En
ésta malformación existen uno o más defectos
del tabique interventricular que permiten un corto circuito entre
las dos cámaras. Pueden ser malformaciones aisladas o asociarse
a otras cardiopatías. Existe una relación muy importante
de estos defectos con la posición del sistema de conducción
que debe tenerse en cuenta para su corrección quirúrgica.
Anatómicamente se clasifican de acuerdo a su localización
en:
1.
C.I.V. tipo tracto de entrada.
2. C.I.V. tipo muscular.
3. C.I.V. tipo perimembranosa.
4. C.I.V. tipo tracto de salida.
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C.I.V. tipo tracto de entrada.
Conocidas también como subtricuspídeas o tipo canal.
Están ubicadas inmediatamente por debajo de la válvula
tricúspide.
C.I.V.
tipo muscular.
Pueden ocurrir en cualquier parte del tabique muscular interventricular
(anteriores, posteriores apicales y de la porción media)
y pueden ser únicas o múltiples. Debido a que el
tabique muscular es más trabeculado por el lado derecho,
es más difícil definir sus límites desde
la perspectiva derecha por lo que ocasionalmente se corrigen a
través del ventrículo izquierdo.
C.I.V. tipo perimembranosa.
También conocidas como cono ventriculares o membranosas,
se localizan entre el tabique ventricular y el infundíbulo.
Son las más frecuentes, y pueden extenderse hacia
el tracto de entrada, el de salida o la porción trabeculada
del tabique interventricular; se comunican con la región
subaórtica del ventrículo izquierdo.
C.I.V.
tipo tracto de salida.
Conocidas también como infundibulares o subarteriales,
se producen por un defecto del infundíbulo. Su límite
superior son las valvas sigmoideas de la pulmonar y están
rodeadas por el músculo infundibular.
Las
manifestaciones clínicas dependen del flujo sanguíneo
a través del defecto que a su vez depende del tamaño
del defecto y de las presiones pulmonar y sistémica. Los
defectos grandes que tienen un diámetro igual o mayor a
la aorta condicionan flujos no restrictivos; es decir con la misma
presión del ventrículo izquierdo mientras que los
defectos pequeños producen cortocircuitos restrictivos.
En la medida en que las resistencias pulmonares del recién
nacido disminuyen, la diferencia entre las presiones ventriculares
aumenta y se produce el cortocircuito de izquierda a derecha,
que clínicamente se manifiesta como un soplo sistólico.
Los defectos pequeños musculares o perimembranosos pueden
cerrar espontáneamente durante los primeros años
de vida y no requieren más que manejo médico y control
ecocardiográfico. Los defectos más grandes producen
aumento del flujo pulmonar; éstos niños presentan
neumonías a repetición por la congestión
capilar pulmonar, diaforesis durante la alimentación y
retraso del crecimiento. Si la presión pulmonar continúa
aumentando, finalmente alcanzará y superará la presión
sistémica, y se produce hipertrofia del ventrículo
derecho e inversión del flujo de derecha a izquierda a
través del defecto con aparición de cianosis, cuadro
clínico conocido como síndrome de Eisenmenger.
En neonatos con comunicaciones muy grandes puede existir un rápido
deterioro de la función cardíaca con aparición
de insuficiencia cardiaca congestiva y edema pulmonar.
Ocasionalmente en los defectos infundibulares subaórticos,
la valva no coronaria de la válvula aórtica se prolapsa
a través del defecto durante la diástole originando
así una insuficiencia aórtica. También puede
ocurrir reacción infundibular con hipertrofia lo que generará
una obstrucción a la salida del ventrículo derecho
("fallotización" de la C.I.V.), que
protege de la aparición de la enfermedad vascular pulmonar
y retarda la aparición de hipertensión pulmonar.
Como en las demás cardiopatías existe riesgo de
endocarditis infecciosa.
En
las radiografías del tórax inicialmente se encuentra
cardiomegalia de cavidades izquierdas con prominencia del tronco
de la arteria y las ramas pulmonares con aumento del flujo pulmonar.
Una vez que aparece enfermedad vascular e hipertensión
pulmonar el flujo disminuye especialmente en la periferia de los
campos pulmonares. El ecocardiograma doppler color es el examen
más útil para el diagnóstico de la enfermedad
y permite aclarar la localización y los gradientes de presión,
así como la presencia de otras malformaciones asociadas.
El cateterismo cardiaco está indicado en pacientes con
hipertensión pulmonar y descompensación hemodinámica,
para estudiar el comportamiento de las presiones, las saturaciones
y la reactividad del lecho pulmonar, así como descartar
malformaciones asociadas y definir la conducta quirúrgica.
Los
defectos pequeños sin repercusión hemodinámica
requieren control ecocardiográfico y seguimiento médico,
los defectos grandes deben ser corregidos quirúrgicamente
para lo que se prefiere la colocación de un parche. En
algunos pacientes está indicada la colocación de
una banda alrededor de la arteria pulmonar para disminuir la incidencia
de hipertensión pulmonar mientras se corrige definitivamente
la lesión, especialmente en casos de C.I.V. múltiples
o en pacientes cuyo estado general inicial esté severamente
comprometido.
