Texto de Cirugía Pediátrica


 

 


 

             
 
 

Bioética.
Consentimiento informado.

La comprensión defectuosa.


 

La teoría del consentimiento informado plantea una tarea inútil, porque los pacientes no comprenden en realidad la información que se les transmite, porque esta es demasiado compleja y difícil de evaluar y manejar por ellos”.

Para algunos autores esta es la barrera más frecuentemente mencionada en la práctica clínica y aducen este argumento para cuestionar la teoría del consentimiento informado en el ámbito de la investigación.

El primer problema es el de su demostración empírica. La primera dificultad es que no existen criterios claros que definan qué variables hay que utilizar para analizar ese complejo fenómeno psicológico que llamamos “comprensión” Una buena parte de los estudios lo analizan a partir del “recuerdo”. El grado con que un paciente comprendió la información que su médico le proporcionó puede estimarse analizando lo que de esa información recuerda. Los estudios concluyen que el nivel de comprensión de la información fue desalentadoramente bajo, lo que pone de manifiesto que los pacientes casi no recuerdan nada de lo que se les dijo, independientemente del tiempo que se dedique a entrevistarlos.

El proceso del olvido es algo psicológicamente normal, sobre todo de datos complicados que sólo son utilizados en un momento determinado y nunca más volverán a ser empleados por el individuo. En cualquier caso, el que los estudios empíricos demuestren que los pacientes no comprenden bien la información no es una objeción a la teoría del consentimiento informado. Lo que si puede significar es que la manera en que los médicos están transmitiendo la información no facilita su comprensión por parte de los individuos. Es necesario reflexionar sobre los factores limitantes y buscar nuevas formas de transmitir la información con mayor claridad.

La cuestión de los formularios escritos de consentimiento informado ha llegado a alcanzar un peso preponderante. ¿ De quién es la responsabilidad principal ?. Para algunos los principales responsables de que hayamos entrado en la selva de los formularios de consentimiento informado, y de que sigamos perdidos en ellos, son los propios profesionales y sus organizaciones y que todavía no han reflexionado sobre la exigencia moral del consentimiento informado. En lugar de hacer eso tenemos a las sociedades científicas contratando a bufetes de abogados para que diseñen su “consentimiento informado” cuyo diseño y contenido da pavor de solo leerlo. Nuestros problemas con los formularios no están ni en las leyes ni en los jueces ni en las instituciones de salud. Están en nosotros mismos.

Al poder afectar los actos profesionales a la integridad física y moral y a la libre autodeterminación individual del paciente hacen que el consentimiento constituya la manifestación de un derecho fundamental que debe ser respetado y protegido como tal. La información y el consentimiento son obligaciones legales, como medio de respeto de la autonomía de los pacientes, cuyos derechos fundamentales mantienen su vigencia a pesar de la situación de disminución en que pueda encontrarse a causa de los padecimientos que provoca su enfermedad.

La decisión de un paciente de someterse a un tratamiento o a unas pruebas diagnósticas no implica asegurar el éxito de los mismos sino que supone por parte de aquel de todos los riesgos previsible para su vida y su salud. Una decisión tan importante ha de ser necesariamente tomada personal y libremente. El médico no puede asumir él solo la responsabilidad de una intervención, sino que la debe compartir con el paciente, iniciando a éste en las posibilidades y riesgos que entraña el tratamiento, interrogándole sobre su voluntad de soportar dichos riesgos y por tanto, la intervención.

 
 
Fernando Fierro Ávila
Editor asociado
Fernando Álvarez López
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