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| Fernando
Álvarez López
Cirujano Pediátrico
Departamento Clínico Quirúrgico
Universidad de Caldas
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales
Diana
Cristina Calixto Llaín
Médico Rural
Hospital Infantil Universitario de la Cruz Roja
Manizales
Objetivos
-
Conocer la anatomía y embriología del cuello
- Describir los métodos utilizados para la valoración
de este tipo de patologías.
- Afianzar el enfoque diagnóstico de una masa en
cuello y su respectivo tratamiento
|
Introducción.
Las masas cervicales constituyen un motivo de consulta frecuente
entre niños y adolescentes; igualmente su diagnóstico
diferencial plantea un verdadero desafío para el médico,
ya que con éste tipo de hallazgos nos podemos enfrentar a
una enfermedad localizada exclusivamente en ésta zona, o
puede ser una manifestación de una enfermedad a distancia,
o hacer parte de una patología sistémica. Es por esto,
que el abordaje de estos pacientes, debe incluir una amplia y adecuada
anamnesis, además de un exhaustivo examen físico;
de manera que nos sitúen en uno de los cuatro grandes grupos
etiológicos que veremos mas adelante, a su vez nos faciliten
el diagnóstico y el manejo mas oportuno.
Anatomía.
Del
cuello hacen parte una inmensa variedad de estructuras que conectan
la cabeza con el resto del cuerpo, como lo son estructuras nerviosas,
vasculares, viscerales, musculares y óseas, entre otras;
es por esto que al conocer todos y cada uno de sus componentes y
su ubicación, nos facilitará en gran medida el abordaje
de cualquier tipo de patología a la que nos enfrentemos.
El
cuello tradicionalmente se ha dividido en dos triángulos
a lado y lado, el anterior y el posterior, con fines descriptivos
y de gran utilidad en la práctica clínica; estos triángulos
cervicales tienen un límite común, el músculo
esternocleidomastoideo. El triángulo anterior esta limitado
por la línea media, el borde inferior de la mandíbula
y el borde anterior del esternocleidomastoideo. El triángulo
posterior se encuentra limitado por el borde posterior del esternocleidomastoideo,
el tercio medio de la clavícula y el borde anterior del trapecio.
El
triángulo anterior, esta subdividido en dos triángulos:
el submandibular, o ganglionar, delimitado por los vientres anterior
y posterior del digástrico, con el borde inferior de la mandíbula;
el carotídeo, o vascular, que limita con el vientre superior
del omohioideo, el vientre posterior del digástrico y el
borde anterior del esternocleidomastoideo.
Es
preciso conocer el drenaje linfático del cuello, ya que existen
alrededor de 75 nódulos linfáticos, agrupados en los
siguientes grupos ganglionares (imagen 1):
| Grupo
yugular, el cual se puede dividir en superior, medio e inferior: |
-
Grupo yugular superior: Recibe drenaje primario de paladar
blando, lengua, región amigdalina, lengua posterior,
base de lengua, seno piriforme y supraglotis. Drenaje secundario
de: Retrofaringe, piel y parótida.
-
Grupo yugular medio: Drena la supraglotis,
el seno piriforme inferior y el área post-cricoidea.
-Grupo
yugular inferior: Recibe drenaje de Tiroides, tráquea
y esófago cervical. |
| Grupo
submentoniano: |
Drena labio inferior en su porción media,
tercio anterior de lengua móvil, piso de boca y encías
inferiores de línea media. |
| Grupo
submandibular: |
Drena ángulo interno de párpado,
zona nasogeniana, labio superior y comisura labial, labio inferior
en sus porciones laterales, vestíbulos bucales, paladar
y piel de mejillas; convergen y terminan drenando en el grupo
yugular superior. |
| Grupo
cervical superficial: |
Localizado a nivel de la vena yugular
externa recibe drenaje de la piel de la cara (especialmente
alrededor de la parótida), región retroauricular,
nódulos intraparotídeos cervicales. De aquí
el drenaje se dirige hacia el grupo yugular superior. |
| Grupo
retrofaríngeo y laterofaríngeo: |
Recibe drenaje
de rinofárinx, cavidad nasal posterior, cavidades perinasales.
