los leucocitos vistos al microscopios provienen de leucorrea muy frecuente en las niñas por falta de aseo diario en vez de significar infección urinaria. En las adolescentes en ocasiones es necesaria la prueba de embarazo.

Imagenología.

Es una de las áreas de mayor progreso en la ayuda para conocer la causa del síndrome de abdomen agudo pero presupone la elaboración de una hipótesis diagnóstica y su diagnóstico diferencial. La radiografía simple de abdomen en sus tres posiciones (acostado, de pies y lateral) sigue siendo de gran utilidad pero no se debe abusar de ella ni es un examen rutinario en todo paciente con abdomen agudo. Debe solicitarse cuando se sospeche obstrucción intestinal o se considere que ayuda al diagnóstico diferencial. La radiografía del tórax en posición de pies es de valor para observar el neumoperitoneo por perforación de víscera hueca y para descartar patologías torácicas que causan cuadros abdominales.

La ecografía en manos de un examinador experimentado es de gran utilidad en el diagnóstico y manejo de los pacientes con abdomen agudo habiendo demostrado gran utilidad en el diagnóstico de apendicitis aguda, invaginación, patología de la vía biliar, del hígado, bazo y páncreas, hidronefrosis, patología ginecológica, obstrucción intestinal y otras causas inflamatorias. Su empleo ha disminuido la incidencia de laparotomías innecesarias de manera significante.

La tomografía axial computarizada, en especial su variedad helicoidal, tiene su lugar en el estudio de ciertos pacientes con masas sólidas, abscesos y ciertas anomalías congénitas al igual que la resonancia nuclear magnética.

Laparoscopia.

La laparoscopia ha ido ganando terreno como instrumento diagnóstico y terapéutico en el estudio y tratamiento del paciente pediátrico con Síndrome de Abdomen Agudo, en especial en aquellos pacientes con antecedentes de cuadros similares y en los casos de diagnóstico dudoso, obteniéndose diagnostico por este medio hasta en el 96% de los pacientes.

Reanimación.

La reanimación del paciente con síndrome de abdomen agudo sigue los mismos pasos del ABC de la atención del paciente politraumatizado. Debe iniciarse paralelamente a la obtención de una adecuada historia clínica y a la práctica de los exámenes paraclínicos necesarios para la definición del diagnostico y evitar esperar a tener un diagnostico para iniciar estas medidas pues se pierde un tiempo precioso e importante en el manejo del paciente.

Vía aérea.

Debe asegurarse una buena y adecuada vía aérea y administrar oxígeno húmedo para elevar la FiO2 y la entrega de oxígeno a los tejidos y contribuir a disminuir la acidosis metabólica generada por la hipoperfusión tisular ocasionada por la hipovolemia debida a las perdidas endógenas y exógenas de líquidos y electrolitos causados por la patología aguda y los cambios inflamatorios generados.

Volemia. Reposición de líquidos y electrolitos.

El paciente con síndrome de abdomen agudo presenta, en grado variable de acuerdo a la patología y al tiempo de evolución, pérdidas endógenas y exógenas de líquidos y electrolitos, siendo de tipo isotónico a plasma en la mayoría de los casos. De ahí que su reposición deba hacerse con soluciones electrolíticas con contenido de sodio similar al plasma, siendo el Lactato de Ringer y la Solución Salina la 0.9% las mas usadas.

Se debe hacer una evaluación cuidadosa de las pérdidas internas y externas guiados por el interrogatorio sobre perdidas externas, la diuresis durante la evolución de la enfermedad y los signos en el examen físico como tensión arterial, pulso, su intensidad, la calidad de los ruidos cardiacos, el estado de las mucosas, la piel y las fontanelas, la perfusión tisular y la presencia de enoftalmos. Esta evaluación debe llevar a una graduación de las perdidas como leves, graves o muy graves, equivalentes a las perdidas del 5%, 10% y 15% del peso corporal y determinar el cálculo inicial de reemplazo de 50, 100 ó 150 mL por kilo de peso corporal. La velocidad de administración va a estar determinada por el estado de gravedad del paciente y por la tolerancia y respuesta de sus sistemas cardiovascular y pulmonar. Debe ser rápida y enérgica en las primeras horas tratando de restablecer una adecuada perfusión tisular rápidamente con restitución de una diuresis dentro de límites normales de acuerdo a la edad y peso del paciente. En algunos pacientes es necesario contar con la monitorización de la presión venosa central, por medio de catéter central, como índice de la tolerancia del retorno venoso por parte del corazón derecho.

