En
las controversias sobre el consentimiento informado destacan los
problemas planteados por los llamados ensayos clínicos
controlados. A veces, las consideraciones éticas y metodológicas
aparecen como diametralmente opuestas; sin embargo es posible
que esta contradicción sea solo aparente.
Para
establecer la eficacia o la eficiencia de un tratamiento, el mejor
diseño experimental disponible es el del ensayo clínico
controlado. En este, se comparan dos o más alternativas
de tratamiento y una de las cuales puede ser dar un placebo. El
tratamiento que un paciente va a recibir se determina mediante
un proceso aleatorio y es esto lo que plantea los principales
problemas éticos: ¿ es necesaria la asignación
al azar ?; ¿ es imprescindible el consentimiento del paciente
para participar en estas investigaciones?.
La
asignación del tratamiento al azar o por sorteo representa
un condición metodológica muy importante, pues es
la forma de controlar los efectos de unas variables sobre otras,
que son las que se están investigando.
El
debate sobre los ensayos clínicos no cuestiona su utilidad
o importancia científica, sino los aspectos éticos,
en la medida en que pueden comprometer el deber del médico
o los derechos y bienestar del paciente.
Para
solucionar este aparente dilema entre progreso de la medicina
y bienestar del paciente, es necesario aplicar adecuadamente los
principios éticos que rigen en la investigación
en seres humanos: en primer lugar, que hay que proteger ante todo
los derechos y el bienestar del paciente; en segundo lugar, que
el tratamiento del paciente es más importante que la investigación;
y por último, que al evaluar diversos tratamientos debe
usarse el mejor diseño posible, eliminando maniobras inútiles
o perjudiciales y evitando la pérdida de tiempo y de recursos.
Una nueva maniobra siempre podrá compararse con la “mejor
maniobra disponible”.
Los
pacientes siempre tienen el derecho a consentir o declinar su
participación en un ensayo clínico controlado y
los investigadores tienen siempre la obligación de solicitar
este consentimiento. El desacuerdo surge con respecto a lo que
hay que decirles. Se ha observado por ejemplo, que el consentimiento
puede influir sobre los resultados que se obtienen en algunos
estudios.
Para
que una persona participe en un ensayo clínico se requiere
su consentimiento voluntario, que sea competente y se base en
la información necesaria para decidir. La información
debe incluir la descripción de la naturaleza del estudio,
el propósito, la duración, los procedimientos, los
probables riesgos y beneficios, los procedimientos alternativos,
cómo se protegerá su confidencialidad, la política
de la institución en lo que se refiere a compensaciones,
a quién debe recurrir el paciente si tiene preguntas o
aparecen otros síntomas, el carácter voluntario
de su participación y el derecho a retirarse del estudio
cuando lo desee.