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| Grupo
paratraqueal: |
Drena laringe inferior, hipofaringe, esófago
cervical, tráquea superior y tiroides. De aquí
el drenaje va hacia yugular inferior o mediastino superior. |
| Grupo
espinal accesorio: |
Recibe drenaje de cuero cabelludo parietal
y occipital, retrofaríngeo superior y parafaríngeo
que a su vez drena rinofárinx. |
| Grupo
supraclavicular: |
Recibe drenaje del espinal accesorio y del
infraclavicular. |
En
conjunto los diversos grupos ganglionares, desembocan en el sistema
ganglionar yugular profundo.
Embriología.
Como la segunda causa mas común de consulta en pediatría
por patología cervical, son las malformaciones congénitas,
es necesario conocer el origen y la diferenciación de cada
una de las estructuras del cuello.
Entre la tercera y la octava semanas de vida fetal, se desarrolla
el aparato branquial. Existen cinco arcos mesodérmicos, separados
por cuatro invaginaciones de ectodermo (hendiduras y sacos faríngeos).
Normalmente, el primer arco branquial da origen al maxilar superior,
la mandíbula, el pabellón auricular, el yunque y el
martillo del oído medio; el segundo arco branquial da lugar
a parte del hueso hioides, del temporal y del estribo; el tercer
arco termina de formar el hueso hioides y los arcos cuarto y sexto
originan los cartílagos de la laringe. Por otro lado el desarrollo
adecuado de la primera hendidura, dará lugar al conducto
auditivo externo y el tímpano; las tres hendiduras restantes
se obliteran y fusionan por el crecimiento caudal del segundo arco
branquial. El primer saco faringeo dará origen al receso
tubotimpánico y la trompa de Eustaquio; el segundo a la amígdala
palatina; el tercero a las paratiroides inferiores y el timo; el
cuarto a las paratiroides superiores, y el quinto al cuerpo últimobranquial.
Cualquier alteración en el desarrollo de cada una de estas
estructuras, provocará algún tipo de malformación
que más adelante se explicarán.
Clasificación de las masas en cuello.
Existen diversas clasificaciones para describir las masas en cuello,
estas pueden partir del grupo etario, de la ubicación de
la masa, entre otros; no obstante, teniendo en cuenta los factores
que procuran que el abordaje sea mas fácil y exacto, de esta
manera establecer un tratamiento certero, la clasificación
mas acorde para el manejo de esta patología, nos la ofrece
partiendo de la etiología o naturaleza de la masa (imagen
2).
Escala
diagnóstica.
El estudio de las masas en cuello requiere una historia clínica
bien detallada, parte inicialmente con una anamnesis enfocada hacia
los siguientes aspectos:
-Antecedentes
personales: indagar acerca de traumatismos previos, irradiaciones,
cirugías, hábitos personales, como tabaquismo y alcoholismo
en el caso de un adolescente; si es un infante, tabaquismo de personas
que habitan en el mismo hogar, malnutrición, enfermedad sistémica
asociada, infecciones respiratorias, patología dentaria o
de la cavidad oral, neoplasias diagnosticadas, entre otros. Igualmente
se debe interrogar por la presencia de patologías de carácter
familiar, como algunas neoplasias (cáncer medular de tiroides).
-Enfermedad actual: partiendo de la descripción
de la evolución, que incluye tiempo, inicio y forma de aparición,
patrón de crecimiento. Por ejemplo, masa de aparición
súbita, que surgió tras un episodio infeccioso, hace
sospechar la presencia de un nódulo linfático en respuesta
a una infección. Ahora, una gran masa, presente desde el
nacimiento, o de largo tiempo de evolución, asintomática,
puede hacer sospechar una patología congénita. Según
el tiempo de evolución una masa traumática progresa
en días, una masa inflamatoria en semanas, una masa neoplásica
en meses y una masa congénita en años. Por otro lado
el compromiso del estado general, la presencia de fiebre, mialgias,
adinamia, escalofríos y dolor, síntomas muy sugestivos
de un proceso inflamatorio e infeccioso. No obstante, otras manifestaciones
sistémicas, como la pérdida de peso, sudoración,
anorexia, nos hacen pensar en un comportamiento maligno de la masa.
Ahora bien, el dolor es un síntoma inespecífico, con
mayor frecuencia esta asociado a procesos inflamatorios, pero una
masa de carácter tumoral puede volverse dolorosa al comprimir
alguna estructura nerviosa o al infiltrar otros tejidos adyacentes.
