1.
La persuasión: es el uso de argumentos
razonables con la intención de inducir en otra
persona la aceptación de una determinada opción.
No pretende anular la autonomía del individuo.
Es éticamente aceptable, siempre que la argumentación
sea leal y no esté sesgada por intereses ajenos
al paciente.
2. La manipulación: incluye cada intento
de modificar la decisión de las personas por medio
no puramente persuasivos, aunque sin llegar a la amenaza
ni a la restricción física. Existe una manipulación
puramente informativa, que consiste en falsear, desfigurar,
u ocultar ciertos hechos. También puede existir
una manipulación psicológica de los procesos
mentales indirectamente relacionados con la comprensión.
Una tercera forma de manipulación es la que ejerce
sobre las opciones disponibles, modificando selectivamente
sus características o su atractivo. Desde un punto
de vista ético las distintas formas de manipulación
se sitúan a lo largo de una línea continua
de mayor o menor licitud. Pero en general, toda manipulación
es, en principio, inaceptable. Sólo sus formas
menores pueden llegar a estar justificadas por el fin
que se persiga.
3.
La coacción: es el uso de amenazas o daños
importantes para conseguir influir en alguien. Los daños
pueden ser físicos, psíquicos, económicos,
legales o de cualquier tipo. Éticamente, la coacción
es siempre inaceptable cuando se ejerce sobre un paciente
capaz de decidir por sí mismo.