Texto de Cirugía Pediátrica


 

 


 

             
 

Cirugía plástica.
Labio y paladar hendido.
Apuntes históricos.


 

Las malformaciones congénitas se conocen desde los albores de la humanidad, como lo muestran grabados y figuras, mudos testigos de pasadas civilizaciones, encontrados en diferentes partes del mundo.

El nacimiento de un niño malformado, incluyendo aquellos de labio y paladar hendido, siempre ha causado consternación familiar, pero la explicación que a este fenómeno se le ha dado ha variado en las diferentes épocas, de acuerdo con los conceptos mágico-religiosos o filosóficos prevalentes. Así, en algunas culturas, un niño malformado era considerado como un ser impuro que no debía vivir y, entonces, era destruido, mientras que en otras, por el contrario, era deificado y adorado. En algunas religiones se consideraba como fruto del pecado y, por lo tanto, castigo divino, mientras que en otras, presagio de futuros acontecimientos o producto de desavenencia entre los dioses o de guerras cósmicas.

En el museo arqueológico de Corinto, en Grecia, existe una escultura que data del siglo IV A.C., que representa la cabeza de un payaso con las características de una deformidad de labio hendido unilateral.

La cultura Mochica del alto Perú se especializó en artes cerámicas, que representaban caras y expresiones humanas. En el museo arqueológico de Lima (Perú) existen varias esculturas que datan de los años 200 a 400 D.C. Una de ellas representa una hendidura de la linea media, posiblemente de origen congénito. Otra, es un vaso que muestra una queilosquisis bilateral con un prolabio pequeño, y en otra se observa una hendidura unilateral con una pieza dentaria en posición anómala y la deformidad nasal típica de esta entidad.

En la literatura médica estas hendiduras aparecen alrededor del año 170 cuando Galeno las denominó colobomas.

Al parecer fueron los chinos, alrededor del año 390 D.C., durante la dinastía Chin, quienes bautizaron la deformidad con el nombre de leporino. En realidad, existe gran semejanza entre el labio superior de las liebres y las hendiduras labiales congénitas que permiten la visualización de los incisivos centrales y el aspecto nasal con una punta aplanada, unas alas amplias sin ángulo nasolabial y una columnella corta. Aunque este nombre persiste en muchos idiomas, se debe reemplazar por el término científico de queilosquisis o hendidura.
La traducción de los anales compilados a comienzos de la dinastía Tang en China revela lo que podría ser la primera queilorrafia bien documentada, realizada por Fang Kan, quien sobresalió como “cirujano de labios” entre los años 618 y 901. A los chinos los siguieron un grupo de cirujanos sajones denominados “leeches” o sanguijuelas, por sus técnicas de sangría, en el año 950.

A comienzos del siglo XVI, el cirujano flamenco Jehan Yperman publicó su técnica de queilorrafia unilateral y bilateral, y recomendó la sutura mediante agujas triangulares enhebradas con hilos encerados. Además, utilizaba como refuerzo una aguja larga que atravesaba todo el labio y se mantenía en posición con un hilo colocado en forma de ocho.

En 1556, Pierre Franco describió las técnicas quirúrgicas con mayor detalle y en 1558, Ambrosio Paré ilustró los procedimientos por primera vez.

Gaspar Tagliacozzi de Bolonia, probablemente discípulo de Paré, describió un cierre con puntos de colchonero que incluían todas las capas labiales.

Con el fin de evitar las deformidades en escotadura que frecuentemente se producían por el cierre labial en línea recta, desde 1816, Carlos Ferdinando von Graefe introdujo el uso de incisiones curvas, y en 1824 Juan Federico Dieffenbach reconoció la necesidad de alargar la columnella en queilosquisis bilaterales.

A partir de este momento empezaron a aparecer otras técnicas de queilorrafia, algunas de ellas nuevas, y otras, modificaciones de las anteriores. Los colgajos triangulares laterales fueron diseñados por Mirault en 1846 y los rectangulares, por Simon, en Zurich, mejor conocido por haber descrito la banda de Simonart en las hendiduras incompletas. Las plastias en Z y los colgajos mediales de prolabio posteriormente originaron las técnicas modernas.

Aunque el paladar hendido se conoce desde la antigüedad, muy poco se hizo hasta hace aproximadamente 160 años para su corrección. Se han encontrado momias egipcias de la era precristiana y cráneos del siglo I D.C. con pruebas claras de esta malformación.

Jacques Houllier suturó los bordes de un velo traumatizado en 1552, y 4 años más tarde, Pierre Franco señaló, probablemente por primera vez, el origen congénito de la entidad, ya que sus contemporáneos sólo pensaban en la etiología sifilítica o traumática.

En 1560 Amatus Lusitanus diseñó los obturadores palatinos para mejorar la fonación, y en 1564 Ambrosio Paré se encargó de difundir la idea en sus escritos.

El mérito de haber operado el primer paladar hendido congénito pertenece al odontólogo francés Le Monnier, de Rouen, quien en 1764 propusó y realizó una cirugía en tres etapas. También reparó con éxito perforaciones palatinas, que hasta entonces se habían tratado con obturadores.

En la segunda mitad del siglo XIX Von Graefe y Roux acaban con las malas enseñanzas de los 4.300 años anteriores que habían relegado a la ignorancia, la superstición y la timidez este tipo de patología. En 1816 Carlos Ferdinando von Graefe, publicó su método de palatorrafia por medio de suturas, tras producir inflamación con ácido muriático.En 1818 el francés Philibert Joseph Roux operó con éxito al doctor John Stephenson. Estas técnicas, sin embargo, se complicaban debido a la tensión excesiva en el área de la sutura. En 1826 el médico polaco Juan Federico Dieffenbach empezó a utilizar incisiones laterales de relajación como una solución parcial a este problema. Este mismo médico cerró el primer paladar duro en 1827 y, un año más tarde, diseñó los colgajos óseos.

El médico alemán Bernard von Lagenbeck, en 1859 cerró por primera vez un paladar completo, duro y blando, al utilizar colgajos mucoperiósticos, procedimiento que él mismo denominó uranoestafilorrafia.

Más tarde, Victor Veau hizo hincapié en otros dos pilares fundamentales de la palatorrafia moderna: el colgajo de vómer para el cierre del paladar duro y la importancia de la anatomía muscular anormal, con atención especial a la restauración de la capa muscular en el paladar blando.

William Wardill (1937) y Tomás Pomfret Kilner, por separado describieron, en 1937, el cierre en V-Y. Aunque este procedimiento se denomina Veau-Wardill, debería llamarse de Veau-Kilner, ya que el primero lo utilizaba ligando ambas arterias palatinas posteriores, mientras que el segundo se oponía a ello y recomendaba más bien la osteotomía del orificio palatino para obtener movilidad del colgajo.

 
 
Fernando Fierro Ávila
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