Existen otros síntomas más específicos, por
ejemplo, la disfonía puede ser secundaria a la compresión
de los nervios laringeos recurrentes por un nódulo cervical,
como también puede ser manifestación de un cáncer
de laringe. La disfagia puede ser consecuencia de un cáncer
esofágico y a su vez coexistir adenopatías cervicales.
Se puede afirmar que luego de un excelente interrogatorio, se obtiene
cerca del 70% de la información necesaria para inclinarnos
hacia un diagnóstico. Sumado a esta información, con
el examen físico guiado hacia los siguientes parámetros,
podremos dilucidar la etiología de la patología a
la que nos estamos enfrentando.
-
El examen físico debe ser completo y ordenado, no significa
evaluar exclusivamente las características de la masa, sin
visualizar en conjunto todo el paciente; al evaluar el cuello, iniciamos
con la inspección general, en donde se ubica el paciente
frente al examinador, con el fin de observar la presencia de asimetrías
cervicales, signos de trauma, cambios en la apariencia de la piel,
el desplazamiento de la masa con la deglución del paciente,
es preciso evaluar la cavidad oral, en busca de signos inflamatorios,
si es el caso realizar laringoscopia directa o indirecta con fibroscopia,
nasofaringoscopia y otoscopia, con el fin de visualizar todos los
componentes mucosos; posteriormente, continuamos con la palpación,
valorando la consistencia de la masa, si es dura, blanda o cauchosa,
el tamaño, si pulsa, si se encuentra o no adherida a planos
profundos o a otras estructuras adyacentes, si se continúa
con la piel a manera de fístula, si coexisten otros nódulos
cervicales. La presencia de dolor a la palpación o la movilización,
calor local y fluctuación de la masa. No obstante, otro parámetro
importante, es la ubicación de la masa, existe una clasificación
de los nódulos linfoides cervicales de acuerdo a ésta
(tabla 1) (imagen 3); generalmente, las masas de la línea
media, son sugestivas de quiste tirogloso, nódulos tiroideos,
bocio, adenopatías submentonianas y ránulas, etc;
los nódulos laterales, corresponden con quistes del arco
branquial, tumor del cuerpo carotídeo, adenopatías
de la cadena de la vena yugular interna, etc. A la auscultación,
podemos encontrar soplo en casos de malformaciones arteriovenosas;
igualmente con el olfato se puede evaluar, la existencia de un olor
fétido en caso de abscesos o tumores necrosados.
| Clasificación
de nódulos linfáticos cervicales |
| I
Nódulos submentonianos y submaxilares |
IV
Nódulos de la cadena yugular inferior |
| II
Nódulos de la cadena yugular superior |
V
Nódulos del grupo espinal accesorio y de la cadena cervical
superficial |
| III
Nódulos de la cadena yugular media |
VI
Nódulos del grupo paratraqueal |
Tratamiento
antibiótico empírico.
Al tener la sospecha clínica de una masa de naturaleza inflamatoria
como consecuencia a un proceso infeccioso; según la literatura,
es pertinente realizar una prueba con antibioticos y antiinflamatorios,
durante máximo dos semanas, con posterior control médico.
Si la masa o el nódulo persisten, incluso aumentó
de tamaño, requiere mayor estudio diagnóstico.
Procedimientos diagnósticos e imagenológicos.
El enfoque de esta patología no es fácil, por lo que
el clínico tiene a su mano ayudas diagnósticas, las
cuales permiten dilucidar el diagnóstico. Estas ayudas pueden
ser imagenológicas (TAC, eco, RM) o invasivas (BACAF, aspirados
y biopsias). Los procedimientos con mayor frecuencia utilizados
en nuestro medio y mas recomendados, se citan a continuación:
1. Biopsia por aspiración con aguja fina (BACAF):
Una vez llevada a cabo la historia clínica y el examen físico,
si esta información no es lo suficientemente fuerte para
orientar un diagnóstico, es preciso tomar muestras del tejido
y enviarlo a estudio anatomopatológico, ya que son altas
las probabilidades de esclarecer el diagnóstico o por lo
menos de disminuir el número de posibilidades. En cuanto
a las técnicas para tomar las muestras de tejidos, la más
empleada y recomendada según la literatura, es la biopsia
por aspiración con aguja fina, ya que requiere anestesia
local, es mejor tolerada por el paciente, especialmente en niños,
tiene menos riesgos de sangrado, perforaciones y otras complicaciones;
no obstante, es un procedimiento que requiere entrenamiento, precauciones
y conocimiento de la anatomía, a su vez tiene ciertas contraindicaciones
claras, las cuales debemos tener siempre presentes, ante la sospecha
de un componente vascular (masa que pulsa y/o sopla), ya que acarrea
complicaciones serias. Normalmente al realizar la punción,
la muestra se envía a citología, biopsia y cultivo;
igualmente, este procedimiento nos ofrece la ventaja de identificar
si la lesión es sólida o quística y en ese
caso hacer el drenaje completo.
