“La
teoría del consentimiento informado se basa en una premisa
errónea, porque los pacientes no desean ni ser informados
ni participar en el proceso de toma de decisiones”.
Esta es una objeción importante, de hecho la literatura
americana sobre consentimiento informado se ha hecho cargo de
ella, y se ha preocupado de estudiar si es o no verdadera. En
dos estudios diferentes el mismo autor, Ralph Alfidi, encontró
diferencias en cuanto la aceptación de mayor o menor información.
En un primer estudio la inmensa mayoría de los pacientes
agradecían el haber sido informados de las posibles complicaciones
de la angiografía, mientras que en un segundo, 176 de 275
pacientes manifestaban que no deseaban ser informados de ninguna
posible complicación de los estudios radiológicos
con contraste. Otra investigación para estudiar los deseos
de información de los pacientes epilépticos o de
los padres de niños epilépticos acerca de los efectos
secundarios de las medicaciones sobre alternativas terapéuticas,
revelaba sin embargo, que las demandas de información eran
mucho mayores que la cantidad de información que los médicos
habitualmente comunicaban. Muchos deseos de información
o de participación de los pacientes en la toma de decisiones
dependen de si la enfermedad es aguda o crónica. Los pacientes
con enfermedades agudas parecen mantener con más frecuencia
actitudes de pasividad ante las decisiones de tratamiento. Por
el contrario, los pacientes con enfermedades crónicas se
muestran activos e interesados en la recepción de información
y en la participación en las decisiones. Parece que dichas
diferencias reflejan distintas formas de orientar la vida ante
la enfermedad. Los pacientes con enfermedades agudas tienden a
asumir más fácilmente el papel de “enfermo”,
y a ceder al médico el control sobre su cuerpo; a cambio
esperan que se les devuelva la salud para poder volver cuanto
antes a su vida normal. Los pacientes con enfermedades crónicas,
que no pueden aspirar a una pronta recuperación, se resisten
a entregarse al médico con tanta facilidad, porque ello
supondría ceder el control sobre su cuerpo y su autonomía
durante largos trechos de su existencia
Otro
factor que determina si el paciente va a demandar o no información
y participación es el contexto sociocultural del que proviene,
el cual va a incidir en forma decisiva tanto en la percepción
de la enfermedad como en la auto comprensión que el paciente
tenga de sí mismo como ser autónomo. El paciente
decidirá qué tipo de información desea y
qué grado de participación pueda tener en su curación.
También resulta determinante que el paciente participe
de un modelo cultural donde las decisiones se toman individualmente
o comunitariamente, pues en el primer caso la demanda de información
y participación será mayor, mientras que en el segundo
caso será la familia o la comunidad la que pasará
a primer plano.
Hay otros factores como la edad o el nivel educativo que determinan
las demandas de información y participación en los
cuidados, pero hay que reconocer que estas demandas no van siempre
juntas. En un estudio de Lidz Meisel y colaboradores, los pacientes
manifestaban cuatro razones diferentes para desear más
información: querer ajustarse mejor a las directrices del
médico, o como demostración de cortesía y
respeto del médico hacia ellos, una tercera para poder
ejercer su derecho de veto. Sólo la cuarta razón
era para participar en el proceso de toma de decisiones.