El paciente debe ser monitorizado adecuadamente y examinado frecuentemente durante esta fase de la reanimación y este cálculo inicial debe ser modificado de acuerdo a la respuesta observada en el paciente, en sus signos vitales, en el estado de la piel y las mucosas, en la perfusión tisular, en la ventilación pulmonar, en los ruidos cardíacos y en especial en la diuresis horaria. En ocasiones es necesario utilizar una sonda vesical para la adecuada monitorización de la eliminación urinaria. El ideal es llevar a cirugía un paciente adecuadamente reanimado con buena perfusión tisular y con buena diuresis horaria de acuerdo a su peso y edad.

En algunas oportunidades, de acuerdo a la gravedad del paciente será necesario utilizar fármacos vasoactivos para mejorar la perfusión tisular y el estado general del enfermo, siendo necesario su ingreso a la Unidad de Cuidado Intensivo en la fase preoperatoria. El uso indiscriminado y precoz de diuréticos como una manera de asegurar el flujo urinario causa más daño que beneficio y solo se debe utilizar en casos muy especiales previa hidratación suficiente y enérgica para descartar la presencia de insuficiencia renal aguda. Igual consideración merece el uso indiscriminado del bicarbonato de sodio para corregir la acidosis metabólica. Es mas importante mejorar la perfusión tisular periférica, la entrega de oxigeno a los tejidos y el funcionamiento celular que la administración temprana de bicarbonato de sodio como manera de manejar la acidosis metabólica causada por la enfermedad en el paciente.

Antibióticos.

La administración de antibióticos en el preoperatorio dependerá de la patología del paciente. En aquellas patologías infecciosas su administración en el preoperatorio no tiene el carácter de profiláctico sino que es terapéutica. Igual consideración se debe tener en aquellos pacientes con obstrucción intestinal aguda con evolución prolongada y posible sufrimiento de asa con la correspondiente translocación bacteriana. Lo ideal es la monoterapia antibiótica pero el esquema a adoptar depende de la bacteriología local y la sensibilidad de los gérmenes a los antibióticos y de la disponibilidad de antibióticos en cada institución.

Descompresión del tracto gastrointestinal.

En el manejo del paciente con patología aguda es ideal descomprimir adecuadamente el tracto gastrointestinal alto mediante el uso de sonda nasogástrica u orogástrica, de acuerdo a la edad del paciente, del mayor calibre posible para lograr el objetivo propuesto.

Siendo la broncoaspiración del contenido gástrico durante la incubación endotraqueal durante la inducción anestésica un peligro real es importante el uso de la metroclopramida I.V. en el preoperatorio a fin de mejorar el vaciamiento gástrico y disminuir la posibilidad de la broncoaspiracion. Además este fármaco causa una sedación que ayuda a controlar la natural angustia del niño.

Manejo de la temperatura.

Es importante controlar la temperatura en el paciente febril con el uso de medicamentos antitérmicos sin la utilización de los salicilatos por su efecto sobre las plaquetas y mayor incidencia de sangrado durante la cirugía. En el paciente afebril es necesario evitar su enfriamiento suprimiendo la exposición innecesaria después del examen físico, la imagenología y durante el transporte.

Aspectos psicológicos.

De acuerdo a su edad, el paciente pediátrico debe recibir una explicación adecuada sobre los procedimientos necesarios para su estudio y recuperación, a fin de evitar el aumento de la angustia y lograr su mejor colaboración. Los padres también deben recibir amplia explicación sobre el real estado del paciente y sobre las medidas terapéuticas a realizar y los resultados a obtener. Este es un punto vital en la relación entre la familia y el equipo de salud.


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