2.
Ecografía de tejidos blandos del cuello:
Es
un examen no invasivo, de bajo costo y fácil disponibilidad,
pero es operador dependiente, si es confiable, tiene gran utilidad;
inicialmente nos ayuda a determinar la consistencia de la masas
si ésta es sólida o quística; por otro lado
es de elección en el abordaje de los quistes congénitos
y del bocio, a su vez es una técnica valiosa en el estudio
de lesiones vasculares.
3.
Tomografía Axial Computarizada:
Es
un método útil para describir las características
de la masa, su ubicación, el compromiso regional y de tejidos
subyacentes, si es un tumor primario o metastásico; igualmente,
se emplea en la valoración preoperatoria, para definir el
abordaje quirúrgico de la lesión, y delinear la expansión
del tumor.
4.
Resonancia Magnética:
Es
un examen que suministra prácticamente la misma información
que la TAC, sólo que más costoso, además es
útil para diferenciar tejido tumoral de fibrosis postquirúrgica
o postirradiación.
5.
Arteriografía:
Es
de elección en lesiones vasculares o en masas adheridas a
la carótida, a su vez nos ayuda a determinar la irrigación
de la masa, incluso es de utilidad como medida terapéutica,
cuando es preciso realizar embolización.
Enfoque de las lesiones específicas.
1.
Masas inflamatorias e infecciosas:
De
alta prevalencia en la infancia, las adenopatías cervicales
son las más frecuentes dentro de este grupo, generalmente
son secundarias a procesos infecciosos de la vía aérea
superior, digestiva alta y de la cavidad oral (principalmente infecciones
dentales). El diagnóstico la mayoría de veces es clínico,
ya que estas lesiones suelen ir acompañadas de síntomas
de respuesta inflamatoria sistémica, como lo son fiebre,
malestar general y taquicardia, al examen físico encontramos
una masa dolorosa a la palpación, blanda, móvil, con
frecuencia múltiples, de ubicación en el triángulo
anterior del cuello. El tratamiento para este tipo de patologías,
debe ser guiado hacia la etiología, puede incluir antibioticoterapia
en caso tal de infecciones bacterianas, antiinflamatorios, analgésicos;
dentro de las causas infecciosas mas comunes de adenopatías
cervicales, tenemos el virus del Epstein Barr y el citomegalovirus,
por lo que es necesario realizar el monotest con el fin de descartar
la mononucleosis. Ahora bien, dentro de las infecciones bacterianas,
tenemos que el agente más común es el estafilococo
aureus, seguido por estreptococos del grupo B.
Ocasionalmente
es preciso realizar un BACAF, con el fin de descartar una patología
maligna, o en caso dado una enfermedad granulomatosa, como la TBC
que sigue siendo una causa común en nuestro medio, otras
son causas raras como la fiebre por arañazo de gato, las
linfadenitis micóticas, la toxoplasmosis y el SIDA, que cada
vez se va haciendo mas frecuente en nuestra población infantil.
Existen algunos desórdenes inflamatorios crónicos
que se manifiestan como linfadenopatías recurrentes por un
largo período de tiempo, entre éstas tenemos la sarcoidosis,
linfomas, enfermedades linfoproliferativas, etc. El tratamiento
es primordialmente médico, de acuerdo a su causa, la cirugía
es considerada sólo en complicaciones.
Otros
procesos infecciosos e inflamatorios, incluyen los abscesos, que
pueden ser secundarios a infecciones cutáneas o de folículos
pilosos, generando, una masa muy particular, con eritema, calor
y dolor local, supurativa, asociada a fiebre y que requiere el drenaje
quirúrgico de la lesión como manejo, además
de terapia antibiótica.
2.
