En
1888, el francés Etienne Fallot correlacionó los
síntomas con los hallazgos anatómicos de la cardiopatía
que hoy lleva su nombre y que consta de cuatro componentes:
1.
Estenosis infundibular con obstrucción del tracto
de salida del ventrículo derecho.
2. Comunicación interventricular subaórtica.
3. Hipertrofia del ventrículo derecho.
4. Cabalgamiento de la aorta sobre el tabique interventricular
|
Esta
malformación se origina embriológicamente por una
inadecuada alineación del septum infundibular, cargándose
hacia el tracto de salida pulmonar y dejando un defecto del tabique
interventricular perimembranoso. La obstrucción pulmonar
puede localizarse a distintos niveles: infundibular, valvular
y supravalvular o, a nivel de las ramas pulmonares. El grado de
obstrucción va desde la estenosis hasta la atresia, su
forma más extrema.
Como las demás cardiopatías, la tetralogía
de Fallot puede presentarse aislada o asociada a otras malformaciones
como conducto arterioso persistente, canal auriculoventricular,
C.I.V. muscular o comunicación interauricular.
Las
alteraciones hemodinámicas dependen principalmente del
grado de obstrucción del tracto de salida del ventrículo
derecho y del defecto interventricular.
Al nacer, el flujo pulmonar, de acuerdo al menor o mayor grado
de estenosis infundibular dependerá del gasto ventricular
derecho y del cortocircuito a través del conducto arterioso.
Al cerrarse éste, en los casos de estenosis severas aparecerá
rápidamente cianosis. Si la estenosis es leve o moderada,
inicialmente no existirá marcada disminución del
flujo pulmonar, pero en la medida en que la obstrucción
aumente por hipertrofia muscular del infundíbulo, el flujo
pulmonar disminuirá y aparecerá cianosis. Como forma
de compensación por la hipoxemia crónica, el paciente
desarrolla policitemia que altera la viscocidad y la coagulación
sanguínea.
El
signo clínico más importante de la enfermedad es
la cianosis, que de acuerdo a la severidad de la obstrucción
del flujo pulmonar se manifestará en el periodo neonatal
o posteriormente. Los pacientes mayores desarrollan policitemia
con hipercoagulabilidad que ocasiona accidentes cerebro vasculares
y abscesos cerebrales.
Durante el transcurso de la enfermedad se producen crisis de hipóxicas
debidas a espasmos del músculo infundibular pulmonar, que
empeora la obstrucción a la salida del ventrículo
derecho. En un esfuerzo por lograr mayor tolerancia a la actividad
física, estos pacientes con frecuencia adoptan una posición
típica en cuclillas para tratar de mejorar el flujo pulmonar
al aumentar la resistencia sistémica y el flujo a través
de la comunicación interventricular hacia el ventrículo
derecho.
En
la radiografía de tórax suele encontrarse cardiomegalia
a expensas del ventrículo derecho y disminución
de la sombra del tronco pulmonar, imagen clásica conocida
como “corazón en sueco”. El flujo pulmonar
puede estar disminuido especialmente en la periferia. El ecocardiograma
doppler color confirma el diagnóstico y el cateterismo
cardíaco no siempre es necesario para decidir el manejo
quirúrgico.
Como
ya se mencionó el primer acercamiento al manejo quirúrgico
de esta enfermedad fue realizado por Blalock y Taussig al construir
una fístula o comunicación sistémico pulmonar
que aumentara el flujo pulmonar. Se han descrito algunas modificaciones
a la técnica original, pero ésta todavía
se utiliza como paliación antes de llevar al paciente a
la corrección definitiva.
Con mayor frecuencia, la corrección quirúrgica definitiva
se realiza como primer procedimiento en niños menores,
obviando así la necesidad de fístulas sistémico
pulmonares paliativas. Este manejo incluye la resección
del músculo infundibular que obstruye el tracto de salida,
el cierre de la C.I.V. y algunas veces agrandamiento con parches
del tronco, la válvula pulmonar y el infundíbulo
del ventrículo derecho.