Masas congénitas:
Son
la segunda causa más común de lesiones cervicales
en la infancia.
- Quiste del conducto tirogloso: es la malformación congénita
cervical mas frecuente, es característico de la línea
media. El quiste tirogloso representa la persistencia del conducto
tirogloso, el cual normalmente se cierra una vez la glándula
tiroides desciende y llega a su posición normal, puede tener
diversas localizaciones, la mas encontrada es la ubicación
por debajo del hueso hioides. Generalmente esta adherido al orificio
ciego por lo que se desplaza cuando el paciente saca la lengua;
además puede evidenciar comunicación con el exterior
por medio de una fístula. Esta lesión la podemos encontrar
en cualquier edad, ya que como es asintomática puede pasar
desapercibida, comúnmente se diagnostica en la primera década
de la vida, su primera manifestación puede ser la sobreinfección
de la fístula. Su tratamiento es quirúrgico, en caso
de infección es necesario resolver éste cuadro antes
de la cirugía, ya que se puede aumentar el riesgo de recidiva.
Se requiere la resección quirúrgica, pues se han reportado
casos de degeneración neoplásica a largo plazo.
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| Quiste
tirogloso que protruye en la base de la lengua. |
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Quiste
tirogloso infectado. |
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Aspecto
tomográfico de un quiste tirogloso. |
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Gamagrafía.
Quiste tirogloso. |
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Especímenes
operatorios de un quiste tirogloso. En la parte superior
de las imágenes se identifica el cuerpo del hueso
hioides. En la parte inferior está el quiste. |
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- Quistes Branquial: son remanentes o vestigios del aparato
branquial, del cual se derivan las diversas estructuras del cuello;
como se mencionó previamente, existen cinco arcos branquiales
y cuatro hendiduras, de éstos el segundo arco branquial es
el área mas común del que se originan los quistes.
La posición del quiste depende de la relación con
cada arco branquial. Generalmente, se presentan como una protuberancia
a nivel del borde anterior del esternocleidomastoideo, pueden o
no tener trayecto fistuloso. Al igual que los quistes tiroglosos,
éstos se pueden manifestar a cualquier edad, pero la mayoría
de veces se diagnostican en las primeras dos décadas de la
vida; el diagnóstico es mas evidente cuando existe fístula
asociada, incluso el primer síntoma puede ser la sobreinfección
de éste conducto. El tratamiento es quirúrgico, se
requiere solucionar la infección antes de la cirugía.
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Imagen
operatoria de un quiste branquial. |
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Imagen
operatoria de una fístula branquial. |
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| Ejemplos
de fístula branquial. |
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Fístula
branquial en el tórax. |
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- Higroma quístico: es un linfangioma que proviene
de vestigios de conductos linfáticos del cuello. Casi siempre
se diagnostica en el segundo año de edad o en la infancia,
ya que es muy raro encontrarlos por primera vez en adultos. La mayoría
de veces puede presentarse como una masa grande e indolora en el
triángulo posterior del cuello o a nivel supraclavicular,
otras localizaciones menos frecuentes son en el ángulo de
la mandíbula ó en la línea media. Sus características
físicas suelen ser de una masa blanda, cauchosa, lobulada,
no dolorosa, difusa, adherida a planos profundos, de bordes irregulares
aparentando un lipoma, no se modifica con maniobras de valsalva,
no son pulsátiles y son traslúcidas en la transiluminación.
Al realizar una aspiración con aguja fina, se puede encontrar
un líquido amarillento, y se puede confundir con un neumatocele
del ápex pulmonar, un angioma o un aneurisma, por lo que
se requiere una arteriografía para diferenciarlo. El tratamiento
mas recomendado es la resección quirúrgica, aunque
si no existen síntomas, como obstrucción de la vía
aérea o alteraciones en la deglución, el manejo es
expectante, ya que la mayoría tienden a involucionar espontáneamente.
- Hemangiomas: son malformaciones vasculares, que se hacen
evidentes desde el nacimiento o durante los primeros años
de vida, pueden localizarse en cualquier parte del cuerpo, pero
la cabeza y el cuello son las regiones mas comúnmente afectadas.
Ya que están compuestos de proliferación de vasos
sanguíneos con diferentes características endoteliales,
tienen un aspecto externo de masa irregular, de color púrpura
verdoso, de consistencia esponjosa, blanda, que palidece con la
compresión. Aproximadamente la mitad de estas lesiones regresan
e involucionan con la edad, en caso de manifestar compromiso general,
como trombocitopenia o alteraciones en estructuras vitales, es preciso
acceder a manejo quirúrgico.
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Ejemplos
de hemangiomas infiltrativos del cuello. |
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- Quiste dermoide: son elementos ectodérmicos o restos
embrionarios, compuestos por estructuras rudimentarias o bien desarrolladas,
como glándulas sebáceas, tejido conectivo y folículos
pilosos. Comúnmente crecen lateralmente por acumulo de material
sebáceo, son subcutáneos, adheridos a planos profundos,
de consistencia dura, también pueden encontrarse en la línea
media. La resección quirúrgica es el tratamiento de
elección, ya que este tipo de lesiones se infectan recurrentemente.
3.
Masas traumáticas:
Masas
cervicales secundarias a trauma son muy raras, la mayoría
de veces representa daño a estructuras vasculares, nerviosas
o musculares. Generalmente son hematomas, los cuales se pueden diagnosticar
clínicamente, teniendo en cuenta la anamnesis y el antecedente
de trauma, en caso de existir duda, la ecografía o la TAC
son útiles. Otra lesión aún mas rara, es el
neuroma, que surgen algún tiempo después de una sección
radical del nervio.
4.
Masas neoplásicas Benignas:
Pese
a que este tipo de lesiones son muy raras en la infancia, es preciso
tenerlas en cuenta, ya que hacen parte del espectro diagnóstico
de la patología cervical, además su pronto diagnóstico
y tratamiento puede disminuir la comorbilidad, impidiendo la presentación
de infecciones recurrentes de la lesión que suele ser la
historia natural de éstas patologías. Ahora bien,
ante la sospecha de una masa de origen tumoral es necesario realizar
una biopsia, sea por punción o abierta, con base en el resultado
descartamos una patología maligna la cual es mas frecuente
en la infancia; por otro lado al corroborar el diagnóstico
de neoplasia benigna, se debe solicitar un estudio imagenológico
(TAC, RM, eco), el cual aporte suficiente información acerca
de la invasión a tejidos subyacentes, la compresión
de otras estructuras periféricas y la magnitud de la lesión,
con el fin de determinar con precisión el abordaje quirúrgico
de la masa.
-
Tumores de las glándulas salivales: son masas sólidas,
generalmente pequeñas, adheridas a la piel, que se localizan
a nivel del ángulo mandibular, preauriculares o en el triangulo
submandibular; son asintomáticas, en caso de ser un tumor
maligno puede estar acompañado de síntomas del nervio
facial. El método diagnóstico y terapéutico
de elección es la biopsia excisional, la mayoría de
veces se requiere resecar completamente la glándula submandibular,
o hacer una resección superficial de la parótida,
ya que existe una gran posibilidad de recurrencia e incluso de implantaciones
tumorales malignas en el sitio de la extracción.
- Tumores de tejidos blandos del cuello: son masas que pueden
provocar síntomas compresivos de estructuras vecinas dependiendo
de la localización de la lesión, aunque casi siempre
son asintomáticos, estacionarias, de crecimiento lento. Este
tipo de lesiones pueden originarse en diferentes tejidos, están
los lipomas, fibromas, neurofibromas, hemangiomas y leiomioma. El
diagnóstico se realiza por medio de una biopsia por punción,
una vez se haya descartado un hemangioma, pues como se expuso previamente
éstas lesiones tienen un abordaje diferente; incluso puede
realizarse una biopsia abierta en caso de ser una masa bien delimitada,
encapsulada y siempre y cuando el tamaño lo permita. Por
lo general, el único tratamiento pertinente es la resección
quirúrgica.
- Nódulos tiroideos: aparecen en la línea media,
ascienden con la deglución están ubicados en relación
a la glándula tiroides, indoloros, de consistencia semiblanda,
adheridos a planos profundos. El manejo de estas lesiones involucra
una biopsia excisional con previa anestesia regional. La presencia
de un nódulo tiroideo en una paciente pediátrico requiere
una anamnesis orientada hacia la existencia de antecedentes de neoplasias
en otras regiones del cuerpo, exposición a radiaciones o
antecedentes familiares de cáncer de tiroides, ya que ésta
correlación clínica implica aumento del riesgo de
malignización de la lesión, por lo que necesita seguimiento
cercano de la evolución de la patología.
- Existen otros tipos de tumores benignos de ubicación
cervical en la infancia con una prevalencia muy escasa, algunos
ejemplos son los tumores del cuerpo carotídeo, neurilenomas,
schwanomas, entre otros; este tipo de lesiones requieren métodos
diagnósticos y manejo mas especializados como arteriografías
o resonancia magnética.
5.
Tumores malignos primarios:
Las
masas neoplásicas son raras en los niños, pero de
éstas son mas frecuentes las neoplasias malignas, por lo
que se debe descartar siempre la presencia de esta enfermedad; no
obstante, los tumores que comúnmente se manifiestan en adultos
y en dado caso aparecen en la edad pediátrica suelen tener
muy mal pronóstico por lo que un pronto diagnóstico
y tratamiento puede mejorar la supervivencia del paciente.
-
Linfomas: son nódulos bien delimitados, blandos, cauchosos,
móviles, de crecimiento lento, pueden ser varios, están
acompañados de síntomas característicos, como
pérdida de peso, sudoración nocturna, fiebre, entre
otros, los cuales hacen sospechar en una patología maligna.
Se diagnostica inicialmente con un BACAF, posteriormente se puede
realizar una biopsia excisional para confirmar el diagnóstico;
su manejo abarca quimioterapia, radioterapia o ambos, incluyendo
otro tipo de medidas terapéuticas que dependen de la estadificación
del cáncer y la comorbilidad que implique. Este tipo de pacientes
deben ser manejados por especialistas, principalmente hemato-oncólogos,
en un tercer nivel, en el cual se tenga a mano todas las medidas
necesarias para el control de la patología.
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Ejemplos
de linfomas. No olvide que toda masa en el cuello, conglomerado
ganglionar, adherida a planos profundos, de consistencia
cauchosa, no dolorosa y de crecimiento rápido es
un linfoma hasta que no se demuestre lo contrario. |
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Cáncer de tiroides: es una patología escasa en la
infancia, al encontrarse una masa cervical en relación a
la glándula tiroides, es preciso descartar la malignidad
de esta lesión antes de entablar cualquier diagnóstico,
para esto existen diversas ayudas mencionadas anteriormente, como
la ecografía, la TAC, la biopsia por punción, la gammagrafía
y las pruebas hormonales tiroideas. Ahora bien, una vez corroborado
el diagnóstico de cáncer de tiroides, requiere estudio
y manejo especializado.
- Sarcomas de tejidos blandos: entre los cuales se encuentran
el rabdomiosarcoma, fibrosarcoma, liposarcoma, etc. Esta serie de
tumores son muy raros en niños; sin embargo, la existencia
de esta patología en la edad pediátrica suele acarrear
muy mal pronóstico; no obstante, su manejo es complejo y
requiere la interacción de diversas disciplinas médicas.
- Ránula:
Es un tumor que se encuentra al nivel del piso de la boca, generalmente
lleno de moco, por lo que la mayoría de veces ocurre gracias
a la obstrucción de los conductos salivales, lo que la hace
similar histológicamente a un mucocele, su tamaño
puede ser variable, tiene un aspecto azulado y su tratamiento puede
ser la extirpación o la marsupialización.
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Ránula
gigante que protruye en el cuello. |
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- Bocio
endémico: es el crecimiento exagerado de la glándula
tiroides, que por lo demas es normal; la mayoría de veces
se ha asociado a falta de yodo en la dieta, por lo que se denomina
endémico, pues puede afectar a varios integrantes de una
misma comunidad con patrones dietéticos similares. generalmente
ceden a manejo o terapia hormonal y cambios en la dieta con respecto
al yodo; aunque en ocasiones pueden requerir tratamiento quirúrgico
por su tamaño.
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Bocio
endémico en una adolescente. |
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- Enfermedad
de Graves: es un tipo de hipertiroidismo de caracter autoinmune,
en el que la glándula sufre un crecimiento exagerado (hiperplasia
glandular difusa), manifestandose entre otras cosas con una masa
a nivel cervical. Generalmente obedece a manejo médico con
sustancias antitiroideas, ademas de manejo paliativo o sintomático,
aunque puede necesitar ablación quirúrgica de la glándula
en caso de resistencia al tratamiento médico.
Lecturas
recomendadas.

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